Trabajadores en el cementerio municipal San Lorenzo Tezonco en el oriente de Ciudad de México dijeron durante entrevistas con The Associated Press que han enterrado más cuerpos en las últimas semanas que lo que jamás habían visto antes.

Por Marco Ugarte

CIUDAD DE MÉXICO (AP).— Sepultureros y trabajadores de crematorios en México luchan por mantener el ritmo mientras el país registra cada vez más muertes por coronavirus y al mismo tiempo se alivian gradualmente algunas restricciones para contener la propagación de la enfermedad.

Trabajadores en el cementerio municipal San Lorenzo Tezonco en el oriente de Ciudad de México dijeron durante entrevistas con The Associated Press que han enterrado más cuerpos en las últimas semanas que lo que jamás habían visto antes.

Antonio García dijo que actualmente cava entre 15 y 20 tumbas al día, y ha enterrado a más de 500 víctimas de coronavirus.

Un empleado de crematorio prepara un horno para una víctima de COVID-19 en el Panteón San Nicolás Tolentino en la Alcaldía Iztapalapa en Ciudad de México el jueves 4 de junio de 2020.

Un empleado de crematorio prepara un horno para una víctima de COVID-19 en el Panteón San Nicolás Tolentino en la Alcaldía Iztapalapa en Ciudad de México el jueves 4 de junio de 2020. Foto: Marco Ugarte, AP

Panorama de la Alcaldía Iztapalapa en Ciudad de México el miércoles 3 de junio de 2020. Empleados del cementerio municipal San Lorenzo Tezonco en Iztapalapa dicen que han enterrado más cuerpos en las últimas semanas de lo que jamás han visto.

Panorama de la Alcaldía Iztapalapa en Ciudad de México el miércoles 3 de junio de 2020. Empleados del cementerio municipal San Lorenzo Tezonco en Iztapalapa dicen que han enterrado más cuerpos en las últimas semanas de lo que jamás han visto. Foto: Marco Ugarte, AP

Jorge Eduardo Morales, izquierda, retira el cuerpo de una víctima de COVID-19 para llevarlo al crematorio del Panteón San Nicolás Tolentino en donde trabaja desde que tiene 18 años, en la Alcaldía Iztapalapa en Ciudad de México el martes 2 de junio de 2020.

Jorge Eduardo Morales, izquierda, retira el cuerpo de una víctima de COVID-19 para llevarlo al crematorio del Panteón San Nicolás Tolentino en donde trabaja desde que tiene 18 años, en la Alcaldía Iztapalapa en Ciudad de México el martes 2 de junio de 2020. Foto: Marco Ugarte, AP

El músico de cementerio Víctor Dzib Cima, de 70 años, toca su acordeón mientras espera clientes cuando trabajadores de cementerio retiran ataúdes de tumbas que pertenecen a familiares que dejaron de pagar alquiler en el cementerio San Nicolás Tolentino, en donde ha trabajado a cambio de propinas durante 22 años en la Alcaldía Iztapalapa en Ciudad de México el viernes 22 de mayo de 2020.

El músico de cementerio Víctor Dzib Cima, de 70 años, toca su acordeón mientras espera clientes cuando trabajadores de cementerio retiran ataúdes de tumbas que pertenecen a familiares que dejaron de pagar alquiler en el cementerio San Nicolás Tolentino, en donde ha trabajado a cambio de propinas durante 22 años en la Alcaldía Iztapalapa en Ciudad de México el viernes 22 de mayo de 2020. Foto: Marco Ugarte, AP

Un perro callejero duerme entre las tumbas en el Panteón San Nicolás Tolentino mientras los trabajadores hacen espacio para más entierros durante la pandemia de COVID-19 en la Alcaldía Iztapalapa en Ciudad de México el miércoles 27 de mayo de 2020.

Un perro callejero duerme entre las tumbas en el Panteón San Nicolás Tolentino mientras los trabajadores hacen espacio para más entierros durante la pandemia de COVID-19 en la Alcaldía Iztapalapa en Ciudad de México el miércoles 27 de mayo de 2020. Foto: Marco Ugarte, AP

Arturo Morales Torres, responsable de varios cementerios públicos, habla en su celular frente a un mural de un esqueleto y huesos que decora el exterior del Panteón San Nicolás Tolentino en la Alcaldía Iztapalapa en Ciudad de México el jueves 4 de junio de 2020 durante la pandemia del nuevo coronavirus.

Arturo Morales Torres, responsable de varios cementerios públicos, habla en su celular frente a un mural de un esqueleto y huesos que decora el exterior del Panteón San Nicolás Tolentino en la Alcaldía Iztapalapa en Ciudad de México el jueves 4 de junio de 2020 durante la pandemia del nuevo coronavirus. Foto: Marco Ugarte, AP

Trabajadores con equipo protector durante la pandemia del nuevo coronavirus retiran un ataúd después de colocar un cuerpo en el horno en el crematorio del Panteón San Nicolás Tolentino en la Alcaldía Iztapalapa, Ciudad de México, el jueves 4 de junio de 2020.

