Estudiantes  y profesores viven intimidados por los ocupantes de "El Che". Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

Estudiantes y profesores viven intimidados por los ocupantes del “Che”. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

Ciudad de México, 7 de abril (SinEmbargo).– Es un hombre de unos 45 años y se dice estudiante. Usa una gorra con colores militares, mide 1.65, viste bermudas y vende aretes, pulseras y collares en uno de los corredores de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

También es una de las personas que mantiene tomado el Auditorio Justo Sierra o Ernesto “Che” Guevara y se encarga de intimidar a los medios de comunicación, profesores y estudiantes que intenten ingresar sin su permiso al espacio que alguna vez fue cuna de importantes debates, talleres, proyecciones a la que la comunidad universitaria acudía con total libertad.

Un joven barre la entrada del auditorio y desde el umbral de la puerta se puede ver el comedor del Justo Sierra. Sobre la pared cuelga una manta que advierte: “No cámaras, fotos, video, armas y mass media por seguridad”.

“No pueden entrar, son medios, aquí no entran los medios”, dice el hombre de la gorra de colores militares cuando se percata que hay una cámara y reporteros en la entrada.

Inmediatamente dos hombres más advierten que nadie puede entrar sin que ellos otorguen el permiso. Nadie.

Al hombre de la gorra se le une otro que aparenta más de 40 años y que también tiene un tendido de vendimia en el pasillo de la facultad.

“La asamblea decidió que no entran los medios, vale más que se vayan por ahí”, dice.

La puerta del auditorio está emparejada y en unos minutos estará listo el “Gran Bufett” que se anuncia en otro cartel, según accesible para toda la comunidad estudiantil.

Pero al Justo Sierra, no entran los medios y tampoco muchos de los profesores y estudiantes de la facultad, quienes ven con desconfianza al auditorio y lo que hay adentro de él.

“Un día vino un hermano a visitarme a la Facultad y entró a ver. Él es egresado de una ingeniería y no lo querían dejar entrar porque iba de traje y corbata. Lo que ellos hacen es tener una posición cerrada ante los estudiantes y lo que antes se hacía. Cuando yo era estudiante era un centro de difusión cultural muy barato, por 10 pesos se podían ver 10 películas, ahora está privatizado, contrario a lo que dicen los ocupantes”, dice el profesor de la Facultad de Filosofía y Letras, Juan Carlos Gómez.

El nombre oficial del auditorio es Justo Sierra, pero en 1968 el Movimiento Estudiantil le cambió el nombre a Ernesto “Che” Guevara.

Juan Carlos Gómez vivió la época del recinto que acogió a varios movimientos estudiantiles y asambleas de huelga. A partir de 2000 varios colectivos se han apoderado del lugar.

En el año 2003 distintos colectivos ocuparon al auditorio. En su interior, de acuerdo con la comunidad universitaria, los ocupantes tienen sus campamentos y viven ahí.

En marzo de este año un grupo de encapuchados desalojó a los colectivos que permanecían y se armó una trifulca donde hubo golpes, heridos y detenidos.

Actualmente los colectivos que desde hace años mantienen la ocupación recuperaron el espacio y las autoridades universitarias proponen que el auditorio Justo Sierra vuelva a la administración de la UNAM.

Juan Carlos Gómez dice que lo mejor para el recinto es volver a las manos de la universidad.

El maestro cruza el estacionamiento de  la facultad y se detiene para hablar sobre el auditorio Justo Sierra.

Es de los pocos que dan su nombre, pues la mayoría tiene miedo y prefieren el anonimato. Temen a las represalias.

Mientras el profesor habla, el hombre que vigila el auditorio, el que usa gorra con colores militares y vende aretitos en el pasillo, se encamina junto con otro de melena alborotada y apuntan con el dedo hacia Juan Carlos Gómez: lo señalan.

El profesor habla del miedo que hay entre la comunidad universitaria a los ocupantes del auditorio.

“En una época de votaciones salieron de ahí armados para romper las urnas. En otra ocasión salió un tipo con pistola, cerraron la facultad y las votaciones se hicieron fuera, entraron con palos a destruir las urnas, parece más bien un grupo de choque, yo no sé si sean estudiantes o no, yo más bien creo que pertenecen a grupos ajenos a la universidad, con otros intereses”, dice.

A unos pasos del estacionamiento, en el interior de la Facultad, un profesor bajito firma su tarjeta de entrada.

El maestro de más de 40 años acepta opinar sobre el auditorio y sus ocupantes, pero pide el anonimato.

“Aquí todos nos ubican y esas personas, no pertenecen a la Facultad y son violentos. Aquí la mayoría no quiere hablar, porque es una minoría la que puede tomar la facultad”, dice.

El profesor estudió en Filosofía y Letras en su juventud y recuerda  la apariencia del auditorio.

“Tenía terminados de madera en los muros y ahora no tengo ni idea de cómo esté por dentro, porque hace años que no entro. A los maestros no nos invitan. Yo sólo paso por ahí y me voy de largo, se dice que hasta armas hay adentro, uno ni siquiera se atreve a preguntarles nada, están muy a la defensiva. Ellos lo que quieren es tener el auditorio y hacerlo una entidad aparte, eso no puede ser, es de la universidad. Ellos argumentan que es un espacio para el diálogo y no se prestan al diálogo”, dice.

Mientras habla, otro docente lo saluda y le da una palmada en el hombro: “Cómo estás, nos vemos más tarde”, le sonríe y entra a la pequeña sala donde firma su entrada.

“¿Se dio cuenta?, aquí todos me ubican”, dice.

PROHIBIDO PARA ALUMNOS

Los ocupantes de "El Che" controlan el paso y ni a estudiantes dejan entrar. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

Los ocupantes del “Che” Guevara controlan el paso y ni a estudiantes dejan entrar. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

En una de las aulas un par de jovencitas esperan su próxima clase. Una de ellas dice que el auditorio “Che” Guevara debe regresar a la Universidad.

“Yo estoy de acuerdo que el “Che” regrese a la  Universidad, pero bajo ciertas condiciones, porque se dan burocracias muy fuertes y la UNAM no es como una excepción. Aquí en la facultad la burocracia y los puestos importan más que la comunidad estudiantil y entones opino que debe regresar a la UNAM, pero con los estudiantes”, dice.

La joven prefiere el anonimato y asegura que los ocupantes del auditorio no son estudiantes, sino que forman parte de colectivos.

“Es lo que no me agrada que son personas ajenas a la UNAM”, dice.

Raquel Corona, de 21 años y estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras, recuerda que aunque en el discurso los profesores y estudiantes pueden ingresar al auditorio, el paso no es para todos.

“En una ocasión a una maestra que daría una conferencia ahí, no la dejaron entrar y se supone que está abierto a todos, cómo es posible que no la hayan dejado dar su ponencia. Ese lugar que era simbólico, dejó de ser simbólico, los estudiantes ya no tienen interés de entrar”, dice.

Es medio día y el “Gran Buffet” del Justo Sierra ya está listo, pero Asdrúbal Cuevas, un estudiante de 18 años que espera una de sus clases, no se siente con la confianza de ir a comer en el comedor comunitario de los ocupantes.

“No es tan fácil para uno ir sin miedo o sin problemas. No siento que el “Che” sea parte de los estudiantes, sino de grupos que en realidad no me parece que tengan un libre acceso. Lo mejor sería que fueran los estudiantes de la facultad los que se encargaran de ese espacio. No creo que se esté aprovechando de la mejor manera”, dice.