Foto: EFE

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Ciudad de México, 9 jun (SinEmbargo).- Una antología titulada La otra realidad, editada por el Fondo de Cultura Económica con prólogo de la estudiosa Cristine Mattos, evoca la poderosa presencia cultural de un intelectual imprescindible, mediante fragmentos de sus novelas, notas periodísticas, relatos, textos inéditos y críticas literarias desde 1960 hasta la actualidad.

El periodista y escritor Tomás Eloy Martínez (1934-2010) navegaba entre las aguas densas de la ficción y la no ficción, para dar –como apunta Mattos- “datos de la realidad en sus textos ficcionales, como elementos ficticios en sus ensayos o crónicas periodísticas”, por lo que este compendio es sin duda un gran puente hacia su obra vasta y multicolor.

El libro se suma al anuncio que la semana pasada hiciera la fundación que lleva su nombre, con sede en Buenos Aires, que clasificó sus archivos personales y los abrió a la consulta gratuita de universitarios, docentes, periodistas, escritores, traductores o quien la requiera para alguna investigación.

“Es como ver la trastienda de una obra y para alguien que estudia literatura y crítica genética es fabuloso”, afirmó Ezequiel Martínez, uno de los siete hijos del escritor y presidente de la Fundación Tomás Eloy Martínez (TEM),  al presentar a la prensa el fruto de un año de trabajo, reseña el periódico La Nación.

Para un periodista de raza como fue Tomás Eloy Martínez, fundador de periódicos como El Diario de Caracas en Venezuela y del Siglo XXI en Guadalajara junto a su amigo el mexicano Jorge Zepeda Patterson y viejo conocido y respetado en muchas redacciones del continente, la idea de compartir sus trabajos a los colegas es honrar con justicia su memoria.

“El objetivo del archivo es que se convierta en un centro de documentación. La sede de la fundación no funcionará como una biblioteca, pero queremos acercar lo que tenemos a quien le pueda interesar”, dijo la escritora colombiana y directora de la fundación, Margarita García Robayo.

En el marco de la conferencia de prensa citada se supo también que Gonzalo Martínez, fotógrafo y otro de los hijos del escritor y periodista, prepara una muestra itinerante con fotos y objetos que pertenecieron al intelectual sudamericano.

Foto: Especial

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Para acceder al archivo TEM hay que comunicarse con el personal de la Fundación TEM ( www.fundaciontem.org ) y combinar una visita a su sede de Carlos Calvo 4319.

Al material digitalizado se podrá tener acceso por medio de una contraseña que se otorgará especialmente al investigador.

La organización del Archivo de Tomás Eloy Martínez fue posible gracias a un subsidio de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo y al apoyo del ministerio de Cultura de Buenos Aires.

INVENTÓ LA HISTORIA DE SU PAÍS

Con Santa Evita y La novela de Perón, Tomás Eloy Martínez inventó la historia de Argentina en libros que durarán mucho más que los libros de texto, según la opinión de su colega y amigo, el escritor nicaragüense Sergio Ramírez, manifestada durante el homenaje que el autor sudamericano recibiera en 2010 en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara.

Entonces, el famoso autor fallecido el 31 de enero 2010, a los 76 años, se hizo vívido en los rasgos de uno de sus siete hijos, Ezequiel, quien por afinidad profesional (es periodista del diario “Clarín”) fue nombrado albacea de su obra.

El periodista canario Juan Cruz, ex editor de Tomás Eloy Martínez y también amigo personal, habló de “la lucha por la vida” que encaró con todo coraje el argentino que había nacido en la provincia de Tucumán el 16 de julio de 1934.

“El mejor homenaje es el deber y el placer de leerlo”, dijo Juan Cruz, al fin y al cabo –completó Sergio Ramírez- “fue la literatura una pasión mucho más grande que el periodismo, aunque en sus novelas había mucho de investigación periodística”.

“Recordaré a Tomás como el novelista que desafió a la historia y la venció”, dijo Ramírez, visiblemente emocionado, mientras en una pantalla colocada detrás de los exponentes, se sucedía una serie de imágenes con un joven Tomás al lado primero de Jorge Luis Borges, de García Márquez luego, con José Saramago después.

