ADELANTO | Diosas de Hollywood: La vida de 4 inolvidables divas del cine, más allá del glamour

07/03/2020 - 12:04 am

Este libro descubre el lado oculto de las grandes estrellas: la temperamental Ava Gardner, la deslumbrante Rita Hayworth, la elegante Grace Kelly y la gran actriz de los ojos violeta, Elizabeth Taylor. Protagonistas de una vida mucho más intensa que la de cualquiera de los personajes que interpretaron.

Ellas tenían el mundo a sus pies, una legión de admiradores y papeles estelares. Verdaderas diosas ante el público, pero vulnerables fuera de los reflectores. Sus vidas estuvieron marcadas por la soledad, las adicciones y los desengaños.

Ciudad de México, 7 de marzo (SinEmbargo).- La temperamental e indomable Ava Gardner, la deslumbrante sex symbol Rita Hayworth, la elegante y sensual Grace Kelly o la gran diva de los ojos violeta Elizabeth Taylor hicieron soñar a millones de espectadores. Pero más allá del lujo y el glamour, fueron mujeres vulnerables, tímidas e inseguras que solo deseaban ser amadas.

Este libro descubre el lado más humano de estas inolvidables divas del siglo XX, protagonistas de una vida mucho más intensa y dramática que la de cualquiera de los personajes que interpretaron en la gran pantalla: sus vidas estuvieron marcadas por la soledad, los divorcios, las adicciones, los malos tratos y los desengaños.

Estas cuatro grandes estrellas de cine tenían el mundo a sus pies, contaban con una legión de admiradores y protagonizaron sonados romances con los galanes más atractivos. Verdaderas diosas a los ojos del público, fueron las más deseadas y fotografiadas del mundo.

A continuación, SinEmbargo comparte, en exclusiva para sus lectores, un fragmento del libro Diosas de Hollywood, de la periodista, fotógrafa y autora de seis libros, Cristina Morató. Cortesía otorgada bajo el permiso de Penguin Random House.

***

La estrella indomable

La mujer que hay en mí, en Ava Gardner, siempre ha sido maltratada y ha sufrido decepciones.
La vida no ha sido buena conmigo; es cierto que me ha dado éxito, riqueza y todo lo que podría soñar,
pero por lo demás me lo ha negado todo.
Ava Gardner

Cuentan que bastaba una mirada suya para que un hombre se enamorara perdidamente de ella . Resultaba tan hermosa y sensual que nadie escapaba a su hechizo . Ava Gardner, la morena más incendiaria de Hollywood, hizo de su tormentosa existencia la mejor de sus películas . Nada hacía imaginar que aquella niña que creció descalza y salvaje en el sur más profundo llegaría a ser la sex symbol que barrería a todas las demás . Nunca quiso ser actriz, hasta que un cazatalentos la descubrió y pensó que una belleza como ella debía aspirar a algo más que a una vida aburrida y provinciana . No sabía hablar, ni moverse con soltura en un plató, pero la cámara la quería como a ninguna . Con el tiempo trabajó con grandes directores de cine y encarnó a tentadoras vampiresas . A pesar de ser una buena actriz no se sentía orgullosa de su carrera y maldecía el alto precio que había que pagar por ser una estrella.

Alguien la bautizó como «el animal más bello del mundo», un apodo que detestaba. Su exuberante belleza fue su perdición y nunca se sintió a gusto en el papel de diosa del amor . Un amor que a Ava siempre le resultó esquivo . Pudo escoger entre una lista interminable de hombres atractivos, poderosos e influyentes: galanes de cine como Clark Gable y Robert Mitchum, toreros como Luis Miguel Dominguín y millonarios como Howard Hughes . Pero el hombre de su vida fue Frank Sinatra, otro espíritu indómito y atormentado como ella . Su sonado romance estuvo plagado de violentas peleas, broncas en público, infidelidades y borracheras que hicieron las delicias de la prensa sensacionalista .

