“Señor Presidente:

“Hoy es un día trágico para visitar El Paso. Hace menos de una semana, 22 de los nuestros fueron asesinados mientras compraban en una tienda del vecindario, mientras se preparaban para sus fines de semana, mientras mantenían a sus familias. La mayoría de ellos eran de El Paso. Ocho eran de nuestra ciudad hermana de Juárez, a pasos de distancia. Hoy nos encontrará en la agonía de nuestro duelo.

“Un extraño vino aquí para destrozar nuestra ciudad, para asesinar a nuestros vecinos. Un hombre blanco de otra ciudad de Texas vino a atacar a más del 80 por ciento de nosotros que compartimos raíces hispanas. Nos horroriza haber presenciado esta violencia en nuestra ciudad.

[…]

“Cuando el Papa Francisco visitó las Américas, eligió a Juárez para concluir su viaje. A partir de ahí, podría llegar al mundo a través de ambos lados de la frontera. En El Paso, abrazamos nuestra relación con Juárez. No estamos separados por una valla fronteriza. En El Paso, la frontera es una oportunidad. El comercio ayuda a todos a compartir el sueño americano.
Todos queremos lo mismo: queremos que nuestro país prospere.

“Muchos de nuestros padres nacieron en México. Estamos orgullosos de eso, y también estamos orgullosos de los estadounidenses. Estados Unidos es nuestro país. Estamos en casa”.

–Tim Archuleta, director de El Paso Times. Carta Donald Trump

Por Christopher Sherman

CIUDAD JUÁREZ, México (AP).— Tras la balacera protagonizada por un joven texano que al parecer tenía como objetivo a hispanos en un Walmart de El Paso, en la que murieron 22 personas, ocho de ellas mexicanas, al otro lado del Río Bravo, en la vecina Ciudad Juárez, no hubo protestas sino una pequeña vigilia para recordar a los fallecidos.

Los líderes comunitarios no hablaron de boicotear El Paso, una ciudad que depende en gran medida de los compradores mexicanos. Todo lo contrario, en los días posteriores al tiroteo, los mexicanos atestaron los puentes fronterizos para acudir a sus puestos de trabajo, a comprar o a la escuela, como siempre.

Una portada de rechazo para recibir a Donald Trump hoy, en El Paso. Imagen: El Paso Times

El miedo que algunos expresan tras lo ocurrido se mezcla con la preocupación de que, de algún modo, la masacre pueda alargar las esperas para entrar a El Paso.

Muchos como el Alcalde de Juárez, Armando Cabada, señalaron que el pistolero era del norte de Texas, no de la comunidad fronteriza, y que, de algún modo, esto hacía que el daño causado fuese menos personal.

“Le ven como un agente externo que buscó un lugar donde el efecto mortífero de su acto pudiera tener mayor repercusiones en términos de su ideología”, señaló Rodolfo Rubio Salas, profesor e investigador del Colegio de Chihuahua.

Pero incluso una experiencia tan horrible no tendrá un impacto duradero en la relación entre las dos ciudades, agregó Rubio.

Una encuesta reciente señaló que entre el 75 y el 80 por ciento de los residentes en Ciudad Juárez tienen un familiar o un amigo en El Paso con el que mantienen el contacto, señaló. Su propia investigación identificó entre 15 mil y 20 mil residentes de Juárez que pasan la frontera a diario para trabajar y a otros 15 mil que lo hacen para estudiar.

Conductores esperan para cruzar el puente Paso del Norte para entrar a El Paso, Texas, desde Ciudad Juárez, en México, el 6 de agosto de 2019. Días después de una letal balacera, los líderes comunitarios no hablan de boicotear El Paso, una ciudad que depende en gran medida de los compradores mexicanos. Todo lo contrario, en los días posteriores al tiroteo, los mexicanos atestaron los puentes fronterizos para acudir a sus puestos de trabajo, a comprar o a la escuela, como siempre. Foto: Christian Chavez, AP

Algunos de los que cruzan para realizar compras y ahora tienen miedo podrían dejar de hacerlo por algún tiempo, apuntó Rubio. Pero “aquellos que todos los días necesariamente se tienen que desplazar para trabajar, para estudiar, para visitar a sus familiares, no creo que va a tener un impacto en el largo plazo”.

