Jovana debió soportar malos tratos y amenazas por parte de médicos del Hospital General de Álamos, Sonora. La joven de 24 años estuvo a punto de ver en peligro su vida, y la de su bebé, por un mal diagnóstico que no contempló preeclampsia.

Los dolores, la angustia, el temor y la desesperación comenzaron a apoderarse de ella y fue hasta las 8:00 horas del 1 de marzo, que iniciaron con las labores para ingresarla a quirófano y practicar una cesárea. Al nacer el bebé, se percató de una mancha oscura que cubría parte del rostro, aunque los doctores le explicaron que se trataba de un “lunar de nacimiento”.

Sonora, 8 de marzo, (ProyectoPuente/SinEmbargo).- Amenazas, malos tratos por parte de doctores, enfermeros y enfermeras, preocupación, incertidumbre, dolor… es solo un poco de lo que Jovana debió soportar, por casi 24 horas, hasta ser atendida para dar a luz a su bebé.

La mañana del 28 de febrero, y tras comenzar a sentir los dolores pre-parto, Jovana Guadalupe Cruz Corral, de 24 años, acudió al Hospital General de Álamos para ser atendida, pero al ser revisada por el doctor Ochoa, del que desconoce el nombre, le dijo que regresara en cuatro horas pues no presentaba la suficiente dilatación.

Al volver, tras cuatro horas transcurridas, la atendió el doctor Pedro Hernández, quien le aseguró que el médico que la atendió durante la mañana se había equivocado en el diagnóstico.

“Me checó, me hizo el tacto y me dijo que no traía nada de dilatación. Me dijo que el doctor de la mañana estaba equivocado, que eran puras mentiras y me regresó. Me dijo que esperara a que me dieran los dolores más fuertes y a que tuviera desechos. Cosa que nunca pasó, nada más me daban los dolores. Iban aumentando pero no dilataba”.

Alrededor de las 4 de la tarde, aún en su casa, comenzó a sentir los dolores más fuertes y acudió nuevamente al hospital en donde fue recibida por el doctor Carlos Humberto Berrelleza Rivera, quien optó por internarla al no contar con ginecólogo, anestesiólogo ni pediatra.

Sin embargo, fue el mismo doctor quien en determinado momento comenzó a discutir con Enriqueta Corral Enríquez, madre de la paciente, e incluso la amenazó con tratar mal a su hija.

“Le dijo que se calmara, él como amenazándola. Le dijo que se calmara, que porque él no era el que perdía sino que perdía mi mamá porque a la que le iba mal iba a ser a mí, como que me iban a tratar mal ahí. Entonces le volvió a hablar y le explicó que me iban a trasladar a Navojoa, pero que estaban viendo en dónde me podían recibir”.

Jovana Guadalupe dijo a Proyecto Puente que el único médico ginecólogo en el hospital es el director del mismo, David Pérez Muro, pero no fue atendida en ningún momento por él.

La afectada asegura que los doctores en Álamos se preocupan solo por ver una serie y comer mientras regresan a los pacientes o los trasladan a Navojoa, la ciudad más cercana, por no hacerse responsables y no “ser interrumpidos”.

Al llegar al Hospital General de Navojoa, solo después de colocarle un catéter y sondearla, le aseguraron que padecía preeclampsia: una condición que se caracteriza por la alta presión arterial y signos de daños en órganos como riñón e hígado, que ponen en riesgo la vida de la madre y el bebé de no practicarse rápidamente el parto.

“Se fueron como avispas, seis o siete enfermeras contra ella y Jovana llorando. La sondearon, ya llevaba un catéter con suero, ya iba canalizada y agarraron el otro brazo y le metieron otro piquete. Sólo para que dijeran que ya la habían recibido así y que la aceptaran en Obregón”.

¿Cuál fue la sorpresa de Jovana y su familia? Enterarse que en Navojoa tampoco había un ginecólogo, por lo que tuvo que ser trasladada hasta ciudad Obregón, a una hora de Navojoa y dos de Álamos.

Al llegar, fue revisada tanto ella como su bebé, pero no pudieron realizar ultrasonido porque el único especialista llegaba al siguiente día, entre las 8:00 y las 9:00 horas.

Los dolores, la angustia, el temor y la desesperación comenzaron a apoderarse de ella y fue hasta las 8:00 horas del 1 de marzo, que iniciaron con las labores para ingresarla a quirófano y practicar una cesárea.

Al nacer el bebé, se percató de una mancha oscura que cubría parte del rostro, aunque los doctores le explicaron que se trataba de un “lunar de nacimiento”.

La señora Enriqueta Corral Enriquez argumenta que “los doctores no quieren trabajar”, que en ocasiones llegan a las citas en el hospital y deben esperar a que las enfermeras salgan de los consultorios tras platicar y maquillarse.

Es un pecado enfermarse un viernes por la noche, señala, porque el fin de semana no hay doctores que atienden y hasta por un dolor de cabeza deciden realizar el traslado a otros hospitales fuera del municipio.

La noche del 04 de marzo, una vecina de Jovana, también embarazada y con dolores de parto, fue trasladada hasta Navojoa; su bebé nació también con una mancha en el rostro.

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