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Alejandro De la Garza

07/05/2022 - 12:03 am

La niñez en los ojos de Pacheco

“Esta mirada a la existencia infantil, filtrada por la memoria y la experiencia del hombre maduro, cobra volumen y profundidad, intensidad y viveza originarias, pero es, en efecto, la percepción de una niñez condenada sin remedio a la pérdida, a la resignación de crecer y volverse adulto”.

“En la obra de Pacheco los niños están condenados a crecer con dolor y amargura, parecen intuir que les aguarda un mundo insatisfactorio y cruel (…)”. Foto: Francisco Rodríguez, Cuartoscuro

El sino del escorpión indaga en la visión de la niñez reflejada en la prosa de José Emilio Pacheco (1939-2014), pero se toma la licencia poética y política de hacer un juego de palabras (sólo para usuarios) con el título de su columna, ante la ya frecuente exigencia de corrección política lanzada a la literatura, la cual debe ahora “promover valores apegados a una cultura de la no violencia y respeto a toda vida, solidaridad y orden económico justo, tolerancia y estilo de vida coherente, igualdad y camaradería entre hombres y mujeres”. (Ayno).

Luego del aguijonazo, el venenoso entra en el tema: ¿Cómo experimentan la vida los niños en la obra de Pacheco? ¿Cuál es la visión literaria de la infancia de José Emilio? En su relato “Tríptico del gato”, escrito en los años sesenta, se presenta un primer registro de la niñez como crueldad, violencia de clase y orgullo arrogante: un niño rico y mimado se confronta con otro, un púber de 12 años lastimado no tanto por la pobreza como por el contraste de su vida con la opulente existencia del pudiente.

En el relato “Teruel”, de los mismos años, Néstor es un niño español huérfano de madre y exiliado en Veracruz a sus incipientes siete años. Presionado por el mundo adulto representado por su padre republicano, se somete a una cruel y absurda prueba de valor para ser digno del recuerdo de la batalla de Teruel, el importante suceso de la Guerra Civil Española donde tantos “héroes sin nombre quedaron allá muertos”. Aquí encontramos definido el tratamiento de la sensibilidad y la mentalidad infantiles, pasadas por el tamiz de la memoria y trastocadas por la perspectiva adulta. El relato confronta la valentía y dignidad de un niño-adulto, con la crueldad de la existencia, el dolor por la vida y el sufrimiento inherente al mundo. Estos dos relatos se publicarían años después, en la recopilación La sangre de medusa (Era, 1990).

En su libro El viento distante (Era, 1963) Pacheco reitera en el epígrafe, tomado de Denis Donoghue, su radical declaración de principio: Childhood is miserable because every evil is still ahead, donde parece advertir a los infantes de los males por venir. El arácnido encuentra en este pequeño volumen a niños sádicos que atormentan animales o se enamoran amargamente —justo como adultos— de mujeres imposibles; a infantiles testigos de criaturas fenomenales, como la circense niña-tortuga; a niños devorados por una planta carnívora (¿la vida adulta?) o a niños aterrorizados por el descubrimiento de un cadáver femenino de hace dos siglos. En resumen: infantes enfrentados de forma prematura a la muerte, la orfandad, el abuso, el desamor o el rechazo, y a la precoz madurez como escuela de la resignación y el sometimiento.

En estos dos primeros registros de la infancia, Pacheco esboza uno de los recursos literarios desarrollado luego con maestría: su particular visión de la niñez como territorio donde la crueldad, la malicia y la violencia se ejercen tal cual sucede en la vida adulta. Esta mirada a la existencia infantil, filtrada por la memoria y la experiencia del hombre maduro, cobra volumen y profundidad, intensidad y viveza originarias, pero es, en efecto, la percepción de una niñez condenada sin remedio a la pérdida, a la resignación de crecer y volverse adulto.

Algo hondamente humano (¿dolido?) se expresa en estas infancias, percibe el escorpión, al estar impregnadas de inocencia-crueldad, amor-dolor, tristeza-alegría, solidaridad-odio, pero no como binomios contrastados y opuestos ni como dos caras de la misma moneda, sino como conceptos fundidos en un sólo sentimiento indiferenciado, propio de las personalidades en formación, emocionalmente inacabadas, de los corazones tiernos y las emotividades a flor de piel, algo exclusivo de la infancia como periodo donde aún no alcanzamos a definirnos plenamente ni separamos nuestros sentimientos con la precisa línea divisoria con la cual tratamos de hacerlo en la vida adulta.

En la obra de Pacheco los niños están condenados a crecer con dolor y amargura, parecen intuir que les aguarda un mundo insatisfactorio y cruel, el cual ya resienten en sus primeras frustraciones amorosas, familiares, emocionales. “Niños que se volverán hombres y por ello estarán cargados de rencores y malicia”, dice José Emilio.

Años después el cultivo de esta visión de la infancia como recurso literario ganará para Pacheco —y para nuestra literatura— dos de los textos superiores de la narrativa mexicana contemporánea. Los cuentos de El principio del placer (1972), envueltos en la dolorosa aceptación de que la energía y la fuerza genuinas de la infancia se trastocarán al crecer en resignación, apatía y amarga adultez.  Y la novela corta Las batallas en el desierto (1981), obra maestra y despedida del tema de la infancia en la narrativa del autor.

Luego de este registro de irremediable destrucción —vital, emocional, amorosa, infantil, urbana—, ¿qué más podría añadirse a su dolida visión de la niñez, a la inutilidad de esas batallas? Quizá sólo el remate de su novela: “Se acabó esa ciudad. Terminó aquel país. No hay memoria del México de aquellos años. Y a nadie le importa: de ese horror quién puede tener nostalgia”.

@Aladelagarza

Alejandro De la Garza
Alejandro de la Garza. Periodista cultural, crítico literario y escritor. Autor del libro Espejo de agua. Ensayos de literatura mexicana (Cal y Arena, 2011). Desde los años ochenta ha escrito ensayos de crítica literaria y cultural en revistas (La Cultura en México, Nexos, Replicante) y en los suplementos culturales de los principales diarios (La Jornada, El Nacional, El Universal, Milenio, La Razón). En el suplemento El Cultural de La Razón publicó durante seis años la columna semanal de crítica cultural “El sino del escorpión”. A partir de mayo de 2021 esta columna es publicada por Sinembargo.mx
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