En definitiva, el posicionamiento de estos actores políticos y mediáticos ante un asunto rutinario como son los bonos de fin de año generan irritación. Foto: Cuartoscuro.

En definitiva, el posicionamiento de estos actores políticos y mediáticos ante un asunto rutinario como son los bonos de fin de año generan irritación. Foto: Cuartoscuro.

El tema del bono legislativo decanto dos agrupamientos en la Cámara de Diputados. El de la mayoría que no sólo lo promovió, sino se lo asignó descaradamente y la minoría integrada por el Diputado independiente Manuel Clouthier, los 36 de Morena y los 24 de Movimiento Ciudadano, que lo rechazaron por su ilegalidad y porque contraviene el mínimo de decoro que debe de tener cada representante político.

Los primeros no han tenido un argumento que justifique ese dispendio de recursos salvo aquel que menciona el Diputado Clouthier y que le sugirieron desde la mayoría “que lo tomara” y lo destinara al financiamiento de una buena causa social.

Él lo ha rechazado con el argumento de que “si ese dinero tiene un origen ilegal, el destino igualmente será ilegal”.

Vamos, no se puede presumir con dinero ajeno y menos todavía buscar capitalizarlo políticamente. Pero, lo cierto es que la decisión de Clouthier y los diputados morenistas ha exhibido la estatura ética del resto de esta representación política.

No es casual que esta decisión esté en el ánimo de muchos ciudadanos y vean con simpatía que al menos ellos rechacen algo que los otros ven como normal, como justo pago a su trabajo que frecuentemente se reduce a levantar el dedo.

Clouthier, quien es una marca electoral, cada día recibe más muestras de apoyo de una mayor cantidad de ciudadanos y es un activo para próximas elecciones.

Ha dicho que quiere ser Senador por Sinaloa en 2018, para luego ser candidato a Gobernador en 2021. Pero, este personaje que intentó fallidamente en 2012 ser candidato independiente a la Presidencia de la República, no lo logró por la ausencia de una legislación ad hoc pese a que la Constitución Política prevé que todo ciudadano puede “votar y ser votado” hoy está en condiciones de promoverse bajo esa misma figura y al mismo cargo.

Creo que haber alcanzado la única diputación independiente federal y tener hasta ahora un buen desempeño en la Cámara de Diputados, sobre todo en materia de posicionamiento en temas nodales lo catapulta hacia un espacio político más elevado. En una conversación que sostuve recientemente con él, me decía que su tarea principal es posicionarse en los temas nacionales y “tiene el reconocimiento de todas las bancadas” y eso le permite hacer su trabajo legislativo con absoluta libertad.

Entonces, no sería desdeñable que conforme avance el calendario electoral de las candidaturas independientes vuelva a sonar su nombre, aunque él dice y repite que no jugara en 2018 por la Presidencia de la República. Ya veremos.

El caso de Morena no es distinto, luego de su aparición electoral en 2015 cuando obtuvo 36 diputados y se metió fuerte a la pelea en los estados de Veracruz, Zacatecas y Oaxaca, pero especialmente en el DF, donde fue la fuerza política más votada y tiene el mayor número de miembros en la Asamblea Legislativa, está dando golpes certeros al renunciar a privilegios de la representación tanto en las cámaras federales como en los estados.

Así, en la última de encuesta del diario Reforma, sitúa a su líder Andrés Manuel López Obrador en primer lugar en intención de voto con 29 por ciento, seguido por la panista Margarita Zavala, a quien le sigue pesando y mucho la sombra de su marido, como se vio recientemente en la FIL Guadalajara, donde un joven deudo le hizo pasar una mal rato recordando la muerte de su padre en la llamada “Guerra contra el narco”.

La fracción parlamentaria de Movimiento Ciudadano ha hecho lo propio y se ha pronunciado en contra de la entrega del bono navideño de 150 mil pesos, lo que tiende a reforzar su imagen y de rebote a sus gobiernos locales, especialmente el de Enrique Alfaro que en Guadalajara está haciendo un gobierno progresista y se perfila como el próximo Gobernador de Jalisco.

Entonces, gestos como estos cobran especial relevancia y provoca la repulsa colectiva. Irrita que en un contexto de contracción económica y empobrecimiento de millones de mexicanos además de un futuro incierto con la llegada de Trump a la Presidencia de Estados Unidos, estos diputados y diputadas ejecuten este tipo de atracos al erario público y eso habrá de tener costos políticos.

En teoría política existen los llamados juegos de suma cero, donde lo que pierde uno lo gana el otro. En esos desplazamientos de votantes influye, y mucho, el ánimo de los votantes. Y es que tenemos una sociedad irritada que favorece “el voto a la congruencia” por encima de razones de tipo ideológico, que dicho de paso se ha difuminado para poner en el centro el pragmatismo político, cómo único mecanismo de acceso al poder.

Y ese “voto a la congruencia”, si bien ya está instalado en el imaginario público, y es lo que provoca el voto a favor de personajes con estima social, es muy probable que siga creciendo en beneficio de aquellos que están más en sintonía de las expectativa de la gente. Nada que signifique la continuación de la dinastía corrupta de que ha sido testigo la nación en los últimos años.

Cierto, no se puede absolutizar. Los mecanismos de generación espurio del voto se encuentran debidamente aceitados y seguramente en el futuro será con mayores cargas de dinero ilegal, es decir, probablemente ya están en operación los Moreira y los Duarte del 2018, que suministrarán recursos ilegales a la política electoral con el fin de conservar el poder y reeditar en el mediano plazo una nueva generación de gobernadores perseguidos.

Pero no hay nada escrito. Los ánimos sociales no están para seguir haciendo lo mismo y quizá por eso las prisas de cambiar el diseño electoral y garantizar la segunda vuelta o los llamados gobiernos de coalición, como una forma legal, pero quién sabe qué tan legítima de agregar los fragmentos políticos y provocar que los partidos más señalados de corrupción sigan gobernando el país con mayorías artificiales.

En definitiva, el posicionamiento de estos actores políticos y mediáticos ante un asunto rutinario como son los bonos de fin de año generan irritación, pero también un halo de esperanza que refuerza tendencias electorales y que hoy algunos analistas, como Jorge Fernández Menéndez, empieza hablar errónea y maliciosamente del voto antisistema (léase de su autoría 2018: Voto antisistema y la coalición), y digo erróneamente porque dentro del sistema de partidos no puede hablarse de antisistema, pues todo es sistémico, todos los partidos con registro y representación reciben recursos públicos, y todavía menos se puede hablar de electores antisistema que escogen libremente por quien votar.