Tras su aire felino y su leyenda de femme fatale se escondía una mujer vulnerable, insegura y necesitada de afecto . Al principio bebía para vencer su timidez ante las cámaras, y después para olvidar el dolor de sus heridas . En los años cincuenta, cuando era la estrella más fotografiada y deseada del mundo, llegó como un vendaval a España huyendo de sus escándalos .Quería alejarse de Sinatra, de la hipocresía de Hollywood y de los paparazzi que invadían su intimidad . Doce años de juergas, sexo y alcohol en aquel Madrid que nunca dormía le pasaron factura . Ni su triste y prematuro declive pudo con su leyenda .Fue hasta el final de sus días «la gitana de Hollywood» . La estrella más bohemia, libre y auténtica de cuantas alcanzaron la gloria en la meca del cine .

La chica de la foto

El primer recuerdo de su infancia fue el aroma del tabaco y el color verde brillante de los extensos campos que se perdían en el horizonte . Ana Lavinia Gardner nació el día de Nochebuena de 1922 en una granja situada en un polvoriento cruce de caminos llamado Grabtown, a las afueras del pueblo de Smithfield, en Carolina del Norte . Era la menor de los siete hijos de Mary Elizabeth Baker —a quien todos llamaban Molly—, una baptista escocesa de Virginia, y Jonas Bailey Gardner, un granjero irlandés dueño de una pequeña plantación . Molly tenía casi cuarenta años cuando dio a luz a su hija mediante cesárea .Se trataba de una mujer fuerte y robusta, a pesar de su metro y medio de estatura.

De joven había sido muy hermosa, con unos grandes ojos marrón oscuro y un cutis de porcelana que causaba admiración . Su marido Jonas, con quien llevaba casada veinte años, era un hombre alto y delgado, de facciones duras y muy apuesto . Tenía los ojos verdes y un hoyuelo en la barbilla que Ava heredó . La actriz también sacó de él su carácter reservado y tímido . A pesar de que Jonas profesaba la fe católica, permitía que sus hijos asistieran a la iglesia baptista los domingos . El único libro que se podía leer en la casa de los Gardner era la Biblia.

La seductora estrella fue en sus primeros años una niña preciosa de tirabuzones rubios y rostro angelical muy mimada por todos . Su hermana mayor Beatrice —más conocida como Bappie— tenía diecinueve años y ya se había casado cuando ella nació . Luego la seguían Elsie Mae, Inez, Jack y la pequeña Myra . Su otro hermano Raymond murió cuando contaba apenas dos años de edad al explotar un cartucho de dinamita que cayó accidentalmente en la chimenea de la casa.

Otras tragedias se cernerían sobre la familia . Un día su hermano Jack se escondió en el almacén de tabaco para darle una calada a un cigarrillo . Sin querer dejó caer la cerilla y en un instante se formó un gran incendio que destruyó el almacén y la maquinaria agrícola que allí se guardaba . Jonas no consiguió sacar adelante la granja y la familia se vio obligada a abandonar Grabtown . En poco tiempo vendieron la casa y las tierras, y se trasladaron al condado cercano de Johnston, en Brogden.

Ava tenía tres años cuando llegó a su nuevo hogar. Su madre encontró trabajo en la pensión donde se alojaban las maestras que daban clase en la escuela . Los Gardner pudieron instalarse en una zona de la casa y Molly fue contratada como cocinera y ama de llaves . Con su afable carácter y sus excelentes dotes culinarias pronto convirtió aquel lugar en un cálido refugio para las jóvenes profesoras que se hospedaban allí y tenían muy lejos a sus familias . De sus primeros años en la pensión de Brogden, Ava recordaba el trabajo extenuante de su madre cocinando suculentos platos, lavando la ropa y limpiando las habitaciones de la mañana a la noche . Las maestras estaban muy pendientes de la pequeña y por la tarde solían jugar con ella y la sentaban en su regazo para contarle cuentos.

«Habiéndome criado en un hostal para maestras a veces me pregunto cómo no me convertí en una estudiosa de los clásicos, o algo así . Lo que adquirí, sin embargo, fue un sentido de la disciplina que me hizo comprender la importancia de desempeñar bien tu trabajo y de ser limpia y puntual . Tuve una buena educación rural, de la que no me avergüenzo . Me impuso los criterios que iban a acompañarme el resto de mi vida», recordaría la actriz .

Ava comenzó a asistir a la escuela de Brogden y, aunque al principio mostraba una gran curiosidad por los libros de texto y sus profesoras la consideraban una niña muy lista, a medida que fue creciendo perdió todo el interés por el estudio. Con el tiempo lamentó no haberse esforzado en aprender más y, cuando ya era toda una celebridad y se codeaba con artistas e intelectuales, sintió un gran complejo por su falta de cultura .

