Recordemos que Morena en Sinaloa ganó prácticamente todo lo que estaba en juego en las elecciones concurrentes. Foto: Adolfo Vladimir, Cuartoscuro.

Algunos de los problemas más frecuentes en nuestro sistema de partidos son la disciplina, la baja institucionalización y la descalificación dentro de la organización.

Veamos.

En Morena hay dos certezas en materia de dirigencias estatales y municipales: Una, que en varios estados no existe una dirigencia establecida sea porque fue destituida o porque el delegado renunció para incorporarse a la administración pública federal y la otra, una resolución del V Congreso Nacional extraordinario sobre que todas las elecciones internas se celebrarían en el mes de noviembre de este año.

Los delegados de aquel Congreso acordaron que en tanto llega la fecha el CEN de Morena nombraría delegados o presidentes provisionales, y es que urge, más que por razones político-electorales -dado que la mayoría de los estados no volverán a tener elecciones concurrentes hasta 2021-, es por razones político-administrativas.

Y es que, por ley, la instancia partidaria local es la que recibe y administra las prerrogativas electorales está llamado a cubrirse esta formalidad en forma expedita para crear un interlocutor institucional.

Entonces, la decisión que en otras condiciones no pasaría de ser un mero trámite administrativo no fue bien recibida por todos, como lo señalan algunas crónicas del pasado congreso extraordinario, y esto ha provocado resquemores y cierta morosidad en la ejecución de esta competencia del CEN de Morena.

El caso de Sinaloa es emblemático pues se dieron las dos hipótesis, la dirigencia estatal de Morena que fue destituida luego del desencuentro con AMLO por la nominación del candidato a gobernador en 2016 y la inmediata nominación de Raúl Elenes como delegado, quien hoy se desempeña como titular de CONAPESCA, por lo que aquella posición quedó acéfala y las circunstancias exigen que se restituya.

Recordemos que Morena en Sinaloa ganó prácticamente todo lo que estaba en juego en las elecciones concurrentes. Ganó la fórmula de mayoría del Senado de la República, los siete distritos federales, veintitrés de los cuarenta escaños del Congreso del Estado y las cuatro alcaldías más densamente pobladas del estado.

Ante la ausencia de una dirigencia o de un delegado estatal ha provocado una reacción natural en política, cómo bien lo señaló un día Jesús Reyes Heroles, cuándo afirmó que en “política no hay vacíos, porque estos se llenan” y en el caso sinaloense, este vacío lo han cubierto momentáneamente personajes de los poderes agrupados y representados.

Senadores, diputados federales y locales, alcaldes y hasta el superdelegado juegan a llenar ese vacío y fortalece cada uno de ellos sus propios grupos. Se habla así del grupo que encabeza el senador Rubén Rocha que hace lo imposible por ver crecer su liderazgo; el de la senadora Imelda Castro vinculada a la corriente de René Bejarano; el de Luis Guillermo Benítez, alcalde de Mazatlán y el del ex priista Gerardo Vargas que lidera el grupo político El Trébol y aspira a convertirse el candidato a gobernador en 2021.

Esto ha traído consigo la exacerbación de la ambición de los grupos internos. Quizá porque perciben que la decisión qué en breve habrá de tomar el CEN de Morena les resta poder y desearían qué, aunque es un asunto provisional, transitorio, se postularan candidatos o candidatas para una elección interna aun cuando saben que este tipo de competencia partidaria es irrenunciable y qué no habrá ningún tipo de elección entre militantes antes de noviembre.

Al menos un sector del CEN de Morena tiene como candidata a delegada a Alma Alcaraz Hernández, una sinaloense que hasta hace unos años militó en el PAN y qué hoy ocupa el cargo de presidenta del Comité Directivo Estatal de Morena en Guanajuato. Sería ella quien vaya a llenar ese cargo político-administrativo y preparé las elecciones internas de noviembre próximo.

Alcaraz Hernández es una militante que en Sinaloa llegó a ser Secretaría General del Comité Directivo Estatal, fue por este partido diputada federal y estatal, hasta que su grupo político fue desplazado por quienes hoy dirigen un partido que ha sido reducido a su mínima expresión y qué no se ve como puedan levantar nuevamente el vuelo.

Tiene experiencia partidaria y conocimiento del estado, quizá no tanto de los grupos de poder del morenismo, y eso la hace atractiva ante el CEN pues no tiene vinculo conocido con ninguno de los grupos existentes.

Sin embargo, los cuatro grupos de poder existentes en el estado y algunas personalidades del morenismo sinaloense, han dividido las opiniones entre quienes desean que se cubra ese cargo de inmediato y los que rechazan la decisión porque les resulta inaceptable el centralismo por lo que reclaman elecciones “para evitar que el “prianismo” asuma el control del partido”.

A estos no les vale que haya sido una resolución del Congreso Nacional extraordinario y que el CEN tenga un mandato para avanzar en la institucionalización de la vida interna del partido y este segmento exige que el nuevo delegado salga de los morenistas agrupados en el estado.

Así, lo leí, en un mensaje de Facebook a Maximiliano Ruiz, diputado federal, quién implícitamente llama a rechazar la nominación de Alma Alcaraz.

Los temas de fondo son dos. El de acatar o no acatar el mandato del congreso extraordinario y avanzar hacia la normalización de la vida interna de Morena por encima de personajes y grupos, lo que sería su gran contribución para el fortalecimiento de un sistema de partidos democráticos.

Cierto, además, esto pasa porque todos los próximos procesos internos sean por la vía institucional evitando el canibalismo político que tanto daño a provocado a las fuerzas de la izquierda mexicana.

En definitiva, estamos en un momento de definiciones políticas sin precedente en la historia de nuestro país y eso pasa por cambiar los estilos de hacer política, que no dudo se terminara imponiendo el CEN aun con toda la crítica de sectores del grupismo regional.