En una especie de “Biblia oscura”, el historiador y poeta Gonzalo Sánchez de Tagle viajó, a través del verso, por las nociones más elementales que nos conforman como especie. Tu sombra en el espejo es un andar por las creencias, las religiones y los mitos, la muerte y el sentido de la vida.

Tagle vierte sus dudas más trascendentales en un poemario cuyo hilo conductor es la identidad desdibujada, en perpetua búsqueda y el desdoblamiento del ser, representado a través de esa región opaca. Un viaje a la propia sombra del autor.

Ciudad de México, 8 de agosto (SinEmbargo).- Este poemario es un andar por las creencias, el origen de la vida, las religiones, los mitos y la historia, ideas sobre la muerte y los sueños. Un viaje por los misterios que buscamos resolver como especie. El abogado, historiador y poeta Gonzalo Sánchez de Tagle nos cuenta qué es Tu sombra en el espejo.

“Mi pretensión fue hacer un recorrido por las nociones más importantes del espíritu, por nuestras preguntas más trascendentales: ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Cómo funcionan nuestros procesos más íntimos? La irrelevancia de nuestra existencia frente al enorme tiempo cósmico”, detalla el autor.

Tagle se muestra fascinado con la muerte, pues la ve como algo que nos permite transcurrir día con día, que nos acompaña siempre en la vida. Respecto a los sueños, dice que son diálogos con otros planos. También aclaró qué representan las imágenes eje del libro:

“Como figura retórica y puente constructivo de narrativas, me parece que es muy poderoso pensar que la sombra es una especie de identidad desdoblada, donde eres tú y al mismo tiempo no eres. Una identidad inacabada de la que estamos en constante y perpetua búsqueda para definirnos. Y si a su vez le agregas un espejo, ahora existen dos dimensiones de ti mismo”.

Para Puntos y Comas, platicamos con este autor mexicano, para quien la poesía es un acto de descubrimiento propio, los poemas tienen vida propia, y por lo tanto un poemario nunca se termina.

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—¿Qué significa la sombra para ti, qué representa? ¿Es una figura recurrente en lo que escribes?

—La sombra es una especie de identidad desdibujada. Para que exista una sombra se necesitan dos elementos que generan como consecuencia un tercero: un cuerpo físico, es decir, tu propia identidad, más la luz, puede ser del sol, de una vela, o artificial. La sombra, aunque tú la proyectas como consecuencia de esa combinación, no eres tú, es una imagen difuminada de ti. En ese sentido, como figura retórica y puente constructivo de narrativas, me parece que es muy poderoso pensar que la sombra es una especie de identidad desdoblada, donde eres tú y al mismo tiempo no eres.

Justo esa es la línea transversal, el hilo conductor del libro: una identidad inacabada de la que estamos en constante y perpetua búsqueda para definirnos a nosotros mismos. Y si a su vez le agregas un espejo, se complica un poco más la ecuación, pues ahora existen dos dimensiones de ti mismo que se reflejan y no eres tú. También este es un viaje a mi propia sombra.

—Considero este poemario como una especie de pequeña “Biblia oscura”, el lado B de la vida, del origen. ¿Este fue tu objetivo cuando elaboraste el libro?

—Me gusta la definición de “Biblia oscura” porque aquí hay una forma diferente de entender la palabra “génesis”. Sí, es una Biblia oscura, personal, interior y trascendente. No sé si era el objetivo principal. Como en cualquier libro, y quien se dedique a escribir creo que coincidirá conmigo, el acto propio de escribir y crear usualmente es inacabado, tanto en su inicio como en su final. Muchas veces no sabes con certeza qué es lo que vas a concluir. En ese sentido, hacer poesía también es un acto de descubrimiento propio.

Tu sombra en el espejo es un viaje, un recorrido, por nuestras preguntas más trascendentales y por aquello que nos inquieta al dormir y al despertar: ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Cómo funcionan nuestros procesos más íntimos? La irrelevancia de nuestra existencia frente al enorme tiempo cósmico… reflexiones que por lo menos buscan inspirar cuestionamientos.

—Los sueños y la muerte son clave en estos poemas. ¿Son temas esenciales para ti, que te obsesionan?

