AMLO debe salir de la mejor forma posible de este entuerto mediático, como corresponde a un demócrata, no el gobernante que alguna vez expresó el desafortunado “al diablo con sus instituciones”. Foto: Cuartoscuro.

Jenaro Villamil, lo dice claro en uno de sus tuiters, la portada no corresponde al texto de la entrevista que Álvaro Delgado hizo al constitucionalista Diego Valadez.

El rostro de un López Obrador molesto reposaba sobre un título desconcertante: “AMLO se aísla, el fantasma del fracaso”, no hay más a primera vista, es necesario ir a interiores para saber lo que podría ser el motivo de esa conclusión contundente.

Entonces, el lector cae en cuenta que el título de la portada deriva de una entrevista con el constitucionalista sinaloense. Quien, manifestó como académico, dice que una cosa básica en cualquier democracia es poner por delante siempre el fortalecimiento de las instituciones aun habiendo arrasado como el candidato más votado en una elección presidencial.

Delgado pregunta bien: ¿Prevé que López Obrador gobierne a capricho?

La respuesta de Valadez es la de un demócrata y con un señalamiento claro a la mayoría morenista en el Congreso de la Unión y los congresos estatales:

–“A mí no me preocupa eso. A mí me preocupa una persona sola enfrentada a una constelación de intereses; entonces estamos destinados a naufragar. Para que tenga éxito el Estado mexicano en esta nueva etapa, sí, el Presidente debe ser el que encabece; es Presidente, preside; es Jefe de Estado y Jefe de Gobierno, pero si no se fortalece toda la estructura del poder del Estado, entonces no tiene nada que hacer”.

Y, agrega: “Para que [AMLO] tenga éxito, se necesita que quienes gobiernen sean las instituciones políticas muy sólidas; y entonces sí, a pesar de que estemos actuando no contra un poder económico nacional sino contra poderes económicos de todos los niveles, incluyendo los internacionales, cuando tengan enfrente no a una persona, sino a un Estado con instituciones muy poderosas, las relaciones van a cambiar”. […] “Si realmente se quiere independencia del poder político frente al poder económico no es a partir de construir a un personaje que se enfrente a un sistema de poder económico: es construyendo todo un sistema institucional que le dé robustez a ese poder político. De otra manera, lo que intenta hacer se van a quedar en declaraciones y actitudes personales, no en cambios institucionales”.

Pero, esto no lo dice la portada, lo que el lector encuentra es una editorial, la visión del medio, el buscapiés.

Y este punto de vista del académico, pone en el centro varios temas que deben ser vistos más allá de la portada, más allá de las emociones, de la jiribilla, a López Obrador le molestó verse con esa sentencia que es una hechura del reportero, y equivocó el rumbo cuando en lugar de ir a lo sustantivo se atoró en su enojo y se fue al terreno donde nunca le va a ganar al periodismo, el de los calificativos, cuando acusó a la revista Proceso de “amarillista” y “sensacionalista”, el tabasqueño perdió. Se enganchó y siguió en una fuga hacia adelante, cuando lo prudente hubiera sido reflexionar sobre las ideas de Valadez en dos direcciones: Una, en lo que se refiere a las instituciones existentes y la oferta de la Cuarta Transformación y dos, el rol de la mayoría y las alianzas futuras en el Congreso de la Unión. El tema no hubiera escalado mediáticamente y habría refrendado su voluntad demócrata. Ahora, el tema, es la relación que su Gobierno sostendrá con los medios de comunicación.

La respuesta de Proceso a los calificativos de AMLO como “poco dignos de un Jefe de Estado” es discutible. Esta a la altura de la descalificación en la portada. Y “tomarle la palabra” para discutir la relación futura entre el poder y los medios lleva a pensar que la portada estuvo fríamente calculada cuando AMLO se engancha y sale a cuestionar la forma sin tocar el fondo de la entrevista.

Ahora, López Obrador tiene dos opciones, o tres, corregir la plana e ir a lo sustantivo, a lo expresado por Diego Valadez, o continuar sólo en la discusión planteada por Proceso, es una oportunidad de lujo para abordar ambos temas. Y es que sin una reforma institucional: ¿Cómo se puede hablar de una nueva relación con los medios de comunicación? Para eso sirven las mayorías, tanto federales, como estatales, para reformar y establecer una relación democrática con los medios de comunicación tanto con los críticos como los que sobreviven gracias al poder.

Ahora bien, quienes fueron derrotados en las urnas interesadamente esgrimen, insistentemente, el argumento de que con AMLO “al país le espera las decisiones de un solo hombre”, pero no lo hacen porque sean demócratas sino por mero cálculo político. Dirán en sus discusiones internas que hay que desgastar la legitimidad de los votos y en la medida en que este desgaste se instale en la conciencia de los mexicanos, habrán dado pasos a su favor con miras a los comicios de 2021. A la reconquista del poder perdido.

López Obrador debe combatir esa idea y con él, los legisladores morenistas, cumpliendo la oferta de un cambio de régimen sobre bases democráticas. Y esto pasa porque los actos que alimentan ese personalismo, como fue el caso de la consulta sobre el aeropuerto, venga, una vez en funciones, acompañado con iniciativas de ley que tiendan afirmar la idea de que verdaderamente se está ante un demócrata y no ante un nuevo cacique latinoamericano.

AMLO debe salir de la mejor forma posible de este entuerto mediático, como corresponde a un demócrata, no el gobernante que alguna vez expresó el desafortunado “al diablo con sus instituciones”, ahora, en el poder, está obligado a cambiar las leyes para mejorar el país, porque lo que haga o no haga hoy, en el futuro terminara siendo un activo o un pasivo para su Gobierno.

En definitiva, la portada de Proceso no es el tema, lo sustantivo es lo dicho por Valadez.