"Ni Programa. Ni Emergente. Ni Bienestar. Ni Empleo. Nada de eso fue el tan cacareado mensaje presidencial del domingo pasado en Palacio Nacional". Foto: Moisés Pablo, Cuartoscuro

“Ni Programa. Ni Emergente. Ni Bienestar. Ni Empleo. Nada de eso fue el tan cacareado mensaje presidencial del domingo pasado en Palacio Nacional”. Foto: Moisés Pablo, Cuartoscuro

+ Vacío de poder presidencial

+ ¿A dónde nos lleva AMLO?

“Anunciamos un total de 82 mil millones

de dólares para apoyar a nuestra gente y

a nuestra economía”: Justin Trudeau

Decepción. Desencanto. Enojo. Preocupación. Alerta. Cinismo. Póngale usted la etiqueta que quiera.

Ni Programa. Ni Emergente. Ni Bienestar. Ni Empleo. Nada de eso fue el tan cacareado mensaje presidencial del domingo pasado en Palacio Nacional.

Ni Presidente ni estadista. Un evidente vacío de poder presidencial y ausencia de liderazgo. Solamente el eterno líder opositor que no ha comprendido la dimensión histórica de ser Presidente de una República, de una nación. Un Presidente para todos y no sólo de su fanaticada. Que le hable y gobierne para un país entero y no sólo para sus seguidores. Tenemos un mandatario que insiste en ideologizar su programa de Gobierno bajo el socialismo más anacrónico y disfuncional. Que vive en un mundo alterno, divorciado de la dura realidad nacional y que está aplicando recetas económicas que ya probaron su fracaso en la década de los setenta.

Aislado con sus ideas estatistas en Palacio Nacional; extraviado en su propia fantasía histórica – un día se cree Benito Juárez, otro día se cree Lázaro Cárdenas, el domingo se perfiló como el Roosevelt tropical, aunque el retrato más certero de su propio yo es el que bosquejó con un Bolivar derrotado y echado en una hamaca-, Andrés Manuel López Obrador sigue empujando a México hacia el abismo financiero con su obsesión por socializar a la nación a través del dinero obsequiado (voto asegurado). Hasta ahora, es el Presidente de los tres ceros: cero crecimiento, cero inversión, cero empleos.

Empequeñecido ante el grave problema financiero que está provocando la pandemia del coronavirus que, siendo realistas, sólo es el jaque mate a la desastrosa política económica de AMLO que durante 16 meses se encargó de paralizar a la economía nacional, matar la confianza al Gobierno, expulsar inversiones, ahuyentar capitales, generar desempleo y terminar de quebrar a Pemex. Rebasado por las crisis económica y sanitaria que ya padecemos. Perdido en su soliloquio populista que cada vez menos creen, incluidos integrantes de su gabinete-florero. Aturdido por la realidad, López Obrador se empecina en ser el de siempre. No cambia. Ni cambiará.

En Palacio Nacional debe estar un Presidente.

Quien está ahora, es el eterno líder opositor.

Luego, entonces: se solicita Presidente.

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“A juzgar por su Informe presidencial dado ayer, aún no alcanza a percibir la gravísima situación económica que estamos enfrentando debido al Covid-19. El PIB del primer trimestre de este año fue ya definitivamente menor, probablemente en el orden del -2 por ciento, que el del último trimestre del año pasado. Pero esa es la buena noticia, la mala es que la producción que se tendrá en el trimestre actual, el que va de abril a junio, tendrá una caída mucho más pronunciada…El PIB del 2020 acabará contrayéndose entre un 6 y un 8 por ciento. Pero al parecer, el Presidente López Obrador no ha sido informado acerca de lo anterior…”, advirtió el lunes pasado Carlos Urzúa, en su colaboración en El Universal. Sí, el ex Secretario de Hacienda de la 4T. Sí, el mismo que en julio de 2019 le renunció a AMLO. Sí, quien ahora reprueba de punta a punta – con cifras y argumentos – el lánguido mensaje presidencial del domingo anterior.

