El feminismo actual no es uno, son muchos, el error es tratar de meterlos a fuerza en un solo cajón, lo cual ha provocado olas y tsunamis ideológicos. Este ensayo, transparente, curioso y con sentido del humor, abre diálogos para transformar y resignificar el mundo, más allá de la disidencia.

La autora repasa el movimiento en diversos momentos históricos, evitando que nos apresuremos a señalar quién nos representa y quién no. La lucha de las mujeres es por mejorar sus condiciones vitales, una lucha contra la injusticia distributiva y de reconocimiento, no contra el hombre.

Por América Gutiérrez Espinosa

Ciudad de México, 7 de marzo (LibreríasElSótano).- En noviembre de 2017, atravesé con prisa el desangelado lobby de un hotel en Guadalajara, faltaban nueve minutos para las cinco de la tarde. Debía encontrar la sala del piano, lugar asignado para entrevistar a Marta Sanz en punto de la hora. Mi impaciencia no estaba relacionada con la hazaña de cruzar la ciudad en plena FIL, la inquietud era personal, algo íntimo.

Di una última leída a las notas y preguntas. No podía dejar de pensar en la influencia que ejercieron en mi Lección de anatomía y Clavícula, motivo de la entrevista. Esas lecturas me provocaron sacudidas de espesa feminidad y tremendas dudas emocionales. Salí del letargo cuando, alguien pronunció mi nombre con clara interrogación. Marta Sanz ya estaba a mitad del salón, jaló el banquito del piano y se sentó. La charla no se detuvo hasta pasada una hora y se publicó meses después bajo el título: La rotura violenta de una cosa sólida.

Sin ser consiente, durante aquel encuentro, me cayeron varios veintes. Sucedió frente una mujer menudita que jugueteaba con sostenidos y bemoles de un piano rojo. El desmoronamiento fue argumentado, confirmé sin temor que, desde niña, fui feminista.

En aquel invierno, hablamos del dolor femenino, de ese dolor como señal nerviosa que indica que algo no anda bien; de las lesiones reales o potenciales que causan ardor, molestia o sufrimiento. Sigue siendo invierno, empecé y terminé de leer Monstruas y Centauras el último día febrero de este año, de manera voluntaria, abrí un nuevo diálogo con Sanz, no en persona, pero casi. Este librito es pequeño, como la fisionomía de su autora, pero sólido como sus ideas. 132 páginas que se leen de un tirón, con una portada simbólicamente morada y carente de fajilla vendedora.

En Monstruas y centauras, Marta Sanz hace un agudo recorrido por los nuevos lenguajes del feminismo. Este ensayo literario, es un honesto ejercicio narrativo que tiene como punto de partida la experiencia de marchar, de ir del brazo de tu amiga, la de toda la vida; de manifestarse juntas como un ejercicio de memoria, de estar y alzar la voz por causas que aún creen justas. Este texto explora la persistencia del movimiento en diversos momentos históricos.

Es un repaso de la lucha de las mujeres por mejorar sus condiciones vitales, desde una perspectiva crítica y autocrítica, estableciendo que la lucha es contra la injusticia distributiva y de reconocimiento, no contra el hombre -entendido como persona adulta del sexo masculino-.

Sanz sostiene que todo tipo de reivindicación feminista tiene que ser conjunta, que las posibilidades de una verdadera lucha por los derechos de las mujeres, penden por un lado, del análisis objetivo y constante aplicado a los discursos que se construyan alrededor del feminismo.

Y por el otro, es necesario que los hombres asuman su masculinidad con la lucidez suficiente para que nuestras diferencias no se conviertan en desventajas, ni en lo público, ni en lo privado.

Para la autora de Farándula, representar el mundo es una manera de construirlo y propone que la literatura rompa cristales, para comunicarnos con el otro, con la conciencia de que las palabras importan y de que quien las toma asume la responsabilidad. Además, plantea su más genuino desconcierto frente a los diversos feminismos y lo que se dice de ellos. El texto abre diálogos, pero es pícaro y sugerente como la simpática pinta con la que comienza el relato mientras camina por Madrid: “vulvita palpita”

El feminismo contemporáneo no es uno, son muchos, el error es tratar de meterlos a fuerza en una sola palabra, propósito que ha provocado olas, marejadas y tsunamis ideológicos que se debían de los propósitos originales. La mirada de Martha Sanz en este ensayo es transparente, curiosa, con un sentido del humor que evita que nos tiremos al drama, o que nos apresuremos a señalar quién nos representa y quién no.

Para entender el feminismo, debemos acercarnos sin prejuicios, tal como ella lo hizo, al confesar que no le sale de manera natural decir “portavoza” o “miembra”, que en esa artificialidad se cuela la dimensión política de una gramática que visibiliza un problema social, pero que no es prueba suficiente para proclamarse más o menos feminista, más o menos incluyente – en tal caso, todos deberíamos saber lenguaje de señas o tener conocimiento para escribir un texto en braille-. La autora deja claro que los movimientos feministas, pueden abordarse desde el lenguaje, alejados de la hipocresía y superando “lo políticamente correcto.”

En cualquier época, desde las primeras sufragistas hasta las seguidoras del ecofeminismo actual, saben que exigir reformas a las leyes y denunciar los crímenes e injusticias de género, no ha sido suficiente. Al terminar el libro, Sanz se pregunta: “hasta qué punto se puede dar la vuelta al calcetín”, no es una cuota, se trata de transformar actitudes y comportamientos humanos, de resignificar el mundo.


América Gutiérrez es Coordinadora de contenidos de Librerías El Sótano. Ha trabajado para Discovery Channel LA, Nat Geo, A&E, IMER y Penguin Random House. Siempre se pregunta: ¿en qué se parece un cuervo a su escritorio? Actualmente estudia las leyes que rigen las excepciones.