«Lo único que odiaba del colegio era tener que meter los pies en aquellas cosas odiosas y restrictivas llamadas zapatos .Me encantaba sentir bajo los pies la tierra caliente, la hierba verde, el barro blando y el fluir del agua . Era un tipo de libertad muy especial, y aún hoy intento revivirla en cada oportunidad», dijo Ava . En verano ayudaba a su padre en la plantación de tabaco limpiando las larvas y gusanos de las plantas, y cortando con sus manos las hojas más maduras . Resultaba un trabajo agotador para una niña e incluso peligroso, pero a ella le gustaba la vida al aire libre y estar junto a su adorado padre . Aunque había segregación racial y la mayoría de los jornaleros empleados en las plantaciones eran negros, Ava siempre se sintió a gusto entre ellos . Uno de sus amigos de infancia se llamaba Shine, al que describía como «mi hermano negro y mi mejor amigo» . Este muchacho llegaba cada año a Brogden para trabajar en las tierras y se alojaba en su casa siendo uno más de la familia .

La actriz siempre recordó su infancia como una etapa feliz de su vida, pese a las penurias económicas y privaciones. Al igual que el personaje de Tom Sawyer, se pasaba el día haciendo travesuras y metiéndose en líos con la pandilla de su hermano Jack, que por entonces era su héroe . «Le gustaba comportarse como si fuera un chico . Jugaba a las canicas, trepaba a los árboles, escalaba las torres de los depósitos de agua, se colgaba de las ramas… Cuando llegabas a conocerla, resultaba de lo más dulce y encantadora, pero era un pequeño marimacho. Aprendió un rico repertorio de tacos y expresiones obscenas que solía utilizar con total naturalidad», explicó una amiga suya y compañera de clase en Brogden .

A los ocho años Jack le enseñó a fumar cigarrillos que improvisaban liando hojas de tabaco en un trozo de papel de periódico. Pero fue en Hollywood cuando Ava comenzó a fumar en serio tras ver a Lana Turner en los estudios sacar un cigarrillo de su pitillera de oro y encenderlo en la pausa de un rodaje . Lo encontró un gesto tan elegante y glamuroso que no pudo resistirse y desde ese momento se aficionó al tabaco hasta el final de su vida .

A diferencia de su madre, que se levantaba al alba y era una mujer muy dinámica, a Ava le gustaba dormir y levantarse tarde, odiaba colaborar en las tareas domésticas que le mandaban y siempre se escabullía cuando tenía que ayudar en la cocina o fregar los platos . Solo parecía despertar de su apatía en las ocasiones en que una de las maestras las llevaba en coche a ella y a su madre a Smithfield para ir al cine . Era el pueblo más cercano y a la niña le parecía otro planeta. Había calles bien pavimentadas e incluso electricidad, algo que no llegó a Brogden hasta los años cuarenta.

A Ava le encantaban las películas románticas y de aventuras, y Clark Gable se convirtió pronto en su actor favorito . Tras verlo en Tierra de pasión, junto a la rubia platino Jean Harlow, pensó que era el hombre más apuesto y varonil del mundo . ¡Qué poco imaginaba entonces que veinte años más tarde estaría en sus brazos rodando ambos la misma película en el corazón de África!

Ava era muy pequeña cuando comenzó la Gran Depresión que asoló el país . En otoño de 1934 la pensión de Brogden tuvo que cerrar sus puertas debido a los recortes presupuestarios y los Gardner se quedaron sin casa y sin trabajo . Su situación resultaba muy precaria porque no disponían de ahorros y los ingresos de Jonas eran insuficientes para mantener a la familia . Por fortuna Molly tenía una buena amiga que dirigía una casa de huéspedes en Newport News .

En este importante puerto en la costa de Virginia había varios hostales que daban alojamiento a los trabajadores de los astilleros y a los marinos mercantes. Según le informó su amiga, en uno de ellos necesitaban un ama de llaves y le propuso a Molly que se presentara. Existía la posibilidad de que una vez allí también Jonas pudiera encontrar trabajo como estibador . Una mañana abandonaron Brogden en un viejo y destartalado coche que les prestaron y dejaron atrás el estado de Carolina del Norte, donde habían echado raíces . Ava sintió una gran tristeza por sus amigos, a los que no volvió a ver, y lamentaba que sus hermanos predilectos no la acompañasen . En poco tiempo la numerosa familia se había ido dispersando: Bappie se acababa de divorciar de su esposo y vivía en Nueva York y Jack, su compañero de juegos y aventuras, estudiaba secundaria en la ciudad de Winston-Salem .