Un hombre en una moto cruza a El Paso, Texas, por el puente Paso del Norte desde Ciudad Juárez, México, donde ondea una bandera mexicana, el 6 de agosto de 2019. Foto: Christian Chavez, AP

El tiempo de espera para los vehículos que entraban a El Paso desde Juárez el martes seguía en las más de dos horas habituales. Un flujo constante de peatones cruzó el puente Paso del Norte en la mañana y una cantidad similar realizó el trayecto inverso en la tarde.

Carlos Carrillo era uno de los que regresaba a pie a Juárez, acompañado por amigos y con su nevera para la comida.

Este obrero tiene doble nacionalidad y casas en las dos ciudades, pero desde la balacera del fin de semana se queda con su madre en Juárez, aunque eso suponga un trayecto más largo para acudir a trabajo cada día. Su vivienda en El Paso está cerca del Walmart.

“Ahorita ni quiero ir para allá”, dijo.

Pero cruzar para ir a trabajar es necesario.

Un grupo de personas participa en una vigilia por tres mexicano asesinados en una balacera en un centro comercial en El Paso, Texas, en Ciudad Juárez, México, el 3 de agosto de 2019. Foto: Christian Chavez, AP

“Aquí es normal”, dijo sobre su vida entre las dos naciones. “De hecho todos nosotros cruzamos todos los días. Vamos a trabajar y regresamos”.

Como hace una vez por semana, Graciela Pérez caminó hacia El Paso a primera hora de la mañana del martes para ir a comprar. Había intentado ir el lunes, pero la fila era tan larga que pospuso su cometido un día.

Un agente de policía dirige el tránsito en dirección al puente Paso del Norte, que permite cruzar a El Paso, Texas, desde Ciudad Juárez, en México, el 6 de agosto de 2019. Foto: Christian Chavez, AP

Pérez dijo que había estado en el Walmart atacado dos semanas antes comprando cosas para sus hijos. Aunque admitió estar un poco preocupada al entrar a Estados Unidos por primera vez desde el tiroteo, añadió “tenemos que pasar”.

En el pequeño puesto de un mercado en el que vende ropa de segunda mano en el centro de Juárez, Mónica Díaz dijo que no tenía miedo pero por el momento prefiere evitar lugares atestados como el centro comercial del Walmart. Es el lugar más popular entre los residentes del lado mexicano porque está a apenas cinco minutos en coche desde la frontera, junto a la autopista.

Díaz cruza todas las semanas para comprar ropa usada al por mayor en un almacén, prendas que luego vende en Juárez.

“Dependemos de El Paso para poder sobrevivir, para sacar nuestros negocios, ya se abarrotes o restaurantes”, dijo. “Parte se compra aquí, parte se compra allá, eso es cotidiano”.

Daphne Rosas, una exestudiante de sexto grado de la maestra Elsa Mendoza de la Mora, una de las víctimas de una balacera en una tienda de Walmart en El Paso, muestra una fotografía de su clase con Mendoza en el centro, en Ciudad Juárez, México, el 5 de agosto de 2019. Foto: Christian Chavez, AP

Ese era el caso de muchos de los mexicanos que perdieron la vida en la balacera.

Uno de ellos, Iván Filiberto Manzano, acudió a la tienda el sábado por la mañana para realizar compras con un amigo, según contó un familiar. Padre de dos hijos pequeños, solía ir a El Paso habitualmente para comprar, agregó el familiar, que pidió no ser identificado por su nombre.

Era “normal como cualquier día”, apuntó.

Jesús Rodríguez vende lavadoras, secadoras y refrigeradores usados en el centro de la ciudad mexicana. Todos los electrodomésticos vienen de Estados Unidos, se reparan en Juárez y se comercializan en tiendas como la suya.

Casi todo el mundo allí tiene familia a ambos lados de la frontera, explicó.

Rodríguez no cree que el tiroteo vaya a afectar a su negocio, pero lamentó los supuestos motivos del autor y criticó la retórica negativa hacia los mexicanos del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien tiene previsto visitar El Paso el miércoles.

“Fue una tristeza porque los Mexicanos nosotros no hacemos daño a nadie”, dijo Rodríguez acerca de la masacre. “Nosotros solamente trabajamos”.