El asesinato del empresario Julio César Galindo cimbró a San Luis Potosí. Foto: Cuartscuro.

“Solo le pido a Dios que el dolor no me sea indiferente, que la reseca muerte no me encuentre sin haber hecho lo suficiente…”,
Mercedes Sosa.

Este lunes 1 de marzo vivimos un día muy triste en la Familia Coparmex: nuestro amigo, presidente del Centro Empresarial de San Luis Potosí, Julio César Galindo, fue asesinado a balazos frente a su hija, en pleno mediodía, por razones que aún no tenemos claras.

Para San Luis Potosí, la noticia de que un líder empresarial había sido abatido de esa manera, fue factor de movilización inmediata de policías, ministeriales, autoridades y políticos; y tal parece que ya se tienen importantes avances en las investigaciones para lograr que los culpables asuman las consecuencias.

Ante lo sucedido, es momento de cuestionar por qué ocurren este tipo de hechos en todo el país: Mi primer pensamiento recae en considerar que este incidente es el reflejo de una sociedad con un grado importante de descomposición, del cual somos responsables todos, pues hemos perdido poco a poco el equilibrio en nuestra escala de valores.

Ya no tenemos claro en dónde queda el fundamento de cada buena acción, la diferencia entre libertad y libertinaje, y sobre todo hemos perdido el sentido del valor de la vida.

Hemos construido una comunidad en la cual un pleito familiar, de amores, de dinero o negocios e incluso un incidente de tránsito, deriva en la pérdida de una vida humana.

En el escenario desolador que atestiguamos en nuestro país, es cada vez más recurrente ver los resultados de un creciente desigualdad social y económica que se traduce en niños y jóvenes reclutados por el crimen organizado e inmersos en problemas de adicciones que buscan refugio en una vida fácil, aunque sea corta.

En una sociedad donde no se respeta el estado de derecho y por consecuencia predomina la impunidad, se constituye un círculo vicioso que fomenta la reincidencia en la comisión de delitos, siendo estos cada vez más recurrentes y de mayor impacto social.

Nuestra esperanza de la recuperación del tejido social en México, parte de la educación en donde pongamos a la persona como centro de nuestros valores, una formación académica que les permita más oportunidades de mejores empleos para todos para que todos seamos incluidos en el desarrollo.

A la par, deberíamos apostar por los apoyos sociales y ayudas que siempre son valiosas cuando son bien destinadas y administradas.

También es necesario que las autoridades se comprometen a que la justicia y la rendición de cuentas sea las guías de nuestro actuar: Que sin importar las posiciones políticas, económicas o sociales, aquel que actúe mal asuma las consecuencias proporcionales a su conducta, desde las faltas menores, pero sobre todo en las graves.

Que las policías, en especial las municipales, se fortalezcan, se institucionalicen y profesionalicen, que se les pague bien y que pertenecer a un cuerpo de seguridad pública deje de ser uno de los empleos menos valorados y más denostados. Estamos convencidos de que una policía equipada, preparada y bien remunerada, puede inspirar el respeto y la autoridad necesarios en nuestra sociedad.

También se requiere una gran coordinación entre poderes y niveles de gobierno para que todos estén alineados por este bien mayor: el de la seguridad.

Hoy es nuestra oportunidad para “poner nuestro granito de arena” y ayudemos a mejorar nuestro entorno para que, como decía Mercedes Sosa ‘Dios nos ayude a no ser indiferentes y buscar ser parte de la solución’,

El problema es de todos y la solución también.