«Cuando eres pobre, pobre como las ratas, y no hay forma de ocultarlo, lo pasas fatal . En el campo, donde hay trabajo, comida y amigos de tu misma edad y ambiente, puede que ni te enteres de que eres pobre —confesó Ava— . Pero cuando comienzas la vida en una gran ciudad, amigo, entonces sí que empieza a dolerte tu condición .»

Comparada con la tranquila Brogden, la ciudad de Newport News le pareció enorme y caótica . Su nuevo hogar era una casa destartalada de tres plantas en West Avenue, un barrio obrero y conflictivo muy cercano al puerto . Los huéspedes de su madre ya no eran las educadas maestras de la pensión sino rudos y desaliñados estibadores que tras la dura jornada de trabajo se reunían en el salón a beber . En la escuela a la que Ava asistió tampoco contó con el cariño de las maestras .

Desde el primer día tuvo que soportar las burlas de sus compañeros por su marcado acento sureño; le tomaban el pelo porque venía del campo y era hija de granjeros . Ava se encerró en sí misma y acurrucada en la última fila de la clase intentaba pasar desapercibida . Se sentía acomplejada entre aquellas niñas engreídas que podían cambiar de ropa a diario cuando ella apenas tenía dos vestidos para ir a la escuela y un único par de zapatos .

Fueron años difíciles para los Gardner . Jonas no encontró trabajo en los astilleros y su salud se debilitó . Tenía una tos fuerte y persistente, y en invierno cogió un resfriado que empeoró su estado . Cuando acudió al médico padecía una grave infección en los bronquios, pero no podían costear los gastos de su ingreso en un hospital . Regresó a casa muy enfermo y su esposa lo instaló en una habitación alejada para que no molestara a los huéspedes . Molly estaba al límite de sus fuerzas; no solo se encargaba de la limpieza de todo el edificio sino que además tenía que ir al mercado, preparar tres comidas diarias para una docena de huéspedes y cuidar de su esposo .

Era una mujer fuerte con una voluntad de hierro, pero la situación la desbordó . Un día su hija la encontró llorando desconsoladamente en la cocina . Nunca había visto así a su madre y aquello le rompió el corazón . Fue entonces cuando Ava, con apenas doce años, comenzó a ocuparse de la cocina para aliviar su duro trabajo . Ella se encargaba de preparar los desayunos de los trabajadores a base de gachas de maíz, huevos con beicon y galletas . Cuando regresaba de la escuela hacía compañía a su padre, le leía la prensa y le daba la cena .

Madre e hija se las arreglaron para salir adelante hasta que en 1938 Jonas falleció en su lecho . Para Ava fue un golpe tremendo porque estaba muy unida a él: «Pensé que no podría sentir en mi vida mayor dolor . Él tenía el don de hacerme única . Yo no esperaba gran cosa de la vida, pero papá me hizo sentir querida . Me sentía segura a su lado . Y de repente, todo ese mundo desapareció» .

Molly intentó no derrumbarse, sin embargo con el paso del tiempo su situación económica se agravó . Cocinaba deliciosos platos y atendía con amabilidad a sus huéspedes, pero apenas había ocupación . Desde la muerte de Jonas todo había cambiado y ella ya no se sentía a gusto en un lugar que le traía dolorosos recuerdos . Tampoco le gustaba el sórdido ambiente de la pensión, y en ese momento menos, ya que su hija se había transformado en una bella y escultural muchacha .

A Ava le incomodaban las miradas de deseo de aquellos «viejos asquerosos» a quienes no les importaba flirtear con una joven de quince años: «Me avergonzaba de todos aquellos hombres sucios que siempre estaban bebiendo o tumbados por el suelo . No podía traer a casa a ninguna amiga, y ya no hablemos de amigos; para mí era una situación humillante y muy incómoda» . En una ocasión un huésped se propasó con ella y su madre al oír los gritos echó al hombre a la calle .