Trabajadores con equipo protector durante la pandemia del nuevo coronavirus retiran un ataúd después de colocar un cuerpo en el horno en el crematorio del Panteón San Nicolás Tolentino en la Alcaldía Iztapalapa, Ciudad de México, el jueves 4 de junio de 2020. Foto: Marco Ugarte, AP

El rostro de Melvin Sanaurio cubierto de tierra después de pasar una hora cavando una tumba en el cementerio San Lorenzo Tezonco Iztapalapa en donde ha trabajado durante 15 años, mientras ayuda a hacer espacio para más entierros en una sección para las víctimas de COVID-19 en la Alcaldía Iztapalapa en Ciudad de México, el martes 2 de junio de 2020.

El rostro de Melvin Sanaurio cubierto de tierra después de pasar una hora cavando una tumba en el cementerio San Lorenzo Tezonco Iztapalapa en donde ha trabajado durante 15 años, mientras ayuda a hacer espacio para más entierros en una sección para las víctimas de COVID-19 en la Alcaldía Iztapalapa en Ciudad de México, el martes 2 de junio de 2020. Foto: Marco Ugarte, AP

Melvin Sanaurio, frente, cava una tumba en el cementerio San Lorenzo Tezonco en Ciudad de México el martes 2 de junio de 2020 durante la pandemia del nuevo coronavirus. "En cada una de ellas nos demoramos más de una hora", dijo Sanuario.

Melvin Sanaurio, frente, cava una tumba en el cementerio San Lorenzo Tezonco en Ciudad de México el martes 2 de junio de 2020 durante la pandemia del nuevo coronavirus. “En cada una de ellas nos demoramos más de una hora”, dijo Sanuario. Foto: Marco Ugarte, AP

Su agotado colega, Melvin Sanuario, se limpia tierra del rostro. “En cada una de ellas nos demoramos más de una hora”, dijo.

El trabajo es física y emocionalmente agotador, y los trabajadores constantemente tienen temor de infectarse. Se vuelve incluso peor cuando tienen que usar trajes de plástico blanco anticontaminantes que sellan el calor y sudor cuando bajan los ataúdes y tapan las tumbas.

“Entre el calor y la tierra que nos sofocan… Sepultamos los féretros aún con miedo al contagio. Tenemos familia que proteger”, dijo García.

“Es una labor no reconocida del panteonero”, agregó. “Al contrario, recibimos maltratos, somos los olvidados, los héroes anónimos. El último eslabón de esta pandemia”.

Mientras los dos hablan, una carroza llega con otra víctima de COVID-19. Son fáciles de distinguir porque los ataúdes están envueltos en plástico transparente y son llevados a una sección especial del cementerio para entierros por coronavirus.

Los mismos trabajadores cargan los ataúdes, un trabajo que en el pasado podían hacer los dolientes. Pero bajo las reglas especiales para contener la propagación de la pandemia, sólo se permite que dos familiares acompañen al féretro a la tumba.

Humo sale de un crematorio en el Panteón San Nicolás Tolentino en la Alcaldía Iztapalapa en Ciudad de México, el martes 2 de junio de 2020. En los primeros días de la pandemia en marzo, incineraban 15 cuerpos al día. Para mayo, ese número había aumentado a entre 30 y 35 diarios.

Humo sale de un crematorio en el Panteón San Nicolás Tolentino en la Alcaldía Iztapalapa en Ciudad de México, el martes 2 de junio de 2020. En los primeros días de la pandemia en marzo, incineraban 15 cuerpos al día. Para mayo, ese número había aumentado a entre 30 y 35 diarios. Foto: Marco Ugarte, AP

Un empleado de una funeraria rocía una bolsa que contiene un cadáver antes de ser llevada al crematorio del Panteón San Nicolás Tolentino en la Alcaldía Iztapalapa en Ciudad de México el martes 2 de junio de 2020.

Un empleado de una funeraria rocía una bolsa que contiene un cadáver antes de ser llevada al crematorio del Panteón San Nicolás Tolentino en la Alcaldía Iztapalapa en Ciudad de México el martes 2 de junio de 2020. Foto: Marco Ugarte, AP

Un hombre que sostiene una urna observa el cadáver de un familiar que murió de COVID-19 mientras empleados lo llevan al crematorio del Panteón San Nicolás Tolentino en la Alcaldía Iztapalapa en Ciudad de México el martes 2 de junio de 2020.

