Por cerca de ocho años, los autores Regnar Kristensen y Claudia Adeath se dieron a la tarea de entrevistar a Gregoria, a sus seis hijos y a otros miembros cercanos a la familia, para recopilar sus historias en una narración polifónica, atravesada por las carencias, la falta de educación y la violencia, producto del fracaso de las políticas sociales en México.

Ciudad de México, 9 de mayo (SinEmbargo).- Este es un impactante libro testimonial sobre una familia mexicana que, como muchas otras, a lo largo de varias generaciones, ha sido víctima del fracaso de las políticas sociales en México. Por cerca de ocho años, los autores se dieron a la tarea de entrevistar a Gregoria, a sus seis hijos y a otros miembros cercanos a la familia, para luego recopilar sus historias, atravesadas por las carencias, la falta de educación, la violencia, pero también por la fe y la lealtad.

Es precisamente esta narración polifónica, este contar de viva voz, lo que retrata a detalle la realidad brutal de lo que día a día ocurre en Esperanza, el barrio en el que viven Goya y los suyos. En la misma línea de Los hijos de Sánchez, de Oscar Lewis, esta investigación, que sigue además un manifiesto personal, desentraña sin piedad las dinámicas familiares en México.

A continuación, SinEmbargo comparte, en exclusiva para sus lectores, un fragmento de Los hijos de Gregoria, un trabajo del antropólogo danés Regnar Kristensen y la fotógrafa y activista mexicana Claudia Adeath. Cortesía otorgada bajo el permiso de Grijalbo.

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PRÓLOGO

De pedos estoy hasta la madre
Gregoria Rosales

En 1963, cuando era adolescente, Gregoria Rosales se mudó del Cen­tro Histórico de la Ciudad de México a una pobre vecindad en el ba­rrio al que ella quiso que nombráramos Esperanza . Lo hizo junto con su madre, tías, hermanos y su hija recién nacida; ahí comenzó a cons­truir su vida . Durante las siguientes dos décadas dio a luz a seis hijos más . La menor era sólo una bebé cuando el terremoto de 1985 des­truyó su pequeño departamento y los dejó sin nada más que la ropa que traían puesta esa mañana . A lo largo de los años, los Rosales re­cibieron algunos apoyos importantes para reconstruirse, pero tam­bién se enfrentaron a puños de hierro: desde palizas de pandillasy agresiones de policías, hasta peleas con vecinos o maestros, tanto fuera como dentro de su propia casa . Ellos —mujeres y hombres— aprendieron a devolver los puños del mismo modo, a veces conside­radamente y otras sin piedad.

Ésta es su historia, la de Gregoria, sus hijos y nietos, narrada des­de sus propias vivencias . Cuentan cómo se rifan la vida vendiendo drogas, robando tráileres y cobrando por seguridad . Dan voz a sus corazones rotos y a la devastación que han sufrido, pero también a sus esperanzas y sueños.

No venden lástima . No buscan compasión ni que el lector sien­ta pena por ellos . Al contrario, los miembros de esta familia levan­tan sus voces con coraje, para hablar con una franqueza brutal sobre cómo se vive en Esperanza, a la que a veces ellos mismos llaman el infierno.

A los Rosales, igual que al resto de los habitantes de las comuni­dades violentas, como la suya, se los ha condenado, analizado, satiri­zado e incluso aclamado, pero rara vez se los ha escuchado realmente .Por eso, nosotros elegimos que fuera su propia voz la que contara sus historias . Para lograrlo, de 2005 a 2013 grabamos cientos de conver­saciones con ellos y seguimos un personal Manifiesto para una etno­grafía dogmática, a fin de fortalecer un acercamiento entre lectores y narradores, es decir, con ellos . Procuramos luego un proceso de edi­ción que construyera una forma literaria accesible, sin interferir en el tono.

El resultado crea la sensación de una novela polifónica y su na­rración entrelazada llega a evocar escenas cinematográficas del me­lodrama . Sin embargo, cabe enfatizar que los Rosales son reales, de carne y hueso, lo que otorga a estas historias una doble fuerza . Con excepción del prólogo y el epílogo, los pensamientos, detalles y todo cuanto acontece están en sus propias palabras.

Tras leer el libro, el único comentario de Gregoria fue: “No me gusta, pero es la pinche realidad, neta” .Gregoria, Mariana, Patricia, Mario, Lidia, Eduardo, Israel y Luz, gracias por invitarnos tan generosamente a sus vidas. La palabra es suya.

LA FAMILIA ROSALES

(Todos los nombres y lugares están cambiados)

Gregoria (doña Goya): Personaje principal. Con cuatro padres di­ferentes, es madre de Mariana, Alfredo, Mario, Lidia, Eduar­do, Israel y Luz . Tiene 33 nietos y más de 20 bisnietos . Vive con su actual compañero, don Robert.
Don Jorge: Hermano de Gregoria . Soltero y sin hijos, vive con su ma­dre, Alicia . Es vecino de Gregoria.
Mariana (Mar): Hija mayor de Gregoria . Está separada de Ernes­to, padre de sus hijos Inés, Yolis, Ernesto y Alicia . Tiene 10 nietos . Vive con el Trol y dos de sus nietos adoptivos, Bo­ris y Jorgito.
Patricia: Nuera de Gregoria . Vive con Alfredo (Alfi), padre de sus hijos el Pelos y Desiré . Tiene cuatro nietos . Es hermana de Montze.
Mario: Hijo de Gregoria . Padre de Gustavo, Víctor, Jocelyn y Jesi­ca (con Cristina), Alfonso y Ximena (con Alba), y cinco hi­jos más con otras cuatro mujeres . Es abuelo de varios niños y vive con Alba.
Lidia: Hija de Gregoria . Con dos padres diferentes (Israel y Carlos), es madre de Roxana, Diana, Lidia chica y Carlitos . Tiene seis nietos . De vez en cuando vive con su abuela Alicia, con doña Goya, con alguna de sus hijas o con su novio, Adán.
Eduardo (Lalo): Hijo de Gregoria . Con dos madres diferentes (Es­ther y Lula) es padre de Aarón y Johan . Durante algunos años adoptó a la hermana de Aarón, Kaira, que tiene un hijo . Vive con Lula.
Israel (Six-Pack): Hijo de Gregoria . Es padre de Samanta y Brian (con Elizabeth) y tiene cinco hijos más con cinco mujeres di­ferentes . Vive con Azucena y su hijo .
Luz: Hija menor de Gregoria . Con Enrique, es madre de Karla y Qui­que . Viven todos juntos.
Checo: Es hijo adoptivo de Gregoria . Vive con Lupe y sus dos hijos .