Compasión de la Oscuridad. Pintura: Tomás Calvillo

La antigua oración persiste;
al escuchar sus coros
no hay duda que asciende a las montañas
que circundan los puentes.

Transitamos despacio,
yace un motociclista,
sin casco, en el asfalto.

Levanta su brazo derecho
y lo dobla sobre su rostro.

De reojo veo estas fracciones,
la caída, una humedad oscura,
la fragilidad de los segundos.

Agitación y pausa

Del otro lado de la malla
se raya el silencio
se aproxima la ambulancia,
su sirena primero.

Acelera desde la infancia
Su roja luz intermitente

Llegó al café,
a la cita;
a las palabras,
entre amigos.

El accidente
explica la tardanza.

Desplazó al ritmo y los sucesos;
más allá de los cinco metros de circunferencia
de su listón amarillo.

Quién sabe si tenga algo de atajo
o de abismo.
O sólo sea eso
el golpe seco
del dolor ajeno que palpita.