Ava lamentaba no poder hablar con su madre de los cambios físicos que estaba sufriendo en su adolescencia . Tampoco tenía a su lado a sus hermanas para compartir con ellas sus inquietudes . Cualquier tema relacionado con la sexualidad siempre había estado prohibido en casa de los Gardner .

«En cuestión de sexo no nos educaron en absoluto —reconoció la actriz en su madurez— . Nunca se hablaba de este tema; mamá nunca me explicó nada, ni siquiera de la regla, y cuando me vino sentí un auténtico terror y fui corriendo a Virginia, la mujer que ayudaba a mamá en la cocina, y le susurré al oído que me estaba desangrando . Ella me abrazó y exclamó a grito pelado una de las palabras más maravillosas que he oído en mi vida: “¡Ay, Señor, muchachita linda! ¡Dios te bendiga, ya eres toda una mujercita!” .»

Durante el verano de 1938 Molly se enteró de un posible empleo en Rock Ridge, un pueblo del condado de Wilson .Hacía tiempo que había decidido regresar a Carolina del Norte, su verdadero hogar . No le costó conseguir el trabajo, y a principios de otoño madre e hija se mudaron a la pensión que había junto a la escuela de Rock Ridge, un edificio de medio siglo de antigüedad, pero en mejor estado que la miserable casa de huéspedes de Newport News .

Ava había cumplido dieciséis años y su belleza llamaba la atención de los muchachos . Tras la muerte de su padre, Molly intentaba protegerla contra las tentaciones de la carne . «Si te acuestas con un hombre antes de casarte —le repetía—, prefiero verte muerta .» Se había vuelto muy posesiva y no le permitía salir con chicos ni ir al cine . Un día en Nochevieja, asistió a un baile del instituto con un muchacho que le gustaba mucho y cuando regresaron a su casa él se despidió en la puerta con un beso . Su madre, que lo vio desde la ventana, salió hecha una furia y persiguió al joven hasta su coche . Avergonzada por lo ocurrido, Ava se encerró llorando en el cuarto de baño: «Recuerdo que me froté la cara y las manos con jabón una y otra vez en un intento de limpiar una parte de aquella suciedad que estaba segura de haber contraído con aquel beso» .

En aquellos días Ava necesitaba trabajar para traer dinero a casa . Quería ser secretaria, y su hermano Jack, que se ganaba bien la vida, le pagó la matrícula para que estudiara en el Atlantic Christian College, en Wilson . Era un buen colegio universitario donde impartían clases de mecanografía y contabilidad . Escribir a máquina se le daba bien, pero Ava pronto perdió el interés . Con sus compañeros de clase no se avenía y de nuevo se sintió despreciada por su origen humilde y su acento sureño . Además, la convivencia con su madre se había vuelto insoportable .

Molly seguía controlando todos sus movimientos y no se cansaba de repetirle una y otra vez que «el sexo era algo sucio y que los hombres solo querían una cosa» .Le prohibió que se maquillara y tenía la obligación de comer cada día en casa y volver directamente al salir del instituto . Años más tarde, recordando su adolescencia, Ava afirmó: «Lo único que realmente deseaba entonces era estar muerta» .

Fue su hermana Bappie quien la sacó de su triste y anodina vida . Era la más independiente de todas y siendo muy joven había abandonado la granja familiar para trasladarse a Smithfield y buscar un empleo. En la ciudad conoció a un chico que estudiaba Derecho, se enamoró y se casó con él . El matrimonio resultó un fracaso y, aunque Molly le pidió que intentara arreglar las cosas con su esposo, acabó separándose . Más adelante encontró trabajo como dependienta en la sección de bolsos y accesorios de unos grandes almacenes en Nueva York .Se había transformado en una mujer sofisticada y estilosa que se pintaba los labios con carmín rojo y llevaba tacones altos .Tras su divorcio se había casado de nuevo con un fotógrafo, Larry Tarr, propietario de un estudio en la Quinta Avenida .

Bappie no tenía hijos y sentía una especial debilidad por Ava, con quien se llevaba casi veinte años . Para la actriz era como una segunda madre y en los momentos difíciles siempre estuvo a su lado . «Cuando la gente me pregunta cómo fue que me metí en el negocio del cine, no me queda más remedio que sonreír . Porque la verdad es que sin el empeño de mi hermana Bappie, lo más probable es que me hubiera pasado el resto de mis días la mar de feliz, tecleando una máquina de escribir en Carolina del Norte», aseguraba .

