México

Las zonas con severos daños del medio ambiente suman 78% de las muertes por COVID-19: Semarnat

08/05/2020 - 2:02 pm

Estudios como los realizados por la Universidad Martín Lutero de Halle-Witternberg (Alemania) han comenzado a señalar la correlación entre los elevados niveles de dióxido de nitrógeno y el alto número de muertes por COVID-19. El documento, publicado en Science of the Total Enviroment, combina datos de contaminación atmosférica, corrientes de aire y fallecimientos confirmados relacionados con la COVID-19 y apunta a que las regiones con niveles de contaminación permanentemente altos tienen “significativamente más muertes que otras regiones”.

Ciudad de México, 8 de mayo (SinEmbargo).- El 78 por ciento de las defunciones por COVID-19 registradas en México se ha concentrado en las zonas con mayor impacto ambiental, que abarca del Río Santiago con espuma blanca con tóxicos, en Jalisco, hasta el Río Coatzacoalcos, en Veracruz, informó la Secretaría del Medio Ambiente Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

Hasta el corte del 7 de mayo, México reportaba 2 mil 961 defunciones por COVID-19, de las cuales 257 se confirmaron en las últimas 24 horas. En total, en el país se han registrado 29 mil 616 casos positivos. 7 mil 802 son clasificados como activos, es decir, los que se registraron en los últimos 14 días.

De acuerdo con el titular de la Semarnat, Víctor Toledo Manzur, la concentración de los decesos en una zona de alto impacto ambiental es señal que en México y el mundo existe una doble crisis sanitaria a resolver

“Esto revela una doble crisis sanitaria que urge resolver, ya que una vez más queda demostrada la interconexión que existe entre la salud ambiental y la salud humana”, destacó durante la cuarta reunión de seguimiento del Toxitour.

Al concluir la Caravana #ToxiTourMéxico en diciembre, científicos, parlamentarios europeos y estadounidenses, y 20 observadores internacionales quedaron sorprendidos por las violaciones a derechos humanos por parte de un tramado de empresas trasnacionales –como Volkswagen, Audi, Honda, Bayer, Cargill, Apasco– que generan contaminación, devastación ambiental y con ello cáncer, insuficiencia renal, retraso mental y fluorosis dental en poblaciones de la región central de México, ahora más vulnerables ante la COVID-19.

El funcionario federal Toledo recordó que una de las primeras problemáticas socioambientales y de salud que asumió como cabeza de la Semarnat fue la contaminación de ríos y cuencas, ya que es un pendiente ambiental que ha costado la vida a muchas personas y quienes lo padecen actualmente se vuelven más vulnerables ante la pandemia.

Sobre el Río Santiago, un estudio de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí entregado desde 2011 a la Comisión Estatal del Agua (CEA) de Jalisco, que a su vez notificó a la Secretaría de Salud estatal, advirtió que en promedio 40 por ciento de niños de la zona tenía metales pesados en sus cuerpos como plomo o cadmio que se quedan en el organismo por décadas.

En una muestra de 330 niños de seis poblados aledaños al río, el arsénico (relacionado con cáncer) estuvo presente en más del 40 por ciento de los niños de Juanacatlán y La Cofradía; el cadmio (causa daño renal) fue hallado en 98 por ciento de menores de El Salto, 71 por ciento de Juanacatlán, y 84 por ciento en la Cofradía y en 77 por ciento de los de Puente Grande. La presencia de plomo en la sangre de los niños muestreados de Juanacatlán estuvo en el 93 por ciento, y del 60 al 80 por ciento de los niños de El Salto y Juanacatlán presentaron ácido mucónico por ingesta de benzeno, un contaminante asociado a cáncer.

Mala calidad del aire en el poniente de la capital Mexicana. Foto: Victoria Valtierra, Cuartoscuro.

Por su parte, la directora del Conacyt, María Elena Álvarez-Buylla, recalcó la importancia de sustentar la doble emergencia sanitaria, ya que “no solo desnuda las condiciones de vida precarias asociadas a muchas enfermedades crónico-degenerativas y que llevan a las persona afectadas por el COVID-19 a un desenlace trágico, sino que se añade el fenómeno de la toxicidad ambiental y sus implicaciones, lo cual recrudece los efectos de salud de otras enfermedades”.

Álvarez-Buylla adelantó que se busca construir un Sistema Nacional de Toxicología como una alternativa de investigación e incidencia que contribuya en la solución de los problemas socioambientales en México.

“El compromiso es echar a andar este proyecto con altísima prioridad y darle el presupuesto necesario para atender, desde la articulación de las capacidades de humanidades, ciencias, tecnologías e innovación, esta emergencia que se sobrepone con la nueva emergencia que representa el COVID-19”, apuntó.

Mientras el titular de Salud, Jorge Alcocer Varela, consideró que el arribo del COVID-19 al país también ha permitido descubrir que es posible ayudar a la recuperación de la salud ambiental.

