En realidad la Senadora retorna a donde antes estaba, regresa a su majada, y pienso que muestra un síndrome porque de eso ya hay muestras evidentes de otros que se apartan aunque no sean senadores. Foto: Mario Jasso, Cuartoscuro.

El de Lilly Téllez es, en verdad, un síndrome. Revela signos de una enfermedad política mayor que a lo largo de los meses y años que vienen se irá manifestando de manera más franca, abierta, indubitable. Puede convertirse en epidemia. No se trata de una simple traición, que lo es, sino de reconocer que en política no basta echar las redes al lago y, salga lo que salga en pesca, encaramarlo en importantes puestos de poder haciendo a un lado principios, identidades, congruencias, para “acumular fuerza política”, aunque luego deserten para regresar a los orígenes que troquelan y no se desvanecen.

Eso lo que más exhibe son los límites de la primacía de un movimiento con líder carismático y unipersonal por encima de lo que es un genuino partido político, más si lo consideramos inserto en una democracia, así sea precaria, como la mexicana. La señora Téllez, para salir del enredo, mintió, simuló y generó, quizá sin proponérselo, que los dirigentes del PAN hicieran lo mismo, encabezados por un Marko Cortés y el Senador Mauricio Kuri, líderes sin base y absolutamente erráticos. 

Nos dijo la sicofante estar “más que harta de la partidocracia mexicana”, estado emocional localizable en muchos espacios de la vida pública nacional. Pero no lo logra, no se le cree, ni genera confianza. Si así fuera, frente a ese mal tenía abiertas tres puertas, dos de congruencia: renunciar al cargo o permanecer en él como ave solitaria en su curul durante cuatro años más. Pero optó por la tercera: como el cargo senatorial da beneficios munificentes, se “resignará” a quedar bajo el alero del PAN, precisamente una organización que ha sido pieza clave de esa partidocracia molesta que denosta ahora ella, como si fuera una ingenua quinceañera engañada.

Y como el cretinismo no tiene límites, se adentró en otras mentiras que ofenden a todos por el cargo que ocupa, pagado con impuestos, y en franco deterioro de la institución senatorial. Más de lo que está, afirmo. Trata de presentarnos a Andrés Manuel López Obrador como un simple cabrito mamón al que lo define y caracteriza la ingenuidad. Lo hace empleando el viejo truco de presentarlo como “un hombre bueno pero engañado por un pandilla de malvados”, en este caso los grupos radicales de izquierda que se apoderaron de la agenda del país que, imagínese, han “envenenado al Presidente”. ¡Tan cándido que es el de Macuspana! 

A la señora Téllez le falla el sentido común para explicar su deserción: si algo tiene López Obrador es que, bien a bien, sabe una cosa, pero grande, como aquella que indica un memorable poeta griego al explicar la ventaja de ser zorro frente a la de saber clavar mortíferas púas como el erizo. La cita es clásica. Quiere la señora, además, que comulguemos con ruedas de molino de que alguien, poco menos que segundón, le administre el cerebro –y por tanto la voluntad– al Presidente. Lo engañan y lo descarrilan. ¡Válgame!

Esos ultras que la sonorense ve malogrando la Cuatroté, por si no lo sabe, tienen sus homólogos en el PAN, como El Yunque y los olvidados dhiacos; pero hay que subrayarlo: ahí sí pesan, por si no lo sabía. Tengo para mí, y lo quiero decir claramente: la protegida de Ricardo Salinas Pliego salió de Guatemala para ir a Guatepeor. No lo ignora: la dieta es grande, y le ve futuro al dueño de Elektra, quien es exmiembro de la “mafia del poder” por obra y gracia de la Cuatroté, que además lo adoptó como asesor, pero que ha sido uno de los empresarios consentidos del poder desde tiempos del “innombrable” Carlos Salinas de Gortari y ha utilizado su posición para colocar personeros, como a su hija Ninfa Salinas Sada, vía el Partido Verde en tiempos de Calderón, y a la experiodista de TV Azteca, Lilly Téllez, entre otros.

En realidad la Senadora retorna a donde antes estaba, regresa a su majada, y pienso que muestra un síndrome porque de eso ya hay muestras evidentes de otros que se apartan aunque no sean senadores, como el mirrey Bartlett, que de la noche a la mañana se convirtió en proveedor privilegiado del sector salud federal, por ejemplo, y los muchos disensos que vendrán cuando se empiecen a nombrar candidaturas, sobre todo las de mayor rango. El que quede fuera del reparto, tomará las de Villadiego. Al tiempo.

Varias voces se hicieron escuchar en esta deserción. Algunas interiores en Morena llaman la atención para que el partido sea más exigente y demandante con las candidaturas. A esta se suma la de Sabina Berman, figura pro AMLO en la intelectualidad, quien felicitó a la Téllez por su congruencia antifeminista que la refugió en el PAN de los hipócritas contrarios a la interrupción legal del embarazo, la eutanasia y el matrimonio igualitario. 

Los que debieran estar preocupados, ahora, son los propios jefes del PAN que le abrieron las puertas del partido, donde aparecen Cortés y Kuri como jefes de recepción. La causa es sencilla y la veo, al menos, en que el partido se debe poner en guardia contra la traidora y debe hacerlo a cabalidad, pues el que recibe el favor de la traición no puede esperar menos que eso. Se sabe de antaño: no confiar en los traidores es regla de oro. Por lo demás, negro espectáculo muestra el PAN de cara a los ciudadanos, que ya hasta se apresuró a invitar al perredista Miguel Ángel Mancera.

Retomo lo que afirmé al inicio: se trata de un síndrome y vendrán otros hechos de la misma especie; se pueden apellidar Monreal, Bonilla y otros integrantes muy diestros en el arte de cambiar de piel.