Un hombre que sostiene una urna observa el cadáver de un familiar que murió de COVID-19 mientras empleados lo llevan al crematorio del Panteón San Nicolás Tolentino en la Alcaldía Iztapalapa en Ciudad de México el martes 2 de junio de 2020. Foto: Marco Ugarte, AP

Conductores de carrozas que transportan los cadáveres de víctimas de COVID-19 llegan al crematorio en el Panteón San Nicolás Tolentino en la Alcaldía Iztapalapa en Ciudad de México el martes 2 de junio de 2020. Las carrozas con víctimas de COVID-19 son fáciles de distinguir porque los ataúdes están envueltos en plástico transparente y son llevados a una sección especial del cementerio designada para víctimas de coronavirus.

Conductores de carrozas que transportan los cadáveres de víctimas de COVID-19 llegan al crematorio en el Panteón San Nicolás Tolentino en la Alcaldía Iztapalapa en Ciudad de México el martes 2 de junio de 2020. Las carrozas con víctimas de COVID-19 son fáciles de distinguir porque los ataúdes están envueltos en plástico transparente y son llevados a una sección especial del cementerio designada para víctimas de coronavirus. Foto: Marco Ugarte, AP

Un letrero indica el lugar de la tumba de Juan Pepe Martínez Ramírez, que nació el 1 de diciembre de 1978 y murió el 21 de mayo de 2020, en una sección del cementerio San Lorenzo Tezonco Iztapalapa reservado para víctimas de COVID-19 en el barrio Iztapalapa en Ciudad de México, el martes 2 de junio de 2020. Los entierros ya no son como eran antes, ahora duran apenas 15 minutos.

Un letrero indica el lugar de la tumba de Juan Pepe Martínez Ramírez, que nació el 1 de diciembre de 1978 y murió el 21 de mayo de 2020, en una sección del cementerio San Lorenzo Tezonco Iztapalapa reservado para víctimas de COVID-19 en el barrio Iztapalapa en Ciudad de México, el martes 2 de junio de 2020. Los entierros ya no son como eran antes, ahora duran apenas 15 minutos. Foto: Marco Ugarte, AP

Personas ven el ataúd de un familiar que murió de COVID-19 antes de descender a una tumba en el Panteón de San Lorenzo Tezonco Iztapalapa en una sección reservada para víctimas del nuevo coronavirus en la Alcaldía Iztapalapa en Ciudad de México, el martes 2 de junio de 2020. Bajo una norma especial para contener la propagación de la pandemia, sólo se permite que dos familiares acompañen al ataúd a la tumba.

Personas ven el ataúd de un familiar que murió de COVID-19 antes de descender a una tumba en el Panteón de San Lorenzo Tezonco Iztapalapa en una sección reservada para víctimas del nuevo coronavirus en la Alcaldía Iztapalapa en Ciudad de México, el martes 2 de junio de 2020. Bajo una norma especial para contener la propagación de la pandemia, sólo se permite que dos familiares acompañen al ataúd a la tumba. Foto: Marco Ugarte, AP

Empleados de cementerio en equipo protector entierran a víctimas de COVID-19 en el Panteón de San Lorenzo Tezonco en una sección reservada para personas que murieron del nuevo coronavirus en la Alcaldía Iztapalapa en Ciudad de México, el lunes 2 de junio de 2020. Los empleados cargan los ataúdes solos, un trabajo que en el pasado pudieron haber realizado los dolientes.

Empleados de cementerio en equipo protector entierran a víctimas de COVID-19 en el Panteón de San Lorenzo Tezonco en una sección reservada para personas que murieron del nuevo coronavirus en la Alcaldía Iztapalapa en Ciudad de México, el lunes 2 de junio de 2020. Los empleados cargan los ataúdes solos, un trabajo que en el pasado pudieron haber realizado los dolientes. Foto: Marco Ugarte, AP

Con un cigarrillo en la mano, un hombre sostiene una urna para cenizas humanas mientras observa el cuerpo de un familiar, que murió de COVID-19, mientras trabajadores lo llevan al interior del crematorio en el Panteón San Nicolás Tolentino en la Alcaldía Iztapalapa, Ciudad de México, el martes 2 de junio de 2020.

Con un cigarrillo en la mano, un hombre sostiene una urna para cenizas humanas mientras observa el cuerpo de un familiar, que murió de COVID-19, mientras trabajadores lo llevan al interior del crematorio en el Panteón San Nicolás Tolentino en la Alcaldía Iztapalapa, Ciudad de México, el martes 2 de junio de 2020. Foto: Marco Ugarte, AP

Ataúdes vacíos y quemados están afuera del crematorio en el Panteón San Nicolás Tolentino en la Alcaldía Iztapalapa en Ciudad de México el miércoles 27 de mayo de 2020. F

Ataúdes vacíos y quemados están afuera del crematorio en el Panteón San Nicolás Tolentino en la Alcaldía Iztapalapa en Ciudad de México el miércoles 27 de mayo de 2020. Foto: Marco Ugarte, AP

Los entierros ya no son como eran antes; ahora duran apenas unos 15 minutos.

No hay bandas, música, ni llantos; sólo el inusual silencio, el ruido de las palas golpeando la tierra seca, que es levantada por el viento.