“Así, el pasado 20 de agosto de 2018, Greta decide plantarse afuera del Parlamento sueco con una cartulina donde llama a la huelga escolar por el cambio climático (Skolstrejk för Klimatet), lo que constituye el embrión del movimiento Friday’s for future”. Foto: Twitter, @GretaThunberg

En un viaje que realicé recientemente a España hice la visita inevitable a la inmensa librería La Casa del Libro ubicada en la Gran Vía madrileña. Ahí, llamó mi atención la portada de un libro donde una adolescente de rostro caucásico, trenzas largas, una chaqueta amarilla para la lluvia y que sostenía un cártel que decía Cambiemos el Mundo (Editorial Lumen), su autora, es Greta Thunberg que ha decidido dedicar sus esfuerzos a la lucha contra el cambio climático.

La de Greta es una historia inspiradora pues forma parte de una familia promedio del norte de Europa, de las que técnicamente están pensadas en clave de relevo generacional, sus padres Malena Ernman una cantante de ópera y su padre el actor Svante Thunberg y Beata su hermana menor.

Se dice que está joven nórdica tomó conciencia de la gravedad del cambio climático cuando a los once años vio en su escuela un documental sobre los efectos destructivo del vertido de plásticos a los océanos y esas imágenes la habrían sacudido al punto de caer en depresión que la llevó a perder el habla y a dejar de comer.

Sus padres alarmados la asistieron con médicos y estos les detectaron el síndrome de Asperger, un “autismo de alto funcionamiento y trastorno obsesivo-compulsivo” que entre sus manifestaciones más acusadas esta la que deriva en una fijación en un tema concreto en este caso el del cambio climático. Y qué según su padre, está aumentando de manera explosiva producto de una “sociedad tóxica en la que todo debe ir a más y cada vez más rápido” y, cómo no llegar a esa conclusión, cuándo su otra hija también padece el síndrome.

Así, el pasado 20 de agosto de 2018, Greta decide plantarse afuera del Parlamento sueco con una cartulina donde llama a la huelga escolar por el cambio climático (Skolstrejk för Klimatet), lo que constituye el embrión del movimiento Friday’s for future, que hoy se ha irradiado por el mundo, como lo demuestra que el pasado 15 de marzo, congregó aproximadamente  1.6 millones de personas en 133 países que se suman a la demanda mundial por un combate decidido a las actuales políticas medioambientales especialmente de los gobiernos de las grandes potencias.

Efectivamente, en nueve meses está jovencita, se ha transformado en un referente pero, sobre todo, una voz que alerta sobre daños que estamos provocando en nuestro planeta con nuestro estilo de vida. Su figura menuda ha crecido al grado de hay quienes la postulan para recibir este año el Premio Nobel de la Paz. Sus discursos son contundentes en nombre de Climate Justice Now, cómo lo demuestra los dos párrafos siguientes:

Mi nombre es Greta Thunberg. Tengo 15 años. Soy de Suecia. Hablo en nombre de Climate Justice Now (…) Ustedes sólo hablan del crecimiento económico verde y eterno, porque tienen demasiado miedo de no ser populares. Sólo hablan sobre seguir adelante con las mismas malas ideas que nos metieron en este desastre, incluso cuando lo único sensato que pueden hacer es poner el freno de emergencia. No son lo suficientemente maduros para decir las cosas como son. Incluso esa carga nos la dejan a nosotros los niños. Pero a mí no me importa ser popular. Me preocupo por la justicia climática y por el planeta (…) Nuestra biósfera se está sacrificando para que las personas ricas en países como el mío puedan vivir de lujo. Son los sufrimientos de muchos los que pagan por el lujo de unos pocos (…) Ustedes dicen que aman a sus hijos por encima de todo, pero les están robando su futuro ante sus propios ojos (…) Necesitamos mantener los combustibles fósiles en el suelo y debemos centrarnos en la equidad. Y si las soluciones dentro del sistema son tan imposibles de encontrar, tal vez deberíamos cambiar el sistema en sí mismo. No hemos venido aquí a rogar a los líderes mundiales que se preocupen. Nos han ignorado en el pasado y nos volverán a ignorar. Nos hemos quedado sin excusas y nos estamos quedando sin tiempo. Hemos venido aquí para hacerles saber que el cambio está llegando, les guste o no. El verdadero poder pertenece a la gente. Gracias.

Greta Thunberg ante la Cumbre del Clima de las Naciones Unidas, 2018

Nuestra casa está en llamas. Según el IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático), estamos a 12 años de poder resolver nuestros errores. En Davos, a la gente le gusta hablar sobre el éxito, pero su éxito financiero ha tenido un precio inimaginable, y en cuanto al cambio climático, debemos reconocer que hemos fracasado. Todos los movimientos políticos en su forma actual, ya lo han hecho, y los medios de comunicación no han logrado generar una mayor conciencia pública sobre el tema. Pero el homo sapiens aún no ha fallado. Si, estamos fallando, pero aún hay tiempo para cambiar todo (…) Resolver el cambio climático es el desafío más grande y complejo que ha enfrentado el homo sapiens. La solución, sin embargo, es muy simple, que incluso un niño pequeño podría entender. Tenemos que detener nuestras emisiones de gases de efecto invernadero (…) O bien, evitamos que las T° aumenten sobre los 1,5 °C o no lo hacemos. O evitamos la reacción en cadena de los ecosistemas que se deshacen o no lo hacemos. O elegimos continuar como civilización o no. Los adultos dicen: Tenemos que dar esperanzas a la próxima generación. Pero no quiero tu esperanza, ni quiero que la tengas. Quiero que entres en pánico, que sientas el miedo que yo siento todos los días, y luego quiero que actúes (…) Quiero que actúes como si tu casa estuviera en llamas, porque eso es lo que está pasando.

Greta Thunberg ante la Asamblea Anual del Foro Económico Mundial, 2019

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