A la deriva entre anhelos. Pintura de Tomás Calvillo Unna.

Por eso dominan los sentidos
y definen el aliento;
alcanzan el desorden,
lo vuelven costumbre,
y en la pulpa de sus aciertos
nos dicen que sí:
la vida es una mordida
de inalcanzables deseos.

Tal vez la naranja en su jugo
nos despierte a tiempo;
y tengamos otra temporada
un poco más dulce
y menos agria.

Pero antes,
habrá que esperar
si eso de la reencarnación
es cierto;
porque en estos rezos de acá,
de estas orillas
y meridianos,
no se alcanza aún
esa suerte de esperanza:
la certeza de las huellas
que la memoria descifra.

Y la gente
Sí, la gente
está envuelta de olvido
y desánimo;
ya no creen,
y si lo hacen,
ya no les interesa.

Valdría la pena conseguir
una manzana de bíblica relevancia
y repartirla a manera de comunión.

Quien quita y es milagrosa
y abrogue sin darnos cuenta
la lápida del tiempo.
Y la carne celeste
de una mañana pródiga,
y el bálsamo amoroso
de otro anochecer,
nos retornen
a ese pozo de eternidad
donde buscamos saber
quiénes somos.