AMLO no sólo se quedó corto en su propuesta económica. No sólo se negó a apoyar de manera directa a los pequeños y medianos empresarios o negocios que integran al 80 por ciento del empresariado nacional y que generan 8 de cada 10 empleos. ¿Cómo pudo apoyarlos? Eximiéndolos, por ejemplo, del pago de luz durante abril y mayo. O no pagando impuestos en ambos meses. O dándoles directamente apoyos financieros (¿les gustan 50 mil pesos por negocio?) para apoyar salarios de empleados y gastos. ¡Apoyos de esta naturaleza, carajo! Pero no. AMLO prefirió remarcar que seguirá exprimiendo los fideicomisos y reservas para seguir subsidiando sus programas sociales e inyectándole 65 mil millones de pesos a Pemex, cuyos bonos ya son considerados prácticamente “bonos basura” para los inversionistas.

AMLO no sólo se empecina en socializar a la economía, sino que de igual forma, el domingo pasado, recurrió a uno de los sellos favoritos de su Gobierno y, en particular, de sus homilías mañaneras: la mentira. Echemos un vistazo a las falsedades dominicales:

“Desde hace 3 meses, antes que otros gobiernos en el mundo, empezamos a emitir recomendaciones preventivas (sobre el coronavirus)…”. MENTIRA. El uno de febrero pasado, AMLO dijo textual: “No debe haber alarma, se piensa que el coronavirus no es tan dañino”. 12 de marzo: “Hay que abrazarse, no pasa nada”. 14 de marzo: AMLO besa y chupa el cachete de una niña de 4 años de edad. 15 de marzo: “No nos van a hacer nada los infortunios ni las pandemias”. Uno de abril: el diario The Washington Post  otorgó a López Obrador, Donald Trump y al brasileño Bolsonaro, el grado de los peores presidentes en cuanto a enfrentar el coronavirus.

“Vamos a crear en nueve meses, 2 millones de nuevos empleos…”. MENTIRA. Los expertos financieros aseguran que, en el mejor de los escenarios, la cifra máxima llegará a 600 mil empleos. Sin embargo, el Consejo Coordinador Empresarial advierte que con la caída del PIB en 2020, se perderán alrededor de 800 mil empleos formales.

“Desde antes de la aparición del coronavirus ya habíamos recorrido ochenta hospitales del IMSS-Bienestar…Se creó el INSABI para garantizar la atención médica y medicamentos gratuitos…Estamos trabajando para que no falten medicinas ni personal de salud…”. MENTIRA. Desde 2019 se ha padecido en México por falta de medicamentos, debido a que la Secretaría de Salud metió freno al gasto y sólo ejerció 2,465 millones de pesos de los 5,839 millones de pesos que tenía que haber ejercido. El sector salud gastó 57.7 por ciento menos que en enero del año pasado, provocando desabasto de medicinas. No se utilizó, por ejemplo, para pruebas de coronavirus o en infraestructura hospitalaria.

“Se cumplirá con el compromiso de devolver el IVA con prontitud a los contribuyentes, como me lo han solicitado los representantes del sector empresarial…”. MENTIRA. Este procedimiento fiscal ya está incluido en la ley y no forma parte de ninguna nueva estrategia para enfrentar la crisis actual.

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“Primero es el bienestar del pueblo y después lo mismo, el bienestar del pueblo…”, dijo AMLO desde Palacio Nacional. La pregunta, entonces, es: ¿Quién es el pueblo para López Obrador? Sencillo: quienes están con él, quienes le aplauden, quienes votan por su proyecto. Los demás, los que disienten, los que lo cuestionan, quienes le critican, son sus enemigos. Los conservadores que tanto alucina el Presidente.

Hoy por hoy, México está en un grave riesgo de volver a las crisis económicas de los setentas, precisamente, porque AMLO está aplicando medidas de los setentas: gastar el dinero de manera irresponsable, estatizando a la economía, crucificando a los pequeños y medianos empresarios, mintiendo sobre los “enemigos de la patria”.

“Me viene a la memoria de que cuando a Simón Bolivar enfermo, acostado en una hamaca, casi derrotado y en medio de la desolación, alguien le preguntó: ¿Y ahora que va a hacer usted, general? Y el libertador respondió, con loca pasión: triunfar, triunfar…”, citó AMLO el domingo anterior.

López Obrador en la hamaca. Así se visualiza.

López Obrador casi derrotado y en medio de la desolación. Así se visualiza.

López Obrador y su “triunfar, triunfar”. Así se visualiza.

Bien, pero, ¿a qué precio para todos?

¿A dónde nos lleva López Obrador?

TW @_martinmoreno

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