Los daños a la salud por la mala calidad del aire están bien documentados. Foto: Cuartoscuro

Por Horacio Riojas Rodríguez*

Los daños y riesgos a la salud derivados de los contaminantes atmosféricos están bien establecidos en la literatura epidemiológica gracias a estudios realizados en diferentes ciudades del mundo en los últimos treinta años. Por ejemplo, estudios realizados en México han documentado los efectos del incremento en hospitalizaciones por asma, infecciones respiratorias agudas, disminución de la capacidad pulmonar , efectos cardiovasculares y mortalidad prematura por diversas causas incluyendo enfermedades cerebrovasculares.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) utiliza la recopilación de todos estos estudios para generar la Guías de Calidad del Aire para promedios anuales y hacer estimaciones de mortalidad prematura. El último estudio publicado en México estima en 14 600 muertes prematuras en ciudades que tienen mediciones confiables y solamente por exposición a promedios anuales de PM2.5 (partículas menores a 2.5 micrones).

En la mayoría de las ciudades los niveles promedio anuales de PM2.5 están por arriba del doble de los valores guía que recomienda la OMS. Según el informe nacional de calidad del aire del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC) en la Zona Metropolitana del Valle de México en 141 días se rebasó la norma diaria al menos por uno de los contaminantes, este número sería mayor si se compara con las guías de calidad del aire de la OMS.

Igulmente la OMS genera recomendaciones para los máximos permisibles diarios que los países adoptan y adaptan en sus normas nacionales. Estas normas sirven para generar los índices de calidad del aire y también para estructurar los programas de contingencias ambientales. Los niveles para decretar contingencias ambientales, varían grandemente entre los países, en el caso de las PM2.5 eso puede variar desde 40 g/m3 hasta 35 g/m3 en Ecuador.

En la Zona Metropolitana del Valle de México, actualmente la fase preventiva se aplica a los 81 g/m3 sobre una norma que está en los 45 g/m3. Estas concentraciones y sus diferencias normalmente no son bien entendidas porque se manejan en índices (o puntos IMECA), sin embargo un índice de calidad del aire de 100 puede significar cosas muy diferentes de país en país. Para el caso del ozono sucede un fenómeno similar.

Desde luego no podemos hablar de que en términos de los riesgos a las salud existan diferencias en la resistencia a diferentes concentraciones de los contaminantes por países, todos deberíamos poder respirar un aire limpio. Se comprende también, que no todos los países deban establecer de golpe los mismos niveles para decretar las contingencias. Pero lo que si es verdad, es que debería existir una decisión de que estos niveles se vayan volviendo más estrictos acompañado de las medidas necesarias para lograrlo. En el caso de México, es necesario que se publique ya el nuevo índice nacional de calidad del aire, cuya norma está preaprobada en al SEMARNAT, y debería salir a la luz pública este año.

Este índice será muy útil para orientar y establecer progresivamente en cada ciudad los niveles para decretar las contingencias. Las metas específicas de reducción y adopción de estos niveles deberían contenerse en los programas de gestión de calidad del aire locales; eso sería un paso firme para garantizar en el mediano plazo el derecho de la población a respirar un aire saludable.

*Dr. Horacio  Riojas Rodríguez

Director de Salud Ambiental

Centro de Investigación en Salud Poblacional

Instituto Nacional de Salud Pública