Aproximadamente la mitad de los peces consumidos en el mundo no provienen de ríos o mares. Foto: Selene Magnolia, We Animals

Los animales obligados a nacer para luego ser asesinados por su carne, huevos o leche, viven un verdadero infierno dentro de las granjas industriales. Pasan toda su vida hacinados, siendo percibidos como comodidades, como máquinas productoras de recursos y sólo conocen el dolor, el estrés y el encierro. Son sometidos a distintas prácticas estándar de la industria como mutilaciones, cortes de dientes o cuernos y manipulaciones genéticas, por mencionar algunas. Su expectativa de vida dentro de las granjas es muy limitada, ya que la industria ha logrado que sus cuerpos crezcan a una velocidad tan acelerada y antinatural que son enviados al matadero siendo muy jóvenes, prácticamente son bebés con cuerpos de adultos.

Muchas veces cuando hablamos de animales criados para consumo, olvidamos a los peces. ¿Has escuchado hablar de las piscifactorías? Son granjas flotantes de peces. Aproximadamente la mitad de los peces consumidos en el mundo no provienen de ríos o mares, sino de piscifactorías. Esta forma de reproducción y explotación de peces está afectando de maneras increíbles a los ecosistemas marinos y está terminando con la vida de millones de peces cada año.

Estos sensibles e inteligentes animales pasan sus días en espacios sucios y abarrotados donde son incapaces de nadar libremente. Abunda el estrés por hacinamiento, ya que con el fin de aumentar las ganancias, se colocan tantos peces como sea posible en el menor espacio posible. Esto trae como consecuencia un aumento en las enfermedades y muchas peleas, en ocasiones los peces incluso terminan arrancando las aletas, colas y ojos de los demás.

Las enfermedades también abundan, se ha llegado a presentar que hasta el 40 por ciento de los peces compartiendo el mismo espacio quedaron ciegos y muchos otros perdieron la capacidad de audición. Noruega es uno de los países en donde se “cultivan” más peces, específicamente el salmón. El pasado mes de febrero de este año, la industria reportó que el problema de infecciones en peces debido a los piojos de mar se ha vuelto casi incontrolable. Estos piojos se alimentan principalmente de la piel de los peces y las condiciones abarrotadas de las jaulas flotantes les brindan el ambiente perfecto para su propagación. Saltan de un pez a otro y las hembras son capaces de producir dos mil huevos al mes y no termina ahí, se estima que hasta un 30 por ciento de salmones salvajes que están expuestos a estas zonas, mueren a causa de los piojos. Las poblaciones de parásitos seguirán creciendo debido al aumento de las temperaturas marítimas, ya que crean un ambiente más próspero que les permite expandir sus poblaciones y llegar a otras especies.

Millones de peces sufren silenciosamente, sus muertes son muy lentas y dolorosas. Cada vez hay más evidencia científica que demuestra su capacidad de sentir dolor y miedo, a pesar de esto, siguen siendo los animales más abusados y asesinados del planeta. Múltiples estudios afirman que adoptar una alimentación basada en plantas permite alimentarnos con menor impacto ambiental y hablan de lo urgente que es realizar cambios en nuestros hábitos de consumo. La vida de los animales es valiosa, independientemente de la utilidad que pueda tener para otras personas.