¿El sexenio de AMLO terminará con una “BBC mexicana”? Foto: Cuartoscuro

En las últimas semanas, los medios públicos y su naturaleza han sido foco de atención por diversas razones que van desde la independencia y calidad de sus contenidos hasta la posibilidad de ser resilentes.

La crisis financiera del IMER, dio cuenta de la importancia que para la sociedad tiene un medio que brinda información de interés público y cultural, cuyos contenidos se encuentran, en principio, alejados de los intereses comerciales y gubernamentales; así como de la necesidad de asegurar un presupuesto estable que garantice su sustentabilidad. También, las discusiones en torno a ciertos programas transmitidos en Canal Once han sido sujetos de cuestionamientos y reclamos desde diversos actores.

Sin embargo, aún cuando algunos medios cumplan o no nuestras expectativas informativas, lo cierto es que la razón de ser de un medio público no es competir con los medios comerciales, si no lograr que la información pueda llegar a una población amplia, aportando pluralidad y diversidad en los contenidos. Los medios comerciales expanden sus alcances y sus audiencias de acuerdo a la necesidad de aquellos que les compran publicidad. En el caso de los medios públicos, “su papel es fundamental a la hora de proveer contenidos no necesariamente comerciales, de alta calidad, articulados con las necesidades informativas, educativas y culturales de la población (1).”

De esta manera, si la intención del gobierno de Andrés Manuel López Obrador es fortalecer los medios públicos, entonces habría que apuntar hacia la superación de las desigualdades existentes en el acceso a los distintos medios de comunicación y a los contenidos. Es decir, lo que requerimos, por ejemplo, es que los sectores sociales más desfavorecidos económicamente pueden tener la posibilidad de incluir sus contenidos dentro de estos canales. Imaginemos, por ejemplo, programas radiofónicos o televisivos en alguna o varias de las lenguas indígenas que definen el patrimonio cultural de nuestro país y la posibilidad de que sean ellos, los pueblos indígenas o las mujeres quiénes desarrollen e integren los contenidos de estos espacios ¿no sería algo de verdad inclusivo reconocer a nuestro México diverso y multicultural a través de su palabra?

Reconocer la diversidad “no solamente se manifiesta en las diversas formas en que se expresa, enriquece y transmite el patrimonio cultural de la humanidad mediante la variedad de expresiones culturales, sino también a través de distintos modos de creación artística, producción, difusión, distribución y disfrute de las expresiones culturales, cualesquiera que sean los medios y tecnologías utilizados (2)”.

No obstante, así como algunos medios comerciales en México, los medios públicos a nivel nacional y local, se han servido del poder y se han convertido en herramientas que permiten mantener su disputa, como las de propaganda o de control de los flujos de información. Es por esto, que el debate hoy se vuelve tan relevante pues “para que los medios públicos puedan realmente cumplir su función, debe tratarse de medios públicos independientes del Poder; verdaderamente pluralistas; universalmente accesibles; con financiamiento adecuado al mandato previsto por la ley; y que contemplen mecanismos de rendición de cuentas y de participación de la comunidad en las distintas instancias de producción, circulación y recepción de contenidos (3).”

Desde luego, no podemos obviar que uno de los elementos que marca la diferencia es la independencia del gobierno o del sector privado, pues es el que le otorga confianza de parte de las audiencias y a su vez podría brindar la posibilidad de hacer de estos medios, canales realmente inclusivos y diversos. Pero también es cierto, que en todos los casos -tanto para medios públicos como comerciales- su legitimidad reside en la transparencia y la rendición de cuentas respecto a todos los aspectos vinculados con su gestión, pero también sobre la regulación, propiedad, esquemas de subsidios públicos y otras iniciativas en cuanto a políticas (4).

Luego entonces, para apostar a que en el cierre del sexenio logremos tener una “BBC mexicana” -como lo señalaron los integrantes de este nuevo gobierno- habría que empezar revisando la legislación que dote de independencia y autonomía a estos medios, así como hacer una revisión general de los contenidos a fin de asegurar que estos abonen a la pluralidad y la diversidad. También hay que asegurar que su acceso y alcance sea universidad y, finalmente, garantizar que existen los mecanismos para de transparencia, participación ciudadana y rendición de cuentas efectivos para generar legitimidad y confianza.

(1) CIDH, Estándares de libertad de expresión para una radiodifusión libre e incluyente, 30 de diciembre de 2009,
parr. 83, http://www.oas.org/es/cidh/expresion/docs/publicaciones/Radiodifusion%20y%20libertad%20de%20expresion%20FINAL%20PORTADA.pdf

(2) UNESCO. Convención sobre la protección y promoción de la diversidad de las expresiones culturales, artículo 4.1.

(3) CIDH, Estándares de libertad de expresión para una radiodifusión libre e incluyente, 30 de diciembre de 2009,
parr. 83, http://www.oas.org/es/cidh/expresion/docs/publicaciones/Radiodifusion%20y%20libertad%20de%20expresion%20FINAL%20PORTADA.pdf

(4) Declaración Conjunta sobre diversidad en la radiodifusión. 12 de diciembre de 2007.