—La muerte siempre ha sido fascinante para mí. Yo sostengo que al despertarnos, el fenómeno más sorprendente es la propia existencia; siempre me he cuestionado por qué cuando despertamos y dormimos no nos atormenta el solo hecho de ser y estar. Es la propia muerte y la certeza del término la que nos permite transcurrir día con día. Sabemos que en algún momento todos esos misterios acabarán o se resolverán, de una u otra forma. Me encanta la muerte porque es lo que nos permite transcurrir en la vida.

Respecto a los sueños, creo que son diálogos con otros planos. Son símbolos de una realidad que existe sobre una realidad también simbólica: un símbolo sobre un símbolo. Nietzsche habla mucho de los sueños en El nacimiento de la tragedia, y cómo en la antigüedad clásica los dioses primero se manifestaron a través de los sueños. Los sueños son fantásticos, podemos descubrir una realidad alterna y paralela en ellos y en el acto mismo de dormir.

La metafísica, la espiritualidad o la trascendencia se vinculan mucho con la idea del sueño. Podemos entenderlos de una forma más amplia a través de las medicinas ancestrales o las alucinaciones que nos llevan a un estado onírico en el que vemos realidades no ordinarias, las cuales también nos constituyen aunque seamos poco conscientes de ellas. Se relaciona con nuestra secuencia espiritual como seres humanos. No soy de aquellos que tienen una libreta al lado de su cama para escribir en cuanto despierto; más bien me gusta pensar en los sueños como objetos tangibles que te llevan a considerar otros planos y entablar diálogos con otros conceptos.

—A partir de las secciones “En aquello que creemos” y “El presente de la historia” mencionas a algunos filósofos y escritores. ¿Estas referencias te han inspirado o han configurado un imaginario en torno a temas que te importan?

—”En aquello que creemos” tiene que ver con la idea de la divinidad. La idea que tienes de los dioses, incluso si tienes una idea de “no dios”, es algo que determina mucho tu pauta existencial. Lo mismo en “El presente de la historia”. Hay una simbiosis o relación íntima entre las nociones que tenemos del “más allá” y usualmente, sobre todo en el occidente, se vincula mucho a la existencia de divinidades. Esto nos aterriza a lo que queremos del presente, de nuestra historia que está en constante transformación. Los autores, filósofos o pensadores que menciono en prácticamente son referencias que en algún momento me han inspirado a tener estas reflexiones. En casos como Nietzsche, son más dedicatorias; hay dos poemas dirigidos a él que se inspiran sobre todo en su Segunda Intempestiva, donde habla de la historia y el devenir del tiempo.

—¿Qué apartado del libro te gusta más o tiene un valor especial para ti?

—Todo el libro lo disfruto, aunque obviamente hay poemas que me gustan más. Quizás el más íntimo y personal es el último sobre la muerte. Hay dos poemas: uno dedicado a Diego, un gran amigo que murió hace cuatro años, y otro dedicado a mi papá que también murió por aquel tiempo. Por ahí puede haber una parte más emotiva en la estructura y las evocaciones metafóricas. Pero en general diría que no tengo una parte predilecta, todos los temas que están ahí son objetos literarios y de estudio, temas que me apasionan y que en ellos encuentro los verdaderos enigmas de la existencia.

—Sobre el proceso de escritura, ¿fuiste recolectando poemas sueltos para al final darle un eje o tenías un tema claro y a partir de ahí comenzaste a escribir?

—Este es mi segundo libro de poesía; el primero, Historias de una ceiba azul, comprendió cinco años de escritos, muy esotéricos, muy alucinados. Para este libro ya tenía una intención mucho más estructurada y mi pretensión fue hacer un recorrido por las nociones más importantes del espíritu. Incluso puede haber una secuencia cronológica: el primer libro con las nociones más básicas por las cuales existimos, y luego, el surgimiento del hombre, la muerte, los sueños. Siempre quise hacer un poemario que tuviera una línea circular del origen hacia el final, pues después de la muerte presumiblemente regresas al origen.

