Riverdale, la adaptación del cómic estadounidense Archie, ha ido aumentando su base de fans con cada entrega de la serie.

Por Belén Gómez

Madrid/Ciudad de México, 7 de noviembre (ElDiario.es/SinEmbargo).- Archie es, por derecho propio, una de las historietas más célebres de la historia de la viñeta estadounidense. No en vano, lleva casi ocho décadas retratando una juventud norteamericana en busca de experiencias y lecturas que les atañen, que les apelan de tú a tú.

De ahí que, durante años, Archie Comics Publications, el sello editorial que gestiona su legado, sea de los más populares en las estanterías teen gracias a personajes como Archie Andrews, Jughead Jones, Betty Cooper, Sabrina Spellman o Josie and the Pussycats.

De hecho, de este universo creativo han surgido múltiples adaptaciones al audiovisual que van desde la pionera The Archie Show en los sesenta hasta Sabrina, la bruja adolescente o Los misterios de Archie, productos puramente generacionales a caballo entre el siglo XX y el XXI.

Pero ninguno de ellos ha sido ni es como Riverdale. La serie, adaptación sui géneris del universo de los cómics, combina el thriller, la comedia adolescente, el drama de instituto de herencia hollywoodiense y, cada vez más, el terror teen más contemporáneo.

¿UN PUEBLO COMO CUALQUIER OTRO?

A través de dos temporadas, Riverdale ha ido creciendo en objetivos y ambiciones. Si bien las primeras aventuras de sus jóvenes habitantes se revelaron con el tiempo como suerte de mapa introductorio de lo que acontece en el pueblo que da nombre a la ficción, la segunda temporada fue un paso hacia delante por abrazar géneros más alejados del mainstream, y oscurecer su trama.

La búsqueda del responsable de los crímenes del conocido como Capucha Negra centró la trama que nos ha llevado aquí. Asesinatos que se resolvieron y que, sin embargo, han dejado muchos cabos sueltos. El más peligroso se llama Hiram Lodge, un poderoso empresario que quiere hacerse con el control de la ciudad, ahora que Archie intenta probar su inocencia, acusado de haber sido responsable de la muerte de Cassidy Bullock.

Pronto, un nuevo misterio crece alrededor del instituto de los jóvenes, que deben lidiar con la presunta culpabilidad de Archie, mientras luchan por cortarle las alas a Hiram y estar atentos a los pasos de un tal Edgar Evernever, un atractivo y carismático hombre que se traslada al pueblo junto a su hija Evelyn, y del que se dice que lidera una oscura secta.

Escena de la serie Riverdale. Imagen: Especial

Esta vez, Riverdale ahonda en las tramas de los protagonistas adultos, a través de flashbacks en los que los actores principales interpretaran a sus propios padres de jóvenes. El objetivo: desentrañar un misterio que lleva muchos años escondido en sus recuerdos. Todo, sin dejar de lado su espíritu puramente pulp que nace de una reinterpretación rompedora de todo cliché teenager made in USA.

La tercera temporada de Riverdale nos acerca cada vez más a una autoconsciente serie de terror y humor adolescente, más liberada de las ataduras de un corsé que nunca le hizo justicia. Más atrevida, más oscura y más extraña. Como una suerte de mirada juvenil al Twin Peaks de David Lynch pasada por el filtro del terror de los 90, con Scream, Sé lo que hicieron el verano pasado o The Faculty como referentes ineludibles.

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