En el verano de 1940 Bappie decidió que ya era hora de que su hermana pequeña pasara unos días fuera de casa y Molly consintió a regañadientes en que viajara en autobús a Nueva York . Para Ava, conocer la ciudad de los rascacielos fue un sueño hecho realidad . Se instaló en el minúsculo apartamento que Larry Tarr tenía en la esquina de la calle Cuarenta y nueve con la Quinta Avenida, encima de su estudio fotográfico .

Desde el primer instante Larry se quedó impresionado por la belleza y sensualidad de Ava, que estaba a punto de cumplir dieciocho años: «Era muy guapa, con un rostro bellísimo. Sus grandes ojos verdes destacaban en su cutis de melocotón y tenía una sonrisa encantadora. Nunca había visto una muchacha tan feliz» .

Durante su estancia su cuñado le tomó muchas fotos improvisadas, pero un día le pidió que posara para él en su estudio . Decidieron que un retrato suyo sería un buen regalo para su madre, que llevaba un tiempo delicada de salud . Ava posó con un vestido estampado sin mangas que le había prestado Bappie y un sombrero de paja sujeto al cuello con un lazo . Parecía una candorosa y bella pastorcilla . Esa fotografía cambió para siempre su vida .

Ava regresó en otoño a Rock Ridge para proseguir sus estudios de mecanografía y taquigrafía en el Atlantic Christian College y cuidar de su madre, que estaba muy envejecida y cansada . Tras la emoción de su estancia en Nueva York, retomó su vida cotidiana que le resultaba cada vez más deprimente . Sin embargo, sus compañeros de clase ya no se burlaban de ella y su atractivo físico levantaba pasiones . Fue elegida Miss Campus, participó en el concurso la Belleza del Algodón y se granjeó un montón de admiradores . En un baile conoció a un joven rico y vividor que se prendó de ella al instante . Se llamaba J . M . «Ace» Fordham, era alto, divertido y un buen bailarín .Empezaron a salir juntos y pronto se hicieron novios . En su primera cita fueron al cine a ver una película de Mickey Rooney, por entonces el ídolo de todas las quinceañeras .

Acompañada de su novio, Ava volvió a visitar a su hermana Bappie y a Larry en Nueva York . Pasaron unos días inolvidables, salieron por las noches a cenar, recorrieron los clubes nocturnos de moda, bailaron en las salas de fiesta y fueron al hipódromo . En un restaurante de Manhattan, la joven vio por primera vez a una estrella de cine . Era Henry Fonda, uno de los actores favoritos del público estadounidense, que sentado a una mesa charlaba y tomaba unas copas con una atractiva mujer . Sin pensárselo dos veces, se acercó a pedirle un autógrafo . Mientras el actor le firmaba en una servilleta, la elegante dama que le acompañaba le dijo: «Cariño, con lo guapa que eres deberías ir a Hollywood» . Ava no olvidaría estas palabras premonitorias, aunque por el momento su belleza no le había servido para encontrar trabajo en Nueva York y una vez más tuvo que volver a casa .

En la primavera de 1941, un joven llamado Barney Duhan pasó por delante de la tienda de Larry Tarr en la Quinta Avenida y se quedó absorto mirando una fotografía expuesta en el escaparate . Era el retrato en blanco y negro que Larry le había hecho a Ava como regalo para su madre . Duhan llamó desde una cabina telefónica cercana diciendo que trabajaba en la Metro Goldwyn Mayer y que deseaba localizar a la chica de la foto . El dependiente le dijo que se llamaba Ava Gardner y que acababa de regresar a Carolina del Norte . El joven, desilusionado, se disculpó y colgó . Cuando Bappie y su esposo se enteraron de lo ocurrido decidieron seguir la pista de Duhan y no dejar escapar una oportunidad como esa .

Al día siguiente Larry hizo varias copias de las mejores fotografías que tenía de Ava y se dirigió a las oficinas centrales de la Metro en Times Square para entregarlas él mismo . No tardaría en descubrir que el tal Barney Duhan no era un cazatalentos como decía sino el chico de los recados en el departamento jurídico de los estudios . Solía utilizar ese viejo truco cuando quería conseguir una cita con una chica bonita aspirante a actriz . En esta ocasión no había tenido suerte, pero cuando recibió a su atención el sobre con las fotografías de Ava se las hizo llegar a alguien que sí tenía influencia y poder: Marvin Schenck, uno de los peces gordos de la compañía .