Ejemplificó que las medidas de confinamiento en países como China permitieron “una importante recuperación en el aire y el agua”, y abrió la posibilidad de revertir toda la complejidad que enfrentan estas regiones.

CONTAMINACIÓN Y COVID

Estudios como los realizados por la Universidad Martín Lutero de Halle-Witternberg (Alemania) han comenzado a señalar la correlación entre los elevados niveles de dióxido de nitrógeno y el alto número de muertes por COVID-19.

El citado estudio, que fue publicado en Science of the Total Enviroment, combina datos de contaminación atmosférica, corrientes de aire y fallecimientos confirmados relacionados con la COVID-19 y apunta a que las regiones con niveles de contaminación permanentemente altos tienen “significativamente más muertes que otras regiones”.

El dióxido de nitrógeno es un contaminante del aire que daña el tracto respiratorio y desde hace años que se sabe que causa muchos tipos de enfermedades respiratorias y cardiovasculares.

El autor principal de la investigación, Yaron Ogen, advierte de que este es “solo un indicio inicial” sobre la correlación entre contaminación, movimiento del aire y la gravedad de los brotes de coronavirus, por lo que se debería hacer en otras regiones para “ponerse en un contexto más amplio”.

El estudio combina tres tipos de datos, entre ellos los niveles de contaminación regional de dióxido de nitrógeno medidos por el satélite Sentinel 5P de la Agencia Espacial Europea (ESA), que monitoriza continuamente la contaminación del aire en la tierra.

El experto elaboró con esos datos un panorama mundial de las regiones con cantidades elevadas y prolongadas de contaminación por dióxido de nitrógeno y se fijó en los valores de enero y febrero de este año, antes de que el brote de coronavirus llegara a Europa.

Después combinó esos datos con otros sobre flujos verticales de aire procedentes de la Administración Nacional de Océanos y Atmósfera de Estados Unidos (NOAA).

Si el aire está en movimiento, los contaminantes cerca del suelo también están más diseminados, pero si el aire tiende a permanecer cerca del suelo, eso “también se aplicará a los contaminantes del aire, que entonces es más probable que sean inhalados por los seres humanos en mayores cantidades y, por tanto, conducir a problemas de salud”, agrega la nota.

En la Ciudad de México el transporte público y privado, y la industria son los principales precursores de ozono y partículas PM2.5 y 10, de acuerdo con la Secretaría de Medio Ambiente local. Desde finales de marzo, ante el llamado a quedarse en casa y el cierre de actividades no esenciales, el flujo vehicular y movilidad se ha reducido entre 60 y 70 por ciento en promedio, y el uso del metro y metrobús otro 50 por ciento, ha informado el Gobierno local.

“El simple hecho de estar exhalando estamos contaminando. La diferencia es que se reduce el porcentaje de la contaminación atmosférica por la cuarentena. Si pasamos a la fase 3, y prohiben la circulación a excepto de patrullas y carros autorizados para surtir mercados y farmacias, habrá menos tráfico. Lo interesante es qué sucederá después cuando se empiece a reactivar la economía”, planteó el investigador ambiental Gustavo Sosa. “Es un proceso de incertidumbre. Cómo será nuestro comportamiento para no generar contaminación una vez que pase este episodio de la epidemia”.

DAÑOS A LA SALUD 

La contaminación del aire representa un riesgo para la salud y una carga de morbilidad derivada de accidentes cerebrovasculares, cánceres de pulmón y neumopatías crónicas y agudas, entre ellas el asma. La contaminación atmosférica en las ciudades y zonas rurales de todo el mundo provoca cada año 4.2 millones de defunciones prematuras, más de casi el millón causadas por el coronavirus en lo que va este 2020, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En 2017 el Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud (IHME) estimó para México un total de 48 mil 072 muertes prematuras a causa de la contaminación del aire.

Los daños a la salud dependen de las condiciones físicas del individuo que se encuentra expuesto, el tiempo de exposición, la concentración y tipo del contaminante que pueden ir desde molestias leves en el sistema respiratorio, el agravamiento de síntomas preexistentes o enfermedades pulmonares y en casos extremos la muerte.

Monterrey, Nuevo León, con contaminación atmosférica. Foto: Cuartoscuro/Archivo.

Para la población más sensible a la alta contaminación por ozono, la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe) recomienda evitar hacer actividades al aire libre entre la una y las siete de la tarde; en caso de molestias en ojos, garganta o nariz, procurar mantenerse en lugares cerrados y si las molestias continúan, acudir al médico.

A la población en general, pide informar sobre incendios forestales al teléfono 01 800-INCENDIO (4623-6346); compartir el auto y caminar distancias cortas; reducir el tiempo de baño a un máximo de cinco minutos para reducir las emisiones por la quema de combustible y cocinar los alimentos tapando las ollas y sartenes.

-Con información de EFE y Dulce Olvera

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