Francisco Benjamín López Toledo nació el 17 de julio de 1940 en Juchitán. Fue el cuarto de siete hijos de la pareja formada por Francisco López, dependiente comercial, y Natalia Toledo, de familia de matanceros y dio muestras de genialidad artística desde su primera infancia.

Famoso por un gran activismo social -una denuncia suya permitió recuperar obras de arte que se exponen en la residencia presidencial de México, Toledo desarrolló una vasta obra arraigada en lo zapoteca y la herencia prehispánicas de Oaxaca, estado que es un crisol de culturas indígenas.

Por José Antonio Torres

México, 6 sep (EFE).- El artista mexicano Francisco Toledo, fallecido este jueves a los 79 años, fue un pintor polifacético con una obra universal alimentada por la tradición indígena de su estado natal, Oaxaca, especialmente por la cultura zapoteca, de la que provenía.

Famoso por un gran activismo social -una denuncia suya permitió recuperar obras de arte que se exponen en la residencia presidencial de México, Toledo desarrolló una vasta obra arraigada en lo zapoteca y la herencia prehispánicas de Oaxaca, estado que es un crisol de culturas indígenas.

Francisco Benjamín López Toledo nació el 17 de julio de 1940 en Juchitán. Fue el cuarto de siete hijos de la pareja formada por Francisco López, dependiente comercial, y Natalia Toledo, de familia de matanceros y dio muestras de genialidad artística desde su primera infancia.

Al constatar sus habilidades artísticas, su padre las alentó al permitirle pintar las paredes de su casa para saciar la ola creativa de su hijo.

Después de estudiar la educación básica en Oaxaca, Toledo llegó a los 17 años de edad a la Ciudad de México tomar clases en el taller de grabado en la Escuela de Diseños y Artesanías del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

Foto: Carolina Gómez, Cuartoscuro.

Ya con 19 años de edad, expuso sus obras en México y en Fort Worth, Texas (EU) y en 1960 obtuvo una beca (1960-1965) para estudiar en París (Francia), donde consolidó su carrera al trabajar con el pintor británico Stanley Hayter.

Foto: Twitter, @ElMuseoSoumaya

En la ciudad parisina conoció al pintor mexicano, también oaxaqueño, Rufino Tamayo, y al poeta mexicano Octavio Paz.

Al volver a México, se dedicó a desplegar en Oaxaca todo su arte con obra de pintura, acuarela, óleos, gouché y fresco, además de haber incursionado en la litografía, la cerámica, la escultura, en piedra, madera y cera además del diseño de tapicería.

A lo largo de su vida, Toledo cumplió largas estadías en ciudades como Nueva York (Estados Unidos), Barcelona (España) y también vivió algunos periodos en la capital mexicana, en Minatitlán (Veracruz) y en Cuernavaca (Morelos).

Tapete de la Biblioteca Carlos Monsivais, en la Ciudadela de la CdMx. Foto: Valeria González.

El artista tuvo una destaca faceta filantrópica marcada por la fundación de instituciones como el Patronato Pro Defensa y Conservación del Patrimonio Natural y Cultural del Estado de Oaxaca (Pro-Oax) y el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO).

El de enero del 2015, Toledo donó a México el IAGO y el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo, donde acumulaba más de 50 años de creación, alrededor de 125 mil objetos, según las autoridades culturales del Gobierno mexicano.

La obra de Toledo ha sido expuesta en museos de México, Estados Unidos, América Latina, Europa y Asia. En ella hay lo mismo colecciones como “Zoología fantástica. Homenaje a Jorge Luis Borges” que portadas para cuadernillos que regala a estudiantes oaxaqueños.

Foto: Secretaría de Cultura.

Aunque fue considerado como miembro de la generación de “La Ruptura” (1950-1970), grupo que trasgredió los cánones de los muralistas tradicionales -Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco, Toledo fue más que nada un transgresor del arte.

Entre los pintores que acompañan a esta generación están artistas como Gilberto Aceves Navarro, Lilia Carrillo, Pedro Coronel, José Luis Cuevas, Manuel Felguérez, Fernando García Ponce, Roger von Gunten y Vicente Rojo.

Toledo siempre mostró un gran compromiso social en defensa de las tradiciones culturales y sociales de Oaxaca y como ejemplo de ello en 2002 protestó contra la apertura de un local de hamburguesas y como alternativa regaló tamales oaxaqueños (masa de maíz cocida) y atole (bebida caliente de maíz).

En los últimos años, se destacó por su oposición al cultivo de transgénicos y la construcción del Centro de Convenciones de Oaxaca en el Fortín, un lugar considerado el pulmón de Oaxaca y su respaldo a las familias de los 43 estudiantes de la Escuela Normal (de magisterio) de Ayotzinapa.

Foto: Arturo Pérez Alfonso, Cuartoscuro.

Toledo ha exhibido en el Museo de Arte Moderno de México, el Museo de Arte Moderno de Bogotá (Colombia), el Sofía Imbert de Caracas (Venezuela), el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (España) y el Centro Cultura de México en París (Francia), el Nippon Gallery de Tokio (Japón), el Forth Worth Arts Center de Texas (Estados Unidos) y en el White Chapel de Londres (Inglaterra), entre otros.

Entre los reconocimientos que recibió destacan el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 1998, el Premio Príncipe Claus en 2000 y el Premio Right Livelihood en 2005.