Foto migrantes

“El cuidado de la salud no cobra el mismo significado cuando se atraviesa por un proceso migratorio, en dónde salir de nuestro lugar de origen es una decisión que golpea fuertemente nuestro balance por la repetida violación de nuestros derechos humanos”. Foto: Isabel Mateos, Cuartoscuro.

Por Montserrat Capilla*

@Sinfronteras_1

Desde 1948, el día 7 de abril se celebra el Día Mundial de la Salud, conmemorando la creación de la OMS, quienes apoyan e impulsan la Salud como un Derecho Humano Universal, sin importar nuestro lugar de origen, sexo, raza, orientación sexual, religión, condición económica y social; pero en la práctica, ¿realmente está al alcance de todos?

La salud, desde los conceptos la OMS, es entendida como un estado de completo bienestar, físico, emocional y social, lo cual resulta una búsqueda inalcanzable, pues si bien, se reproduce socialmente la idea del cuidado individualizado, en donde cada uno de nosotros es responsable de sí mismo; de velar por que nuestra alimentación sea sana y adecuada a nuestras necesidades, dar espacios para ejercitarnos, ejercitar la mente, trabajar por nuestro crecimiento, dormir lo suficiente; prometiendo que llevar estas acciones nos mantendrá sanos sin importar más, entonces, ¿por qué es tan complicado mantenernos sanos? Esta visión de la salud deja de lado un montón de problemáticas, no sílo de las personas como seres individuales, sino también problemas sociales, institucionales, económicas y gubernamentales.

Las personas, en todas esferas de nuestra vida –trabajo, educación, vida espiritual, relaciones con los otros, relaciones con nosotros mismos, etcétera–, somos seres sociales, dependemos, no sólo de nuestro esfuerzo, si no de nuestra posición socio-cultural y nuestra relación con los otros. Nuestra salud, de la misma manera, está atravesada por distintos factores; nuestra historia de vida, nuestras creencias, la forma en que nuestro espacio social nos transmitió la información sobre nuestra salud, lo cual también influye en la información a la que tenemos acceso, las herramientas con las que contamos, tener acceso a servicios de calidad y con trato digno, los recursos humanos e instrumentales con los que cuente la institución a la que tengamos acceso, la capacitación y sensibilización del personal que nos atienda, si contamos con un trabajo o si atravesamos por algún momento emocional, contar con redes de apoyo, entre muchos otros factores que podríamos enlistar interminablemente. Desde luego, el cuidado de la salud no cobra el mismo significado cuando se atraviesa por un proceso migratorio, en dónde salir de nuestro lugar de origen es una decisión que golpea fuertemente nuestro balance por la repetida violación de nuestros derechos humanos y la escasa respuesta de los gobiernos para garantizar el cumplimiento de estos mismos.

Es de suma importancia que se atiendan las necesidades de la población migrante tomando en cuenta las particularidades, de forma integral y multidisciplinaria, con una visión de justicia social, derechos humanos y de género.

El acceso a la salud es también tener acceso a una vida digna.

*Psicóloga de Sin Fronteras IAP