Hace al menos 15 años, el correo era uno de los medios de comunicación más importante entre las familias mexicanas. Ahora, el envío de cartas por correo parece ya no utilizarse. Las nuevas generaciones prefieren usar Internet y enviar diversos archivos de forma segura y rápida. El Servicio Postal Mexicano (Sepomex), al igual que otros correos del mundo, sigue presentando pérdidas millonarias, reducción de personal, sumado a los escándalos de fraude y desvío de recursos. Pese a que se han tomado medidas para que el correo mexicano se actualice, ninguno de los últimos gobiernos lo han logrado con éxito. El servicio en el país se ha concentrado a los servicios (bancos, agua, luz, televisión por paga u ofertas), mientras que en otras naciones, y en especial en EU, ha servido como plataforma de distribución para el comercio electrónico.

Quien pareciera que lleva la batuta en el servicio postal es Estados Unidos. Ante la aparición de Internet, tomó como medida incrementar sus servicio a tal grado de colaborar con las empresas de ventas online. Estados Unidos es el país donde la demanda es más fuerte: se estima que las compras electrónicas podrían alcanzar este año un valor de 900,000 millones de dólares. La consultora de servicios financieros JP Morgan estima que el problema del correo estadunidense ya no es la Red; de hecho, se beneficia de ésta.

Bajo esa perspectiva, eBay tiene un acuerdo llamado e-Packet con China Post para acelerar la entrega de Asia a Estados Unidos a través de soluciones integradas para el envío de paquetes de hasta dos kilos, de los cuales los exportadores asiáticos en general enviaron más de 140 millones en 2011.

En el caso de México, la tecnología sólo ayudó para los procedimientos: en 2008 se adquirieron nuevos equipos de cómputo para que las personas, por medio de Internet, puedan saber cómo es el recorrido de su envío. Incluso puede tener una videollamada con operadores para saber los tiempos de entrega de su carta. Además, Correos de México compró nuevos aparatos que ordenaba las cartas por códigos basados en zonas. Estos aparatos con escáner también permitían al cartero dar registro sobre el envío: si fue entregado, si no se encontró la dirección o así.  Pero hasta ahí fueron los avances.

Pese a que el Servicio Postal de Estados Unidos (USPS) ha tomado grandes estrategias, parece que no ha sido suficiente. Entre abril y junio de 2012 experimentó pérdidas por cinco mil 200 millones de dólares –un indicador más de la profundización de su crisis–. En 2011 también presentó pérdidas millonarias en ese periodo. Actualmente USPS cuenta con 636 mil 239 empleados; 8.7% de ellos son hispanos. Como medida ante la amenaza de cierre de oficinas, autoridades han realizado despidos masivos y retiros voluntarios.

A Sepomex le ha llovido sobre mojado. Algunos ex funcionarios aún están envueltos en escándalos por fraude y no se han tomado las medidas necesarias para salir del déficit que provoca Intenet. Actualmente Correos transporta 500 millones de piezas al año con unidades propias, aunque la capacidad máxima es 625 millones, lo que supone que Sepomex está operando a 75% de su capacidad disponible.

De acuerdo con Noemí Luján Ponce, investigadora de la Princeton University y catedrática de la Universidad Autónoma Mteropolitana (UAM), Sepomex se encuentra atrapada entre el impactante desarrollo de las tecnologías de la comunicación como el uso de la internet y el servicio de mensajerías privadas, de ahí que el Servicio Postal Mexicano enfrenta la encrucijada de un programa de modernización que no acaba por consolidarse. Así se lo dijo en entrevista al periódico El Universal.

Se prevé que adquiriendo más unidades de reparto como autos, motos y bicicletas, se alcanzará una capacidad de distribución de mil millones de piezas al año de correspondencia.

Y es que después de ocho años de iniciado el proceso de modernización, el correo en México parece encaminarse hacia su extinción porque cada vez se hace más pequeño, aseguró. Tan sólo en esta administración, el número de piezas postales entregadas a nivel nacional tuvo una reducción de casi 14%.

Este año, según el Programa de Trabajo de Sepomex, “se espera mejorar los servicios de correspondencia para obtener ingresos superiores en 18.3% a los del año pasado”, aunque prevén que otros grandes clientes entreguen la información a clientes en la web.

El analista y catedrático Gabriel Sosa Plata asegura que el futuro de correo no es alentador, incluso se corre el riesgo de que desaparezca, pues el programa de modernización está cerca del fracaso.

ALGO DE HISTORIA

La oficina de Correos en Eje Central y Allende, en la Ciudad de México, es uno de los más hermosos del centro histórico y se conserva en buen estado.

La tradición del correo es prehispánica para México. Los ancestros de los actuales carteros, entonces llamados Paynanis, debían ser buenos atletas ya que se desempeñaban como corredores en relevos para que las noticias fluyeran a través de cadenas vivas. De ahí que, además de una gran condición, “los paynanis eran poseedores de una excelente memoria, ya que era necesaria para poder transmitir mensajes verbales”, de acuerdo con una reseña del sitio El Ombligo de la Luna. “Durante el imperio azteca los mensajeros, solo trabajaban para el emperador, en aquel entonces el servicio de mensajería no era algo público. En el códice bautizado como Lienzo de Tlaxcala, diferentes cronistas e historiadores han identificado y señalado, que además de los mensajes verbales, también entregaban documentos pictográficos”.

El primer cartero en México se ubica en el año de 1762. Las Ordenanzas de Correos establecieron el uso de buzones para que la gente recogiera ahí su correspondencia, así que para ello se establecieron buzones en las principales callejuelas y veredas pero la idea no prosperó ya que la población no pasaba por sus cartas. “Fue así como surgió la necesidad de un personaje que se encargara de la labor de entregar la correspondencia hasta los propios domicilios del destinatario”, dice El Ombligo de la Luna.

De acuerdo con los historiadores, el primer cartero de oficio en la Nueva España, se llamó Joseph Lazcano. Además de repartir las cartas, “sus obligaciones también incluían anotar los cambios de domicilio, indagar los nuevos y dejar las cartas en manos del destinatario, salvo que conociera a sus parientes y criados. Cuando la carta era certificada, recogía el recibo y lo entregaba al administrador. Toda correspondencia debía repartirse en un plazo de doce horas. Las Ordenanzas de 1762, señalaban como motivo de despido el retraso en el reparto y la modificación al precio marcado en la envoltura. El cartero obtenía para él, un cuarto de real por cada carta entregada.”, agrega.

En 1911 México contaba con mil carteros, que en ese año distribuyeron 115 millones de piezas y dos años después el número de entregas creció un 9 %. En 1917, ya con el régimen carrancista, se dio un paso más que marcó la historia del correo mexicano al hacerse la primera entrega postal aérea. Esto sucedió en 6 de julio cuando el piloto aviador, Horacio Ruiz Gabino, traslado una valija de correspondencia de Pachuca a la Ciudad de México.