Ariel Zapata, Jefe de Instructores de la Escuela de Adiestramiento Canino de la Facultad de Veterinaria, dio detalles a RT sobre la investigación que ya realiza Francia, el Líbano y ahora Argentina.

Por Emmanuel Gentile

Ciudad de México, 7 de julio (RT).- La Facultad de Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Argentina, iniciará esta semana un proyecto de investigación para utilizar perros en la detección temprana, mediante el olfato, de COVID-19.

Esta investigación comenzó en Francia, en la Escuela de Medicina Veterinaria de Alfort, en la Región parisina, y está a cargo de del doctor Dominique Grandjean. También se desarrolla en el Líbano, y ahora se ha sumado el país sudamericano.

Ariel Zapata, Jefe de Instructores de la Escuela de Adiestramiento Canino de la UBA, una de la casa de estudios más prestigiosa de América Latina, será el encargado de guiar a los animales hacia la identificación de un olor característico en el sudor, que establecería la presencia del virus en el humano. Esto permitiría, una vez detectada por el animal la persona contagiada, asignar pruebas de coronavirus, que tienen un costo de 10 dólares, de manera más efectiva para confirmar el positivo.

Hay otras investigaciones similares en los EU e Inglaterra, pero a diferencia de esta, ellos trabajan con orina. Según explicó Zapata en diálogo con RT, el problema es que esa secreción tiene carga viral, lo que pone en riesgo al equipo científico y a los perros que participen del estudio.

Hay otras investigaciones similares en los EU e Inglaterra, pero a diferencia de esta, ellos trabajan con orina. Foto: Cortesía Ariel Zapata para RT

El proyecto francés utiliza muestras de sudor en la axila, lo que, según el especialista argentino, es mucho más seguro. En esa parte del cuerpo se coloca una gasa estéril durante 20 minutos, que luego es conservada en envases herméticos. Esa será la prueba de olor que los perros necesitan.

Esta semana, la Facultad de Veterinaria iniciará el proceso de selección de los canes, el primer paso de un proceso que en Argentina recién comienza.

LOS PASOS DE LA INVESTIGACIÓN

En total son tres fases de trabajo. La primera es una prueba de concepto, en la que se deberá demostrar la viabilidad del proyecto. En ese periodo se intentará evidenciar si los perros logran discriminar el olor distintivo de una persona con COVID-19.

El equipo del especialista francés Grandjean ya logró demostrar eso. “Los canes que más fallaron lo hicieron bien en un 86 por ciento, mientras que otros lograron el 100 por ciento de aciertos. Esto le permitió a Francia pasar a la siguiente fase”, explica Zapata a este medio.

El segundo paso, desarrolla el veterinario argentino, tiene que ver con una prueba de validación, donde se ponen en juego estadísticas y evidencias en situaciones más complejas. “Por ejemplo, si los perros pueden detectar el coronavirus en pacientes asintomáticos, o si a partir del contagio debe pasar un periodo de tiempo para que el animal pueda reconocerlo a través del olfato”.

La tercera fase plantea otro desafío: ¿Cómo transferir el conocimiento de la Universidad a la práctica cotidiana? Cuál es la mejor forma de aplicación o de qué manera lo deben usar, por ejemplo, las fuerzas de seguridad o el personal de Salud para evitar fallas.

RAZAS JUGUETONAS 

Cierta clase de perros ya se utilizan en la actualidad para detectar episodios de hipoglucemia, cáncer de pulmón, mama, próstata y colon, melanoma y tuberculosis, entre otras enfermedades. Pastor belga malinois, labrador retriever, pastor alemán, sprigel spagniel y border collie serán algunas de las razas aplicables a este proyecto.

Esta semana, la Facultad de Veterinaria iniciará el proceso de selección de los canes, el primer paso de un proceso que en Argentina recién comienza. Foto: Cortesía Ariel Zapata para RT

El Jefe de Adiestramiento explica por qué: “Se necesita que tengan mucha motivación, una personalidad —nosotros decimos ‘perrunidad’— muy lúdica, muy divertida. Perros a los que básicamente les gusta jugar, y cuya atracción principal es la pelota”.

Otra característica es que este tipo de animales tienen una genética ya marcada por la búsqueda de sustancias mediante el olor. Perros que ya “por herencia” vienen arrastrando esa disposición.

En este caso se van a usar perros detectores de explosivos, y no de narcóticos. “Esto se debe a que existe la posibilidad de que una persona que haya consumido alguna sustancia deje metabolitos en el sudor, y de ser así no sabríamos si el perro está marcando la presencia de COVID-19 o de cocaína, por ejemplo”.

Ahora bien, ¿qué es lo que hace que los perros puedan detectar una enfermedad, un virus?

“Una de las cosas que sucede es que el metabolismo del hombre cambia cuando padece una enfermedad. Por ejemplo, se dice que el olor de la piel o la orina de un diabético es acetonado. Ese olor característico, que los humanos no llegamos a detectar, es el que le enseñamos al perro a identificar”, detalla el veterinario. Y agrega: “El perro puede distinguir a una persona entre millones. Para nosotros, todas huelen igual”.

Se trata de una cuestión biológica. Nosotros tenemos entre cinco y seis millones de células. Y ellos entre 150 y 250 millones. A su vez, cuentan con una cantidad mucho mayor de terminales nerviosas de cada célula o cilios, por donde la partícula de olor hace contacto con la neurona. Los humanos tenemos de seis a ocho, mientras los canes cuentan con alrededor de 100 a 150.

Señala Zapata que, aún si el estudio no resultara exitoso para la COVID-19 —la mayoría no lo son, remarca— nos dejaría un montón de enseñanzas útiles. No obstante, los resultados que se vienen dando en otros países son prometedores.

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