El autor de El cantor de tango, Lugar común la muerte y Purgatorio tuvo muchos reconocimientos a lo largo de su prolífica y extensa carrera como escritor. En 2009, el periódico español El País le otorgó el premio Ortega y Gasset de periodismo a toda su trayectoria profesional, a cuya entrega no pudo acudir por prescripción de sus médicos y en 2002 ganó el premio Alfaguara de novela por El vuelo de la reina.

Sin embargo, nunca obtuvo el prestigioso Premio Cervantes, algo que lamentó el mexicano Carlos Fuentes (1928-2012), quien estaba convencido de que “merecía muchos reconocimientos, desde luego el Cervantes”.

LOS NOVELISTAS SOMOS VÍCTIMAS DE NUESTRAS IDEAS FIJAS

“Los novelistas somos víctimas de nuestras ideas fijas- Imagínense ustedes el trabajo de un novelista: uncido como un buey a un arado, de ocho a diez horas diarias, a un asiento, delante de un ordenador, para escribir sobre una misma cosa. Hay que estar completamente loco para alimentar esa obsesión constantemente. Uno está tatuado con esa obsesión, en verdad. Las ideas fijas en mi vida han sido de algún modo los mecanismos internos del poder y la manera de desarticular y entender esos mecanismos,  las formas que asume la hipocresía, también me interesa mucho construir, aprender, sobre cosas que más desconoce el novelista”, dijo Tomás Eloy Martínez durante un encuentro con periodistas en México en 2009.

“ Los novelistas suelen retratar muy mal a las mujeres, por ejemplo, con ciertas excepciones, y por lo tanto me ha interesado mucho estudiar ese mecanismo interno de los sentimientos y de la imaginación femenina”.

“Otro elemento central en mi obra consiste en tratar de demostrar que la literatura argentina sí está construida por sentimientos. En 1951, Borges dio un mandato en una conferencia notable que se llama El escritor argentino y la tradición en el que dice que “ser argentino es sinónimo de pudor”, que el argentino nunca muestra sus sentimientos o sus debilidades”.

Homenaje a Tom‡s Eloy Mart’nez con la participaci—n (izq. a der.) de Sergio Ram’rez, Ezequiel Mart’nez y Juan Cruz en el marco de las actividades de la edici—n 24 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Noviembre 28, 2010. Foto © FIL 2010 / Michel Amado Carpio.

Homenaje a Tom‡s Eloy Mart’ínez con la participaci—ón (izq. a der.) de Sergio Ram’írez, Ezequiel Mart’ínez y Juan Cruz en el marco de las actividades de la edici—ón 24 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Noviembre 28, 2010. Foto © FIL 2010 / Michel Amado Carpio.

“Ese mandato de Borges, al cual ni el mismo Borges hizo caso, secó a la novela argentina durante mucho tiempo, produjo textos muy secos, aburridos, pesados y carentes de sentimientos. Lo que he tratado de demostrar en mi literatura es que esos sentimientos estrepitosos que estallaban en la televisión a cada rato también están en la vida cotidiana. No por nada, la mitad de la población argentina es de origen italiano. La indagación de los sentimientos en la cultura argentina en general, así podría decir que es mi obsesión”, explicó.

“La novela contemporánea está trabajando de un modo muy serio sobre una zona de indecisión que se da entre la realidad y la ficción, que al fin y al cabo son dos mundos que se penetran entre sí. No es nuevo, claro. Ya pasa en las grandes novelas del siglo XIX. En Guerra y paz, por ejemplo, Tolstoi narra la batalla de Sebastopol examinando día a día el campo de batalla, durante dos meses, para ver cómo crece la hierba.

Del mismo modo, Dickens se hace pasar por padre de un estudiante pobre en Inglaterra, para narrar en Nicholas Nickleby los tormentos y sufrimientos de los pupilos de las escuelas inglesas de la época.

El realismo mágico, en la medida que alcanza el éxito en Europa, se convierte en una especie de fábrica de América Latina, se confunde con América Latina. Novelistas como W.G.Sebald en Alemania, Claudio Magris en Italia, Julian Barnes en Inglaterra o el propio García Márquez en Crónica de una muerte anunciada, representan la gran corriente de la novela contemporánea, trabajar en esa penumbra entre realidad y ficción”: palabras del entrañable autor fallecido hace tres años y cuyo legado resplandece trayéndolo con fuerza al presente.