El narrador, Nathaniel, de 14 años, y su hermana Rachel, de 16, enfrentan el reto de convertirse en adultos. El mundo que conocen se desvanece cuando su madre se separa inesperadamente de ellos, deben buscar a su padre en tierras lejanas y arriban a un colegio que aparentemente los mantendría a salvo en tiempos convulsos.

Tras la versión cinematográfica de El paciente inglés, que en 1997 ganó nueve premios Óscar, Ondaatje obtuvo notoriedad. Su prosa poética gira en torno a la posguerra, la migración, el problema de crecer y los informantes, que fueron determinantes en la victoria o derrota de diversas batallas.

Por América Gutiérrez

«Era una advertencia extraña la de aceptar que ya no había nada que fuera seguro.» Michael Ondaatje

Ciudad de México, 9 de noviembre (Librerías El Sótano).- Conocí al escritor del apellido impronunciable hace dos meses. Sucedió en Querétaro después de la charla que Michael Ondaatje (repitan tres veces el apellido sin que se les trabe la lengua) diera frente a un auditorio lleno en Hay Festival.

Quizá su nombre no les diga mucho aunque sea rarito, pero una vez que se revela el título de su obra más conocida —que no la mejor, aclaro— todo cambia. Ondaatje ya era un escritor apreciado en Europa, mientras que de este lado del mundo obtuvo notoriedad y fama gracias a la versión cinematográfica de la novela El paciente inglés, que en 1997 ganó nueve premios Óscar, cosa extraña para una película británica realizada con un presupuesto decoroso, grandes actores y un impecable guion adaptado.

Regresemos a Querétaro, alejémonos del glamour de Hollywood para llegar hasta una mesita destinada a los autores que soportan o disfrutan el ritual de firmar libros. Dudé, pero me acerqué con mi libro de bolsillo entre las manos (al que ya se le notaba el paso del tiempo, especialmente en la portada). Después de que la mayoría de los asistentes entregaran nuevas y flamantes ediciones para obtener la esperada dedicatoria, Michael Ondaatje mantenía una mirada serena, el rostro amable y firmaba cada ejemplar que ponían frente a él. Al ver mi ejemplar levantó lo ojos y se tomó unos segundos para susurrar el nombre original:

-The cat’s table…

Con mi pésima pronunciación, intenté decirle que este era el tercer libro que leía de su autoría y se había convertido en:

-My favorite book.

Sonrió y antes de que pudiera darle las gracias me contestó:

Good choice.

Después de ese encuentro, comencé a leer Luz de guerra. La prosa cristalina de Ondaatje me acompañó en el viaje de regreso; sus frases fluían como si se movieran en el agua, por momentos acompañadas de piezas musicales que el autor escribe para el oído. Schumann suena una o dos veces por semana en las noches de los protagonista de esta historia.

La narración es tan rítmica que como lector olvidas, o decides ignorar el poderoso compromiso político que carga un libro como este. En Luz de guerra, el conflicto bélico no es un telón de fondo, el contexto lo es todo. Ese entorno complicado sacude y desata el conflicto interno del narrador, Nathaniel, de 14 años, y de su hermana Rachel, de 16 años; son dos personajes que se encuentran el difícil trance de convertirse en adultos cuando aún no quieren dejar de ser niños.

El mundo que conocen estos dos adolescentes se desvanece, enfrentan una separación inesperada, su madre Rose, debe irse, alcanzar a su padre en tierras lejanas donde tendrá un nuevo trabajo. La orfandad ficticia se hace presente cuando llegan a un colegio de tiempo completo, que aparentemente los mantendría a salvo en una época convulsa.

Ondaatje recupera otra vez el ambiente de posguerra, evoca esa iluminación particular, la que se anunciaba por los altavoces antes de la presencia enemiga: La ciudad quedará completamente a oscuras, solo las luces “azules” de las calles permanecerán encendidas. Esos destellos en índigo, que cortan la niebla, permiten imaginar un Londres bajo una especie de campo de fuerza, ese azul alertaba y a la vez, de manera extraña protegía simbólicamente a la población de los ataques aéreos.

Luz de guerra, El paciente inglés y El viaje de Mina (The cat´s table, no tengo idea de por qué no respetaron el título original en la traducción) comparten las obsesiones temáticas del autor: la migración, el problema de crecer, las apariencias y los sombríos legados de quienes se dedicaban a los trabajos de inteligencia y a las operaciones clandestinas, esos informantes que luchaban alejados de las trincheras y que fueron determinantes para victoria o la derrota en diversas batallas.

Nacer en un lugarcito perdido de Sri Lanka, estudiar en Inglaterra y ser canadiense por decisión determinó mucho de lo que hoy se puede leer en Luz de guerra. Uno escribe de lo que conoce y Ondaatje no es la excepción, su prosa poética lo delata al centrarse en lo humano, en las historias privadas que detonan la universal.


América Gutiérrez es Coordinadora de contenidos de Librerías El Sótano. Ha trabajado para Discovery Channel LA, Nat Geo, A&E, IMER y Penguin Random House.
Siempre se pregunta ¿en qué se parece un cuervo a su escritorio? Actualmente estudia las leyes que rigen las excepciones.