Leer permite ampliar nuestra comprensión del otro. Foto: Isaac Esquivel, Cuartoscuro

Con frecuencia hablamos de China, ya sea porque es el origen del nuevo virus que tiene en ascuas al mundo entero, ya porque es una de las economías más fuertes del mundo, ya porque fabrican muchísimas cosas de las que consumimos o porque nos imaginamos turistas recorriendo sus territorios. Lo que no ha sido tan común, sin embargo, es ocuparnos de su literatura. Probablemente, la razón descansa en ese largo periodo de su historia en que cerró relaciones con el resto del orbe o porque, como sucede con muchos otros países, las traducciones no estaban cerca de los lectores hispanoparlantes. Esa tendencia ha venido a menos en las últimas décadas. También es lógica. China es el país con más habitantes y eso, por fuerza, implica que tiene a un enorme número de escritores. Además, la apertura de sus fronteras posibilitó el gran impacto comercial que hizo a la industria editorial fijarse en ellos. Como ahora estamos preocupados por el nuevo tipo de corona-virus, ofrezco algunos libros de China como recomendación.

“La montaña del alma” de Gao Xingjian es el recorrido de un viajero desdoblado en dos personalidades. Busca llegar a una montaña secreta, con características casi místicas. Si bien se pueden encontrar muchos referentes de los que activamos con la China que forma parte de nuestro imaginario colectivo, lo cierto es que en esta novela se recorre la parte rural del país, sin el estrépito de lo político ni de lo turístico. Es un viaje al interior de los personajes con una propuesta narrativa vanguardista. Uno de esos libros que permiten respirar profundo y dejarse absorber.

Al igual que Gao Xingjian, Mo Yan también obtuvo el Premio Nobel de literatura. El primero en el año 2000, el segundo en el 2012. “Sorgo rojo”, su primera novela, se desarrolla en un ambiente rural, campesino. En ella se da cuenta de las dificultades de la vida cotidiana dentro de un marco histórico. Leerla es ir adentrándose en esas inmensas praderas de cultivo del sorgo, que todo lo oculta, desde los devaneos amorosos hasta las más brutales manifestaciones de violencia. Es un punto de partida excelente para continuar con la obra de Mo Yan.

Dai Wei lleva diez años en coma. Su memoria se conserva. Por eso se permite recrear los hechos sucedidos en la Plaza de Tiananmen. Visto desde esa perspectiva, “Pekín en coma” de Ma Jian podría leerse como una novela de denuncia. Y lo es. No sólo alza la voz sobre los terribles hechos sucedidos en una buena parte de la segunda mitad del siglo XX sino que los resalta al mostrar que los enemigos del estado chino eran quienes formaban parte de la población que no quería someterse a su dictadura. La novela tiene un pie en la historia y otro en la vida de Dai Wei y su familia, lo que deben pasar para subsistir con un hijo que lleva una década supeditado a la falsa generosidad del estado.

El libro más famoso de Jung Chang es “Cisnes salvajes”, un auténtico bestseller. En él se cuenta la historia del siglo XX chino a partir de tres generaciones de una misma familia, la de la autora. Más allá de esta novela y de la fama que le proporcionó, escribió una biografía sobre Mao. “Mao. La historia desconocida” es un trabajo casi académico con una mirada profundamente crítica sobre uno de los líderes más perniciosos del mundo contemporáneo. Su lectura, si se hace de forma paralela a la de la literatura china oficial del tiempo de la dictadura, permite contrastar las dos visiones del mundo y, sobre todo, descubrir la crueldad oculta tras la apariencia de lo bienintencionado.

Insisto: leer permite ampliar nuestra comprensión del otro. Sé que son apenas unas cuantas recomendaciones pero pueden servir como punto de partida para quien se interese en la literatura china. Si bien sigue sin ser demasiada la que se consigue en español (en términos porcentuales), la ventaja es que esta muestra significa un universo decantado.