En otros libros que tengo, desarrollo primero una especie de índice o hipótesis. Aquí al revés: en el proceso de escribir, estudiar y leer, me iba inundando del objeto poético y poco a poco iban surgiendo los poemas. No diría que hubo un gran momento de inspiración (aunque a veces sí hay algo de éxtasis creativo), la gran mayoría fueron poemas que estructuré individualmente a partir de una intención de ciertos conceptos que quería materializar. Luego me di cuenta de que tenía varios apartados y vendría bien juntarlos en un índice general. Esa era la idea, pero nunca he pensado que un libro de poesía se deba escribir con tanta estructura, es como ir llenando distintos cajones. Un poemario nunca se termina: los poemas tienen vida propia, y conforme pasa el tiempo, evolucionan sus interpretaciones, sus metáforas se vuelven más amplias o más definidas.

—En este poemario hay religiones, mitos, historia. Tú eres historiador, me gustaría saber cómo se ha nutrido tu poesía de tu formación académica.

—Desde la adolescencia, a los 15 o 16 años, comencé a escribir poesía; no muy buena, al contrario, era de esa poesía muy intempestiva y visceral. Desde entonces he escrito, lo veo como una parte de mí, como una forma de ejercer mi función existencial. Luego a partir de la literatura y el estudio de la Historia como tal, fui afinando y encontrando elementos, con distintas figuras poéticas, temas y estilos. Para mí la historia ha sido fundamental, pensar en el contexto temporal de los fenómenos históricos y las nociones profundas del hombre me ha dado muchos elementos poéticos.

La función de historiador me ha dado mucho sentido atemporal de nuestro proceso humano. Galileo decía “y sin embargo se mueve”, y creo que es una expresión muy propia de nuestra naturaleza. No es lo mismo pensar en lo que sentía un helénico viendo el cielo por la noche, una especie de embriaguez ante el enorme misterio del universo, en comparación con lo que sentimos ahora en 2020 en la Ciudad de México. Sin duda hemos perdido la noción de embriaguez, aunque no esté completamente derrotada.

Me dedico mucho a la historia de las religiones. Recientemente estoy desarrollando un proyecto de investigación sobre el espíritu y el sentido del alma; de las “ánimas” para los mexicas, donde en lugar de un espíritu, hay hasta cuatro. Pensar que una persona hace 500 años en esta misma tierra tenía una noción tan diferente de su papel en el mundo, me parece un evento enormemente poético. A la par, también estoy escribiendo un texto sobre la identidad a partir de las brujas, que han existido desde los comienzos del ser humano.

—Un tema obligado es la importancia de la literatura en estos tiempos de crisis. Dinos cómo lo llevas y si nos puedes recomendar libros que hayas visitado en estas semanas de confinamiento.

—Siempre he pensado que hay libros que son nodales. Uno de ellos es El lobo estepario, de Hermann Hesse, que releí recientemente; un libro profundísimo que además tiene mucho que ver con la soledad que nos acarreó la pandemia y cómo un hombre a sus 50 años estaba completamente abstraído del mundo.

Recomendaría otro libro que es un acercamiento al duelo, el dolor y la pérdida: The Wild Edge of Sorrow, donde un psicólogo social aborda cómo hemos perdido como sociedad el sentido colectivo del dolor y la pérdida, pues antes las muertes eran un verdadero evento comunitario. Los deudos se podían tomar el tiempo que quisieran porque estaban en un proceso de transición espiritual; se abrían grandes puertas al cosmos, pues una persona dolida realmente vivía y sentía cosas extraordinarias.

Ahora en la modernidad, el duelo es algo que preferimos voltearle la mirada y asumimos con naturalidad que a los pocos días las personas deberían regresar a sus actividades cotidianas, cuando este es un proceso único y místico en la vida. Esto tiene que ver con la pandemia, que trata de muchas pérdidas humanas y también de la vida como estábamos acostumbrados.

Gonzalo Sánchez de Tagle P.S. (Ciudad deMéxico, 1982). Es abogado e historiador y entre sus recientes publicaciones se encuentra el poemario Historias de una Ceiba Azul (Elefanta, 2017), así como diversos ensayos y artículos sobre historia, derechos constitucional y política, en distintos medios.