Bappie y su marido viajaron para pasar unos días de vacaciones a Carolina del Norte y fue entonces cuando le contaron a Ava que alguien de la Metro había mostrado interés en localizarla . En lugar de alegrarse, le sentó muy mal que Larry hubiera exhibido su retrato en el escaparate de la tienda sin su consentimiento . Le parecía una invasión de su intimidad y durante mucho tiempo se lo echó en cara . A Ava nunca se le había pasado por la cabeza ser una estrella de cine . Tras finalizar sus clases quería encontrar trabajo como secretaria y no descartaba casarse con un buen hombre y formar una familia numerosa como la suya . Pero Bappie creía que su hermana podía aspirar a algo mejor . Era consciente del efecto que causaba su belleza en la gente . Sin apenas una gota de maquillaje, tenía un cutis de porcelana y unos rasgos perfectos, además de un cuerpo escultural .

En el mes de julio, cuando Ava ya se había olvidado de la historia, recibió una llamada de Bappie desde Nueva York . Sus fotografías habían llegado a Ben Jacobsen, el auténtico encargado de la búsqueda de nuevos valores de los estudios, y le habían impresionado . Consideró que era lo suficientemente guapa como para hacerle una prueba . La conversación con Bappie fue breve y no despertó en Ava ninguna ilusión:

—Quieren que vengas, cielo .
—¿Para qué?
—¡Quieren conocerte!
—¿Quién?
—La Metro Goldwyn Mayer .
—¿Quién?
—¡Es donde trabaja Clark Gable, cariño!

Una semana más tarde Ava llegó a Nueva York y se presentó en las oficinas de los estudios en Broadway para hacer su primera prueba . Lucía un largo vestido verde estampado, acampanado, con cuello de encaje, y unos zapatos de tacón alto que le había prestado Bappie con los que apenas sabía caminar . Ben Jacobsen la recibió en su despacho y le entregó un guion para que lo leyera . «No entendía nada de lo que decía . Hablaba de una forma tan espesa que se podía cortar con un cuchillo . Yo no tenía la menor idea de si sabía actuar . Le dije que haríamos una prueba muda . Si llego a enviar a Los Ángeles una cinta de alguien hablando como si tuviera la boca llena de pan, habrían pensado que estaba mal de la cabeza», dijo el productor . Aunque se quedó horrorizado de cómo aquella espléndida muchacha «arrastraba las vocales que parecían no terminar nunca», no podía quitarle la vista de encima .Le pidió a Ava que le acompañara al despacho de su superior, el jefe del departamento Marvin Schenck . Allí decidieron hacerle una prueba solo de imagen que a Ava le resultó de lo más embarazosa .

Sin mediar palabra, un técnico colocó delante de ella una claqueta en la que estaban escritos con tiza su nombre y medidas: «Ava Lavinia Gardner . Altura: 1,70 . Peso: 54 kilos», y una voz en la oscuridad comenzó a darle órdenes . A ella le pareció una pérdida de tiempo . Lamentaba que su madre se hubiera gastado tanto dinero en el vestido que llevaba . Estaba convencida de que nunca la volverían a llamar . Pero Marvin Schenck no opinaba lo mismo: «No tenía remedio . Era horrible, no se la entendía al hablar . Pero aun así vimos la prueba, y nos quedamos sin aliento . Era torpe y se movía envarada, pero todos nos enamoramos de ella . ¡Qué mujer!» . Jacobsen envió la copia a Hollywood con una nota: «Si no contratáis a esta damisela, es que estáis chalados».

Al cabo de unos días la versión muda de la señorita Gardner llegó a Los Ángeles . El director de cine George Sidney, que años más tarde la dirigió en la película Magnolia, la vio y le gustó: «Tenía algo . Recuerdo que le dije a mi ayudante: “Diles a los de Nueva York que me la envíen; es buen género”» . Cuando Ava, mucho tiempo después, se enteró de este comentario le dijo a un periodista: «No sé si George utilizó esta expresión conmigo, pero no me extrañaría . Es evidente que en aquella época nos trataban a todas como si fuéramos ganado» .

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