“Con recesión oficial o sin ella, la economía mexicana se encuentra estancada. Ese es el dato duro”. Foto: Galo Cañas, Cuartoscuro

+ Estamos a niveles del 2008

+ El sospechoso redondeo del INEGI

Al nulo crecimiento económico durante el sexenio de López Obrador, se suma otro indicador más que preocupante: el marcado desplome de la inversión en renglones prioritarios. ¿Por qué se cae la inversión en un país? Cuando no hay confianza en el Gobierno en turno. Y el dinero no le tiene confianza a la actual administración.

De poco o nada sirven reuniones del Presidente con los empresarios más importantes del país, si las políticas públicas de la mal llamada Cuarta Transformación ni incentivan la inversión ni generan confianza ni muestran que se apoyará a la productividad. Ya ha trascendido que los dueños del capital tan solo le dan por su lado a López Obrador y que, en realidad, tienen un temor bien fundado en el rumbo de la economía.

Con recesión oficial o sin ella, la economía mexicana se encuentra estancada. Ese es el dato duro. Y eso nos está pegando a todos: menos dinero, menos empleo, menos consumo, menos crecimiento.

“Les falló el pronóstico a los expertos. No estamos en recesión…”, festinó AMLO. Se equivoca el Presidente. ¿Por qué?

Resulta que en un insólito e irresponsable acto, el INEGI decidió…¡redondear artificialmente el crecimiento de la economía! Sí, como lo está usted leyendo. Es como si se fuera a la tienda, no hubiera cambio en centavos y lo ajustaran a la alza para favorecer al vendedor. Pues así la economía: durante el segundo trimestre del año solamente se registró en realidad un micro aumento (por llamarlo de alguna manera) del 0.053 por ciento, y para compensar al gobierno, se redondeó al 0.1 por ciento. Eso, aquí y en China, se llama manipulación de cifras.

¿Descartada la recesión? Pues resulta que no. Y lo advierte el propio subgobernador del Banxico, Jonathan Heath, quien se ha vuelto un equilibrio imprescindible en la cuestión financiera ante el triunfalismo inaudito de AMLO, de sus colaboradores y de sus fanáticos:

“El avance de 0.1 por ciento del PIB, del segundo trimestre de 2019, es preliminar y ´puede cambiar, hasta de signo´, cuando el propio INEGI divulgue la tasa revisada del indicador, el 23 de agosto próximo. Esto último ocurriría porque la medición oportuna o preliminar del PIB tiene un margen de revisión o de error de más / menos 0.2 por ciento, lo que podría llevar al PIB a una cifra negativa de 0.1% y con ello entrar en recesión.

“El crecimiento del PIB de los últimos cinco trimestres ha sido muy cercano a cero: – 0.38 por ciento, 0.67 por ciento, 0.03 por ciento, – 0.17 por ciento y 0.05 por ciento, respectivamente. No obstante, estos números pueden cambiar (hasta de signo) al divulgar las tasas del cálculo tradicional, el 23 de agosto.

“El crecimiento promedio anual de los últimos cinco trimestres es de 0.04 por ciento, que si lo quieren redondear a un solo decimal, es de 0.0 por ciento”, puntualizó Heath a través de su cuenta de Twitter. (Publimetro. Mario Mendoza. 31/Julio/2019).

Así de claro: si el INEGI quería redondeo a un solo decimal, debería haberlo fijado en 0.0 por ciento, lo cual hubiera decretado la recesión económica.

Otra vez, de manera lamentable, el maquillaje de cifras para favorecer al Gobierno.

Sí, como en los viejos tiempos del PRI.

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A la recesión maquillada, debemos sumar la inversión desplomada.

Las cifras reveladas ayer por el propio INEGI nos deben alertar:

1) Inversión en México, a la baja: retrocedió 6.9 por ciento a tasa anual hasta mayo pasado.

2) La Inversión Fija Bruta (IFB) registró una disminución en términos reales de -2.7 por ciento durante mayo de 2019, en comparación a abril.

3) El sector de la construcción – el indicador más fiel del comportamiento de cualquier economía-, en picada: -8.3 por ciento.

4) Con la “severa caída” que la construcción registró en mayo, la IFB alcanzó un nivel no visto en 13 años (2006), advirtió el presidente del INEGI, Julio A. Santaella.

Allí están las cifras. Irrefutables, Preocupantes.

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La inversión en México se encuentra en los niveles del 2008, cuando la crisis inmobiliaria en Estados Unidos – El Efecto Jazz-, detonó la quiebra financiera más grave de las últimas décadas, provocando el colapso absoluto de economías como España y Grecia, por citar dos ejemplos. México no fue la excepción, al enfrentar la caída libre de las inversiones, desempleo galopante y baja en el consumo. Sí, los mismos síntomas que hoy se observan en el sexenio de López Obrador.

Sin embargo, hay una diferencia de fondo:

En 2008, la crisis en México se debió a factores externos (El Efecto Jazz).

Hoy por hoy, no hay un Efecto Jazz. La parálisis en la economía mexicana responde exclusivamente a factores internos. Es producto de pésimas decisiones del gobierno de AMLO: subejercicio en el gasto público, recortes presupuestales a tontas y locas, cero impulso al empleo productivo y a las pequeñas y medianas empresas, cancelación del NAIM Texcoco, proyectos inviables como Dos Bocas y Tren Maya, dispendio de dinero público, y algunos otros factores más.

Y sí: estamos ante la socialización de la economía mexicana, lo cual será tema de próxima columna.

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