Como Joan Didion, luego de leer Las noches azulesEl año del pensamiento mágico, luego de ver el documental, la autora consiguió la confirmación de lo que ya sabía: conviene hablar de estas cosas. Así, esta novela que cambió a la autora y encantó a los lectores.

Ciudad de México, 9 de diciembre (SinEmbargo).- Escribir sobre un hecho que mucho nos golpeó es una gran obra negra. La casa sin terminar y ese alguna vez veremos este techo, este piso, esta pared totalmente hechos para abrigar nuestros sueños.

La casa nunca llegó, la madre se fue, la familia se desperdigó y he aquí que tenemos a la joven autora Gilma Luque para contar los pedazos.

La autobiografía se vuelve ficción. Uno recuerda lo que quiere, trata de impedir la mención de aquellas personas que no quieren salir y todo se convierte en una memoria envolvente, que nos apresa y nos quita objetividad.

En Obra Negra, Gilma ha escrito lo que ha podido y ese poder la ha liberado de sus fantasmas. Ahora siente que es capaz de escribir sobre lo que sea, ya ha pagado sus deudas.

Claro que ese costado autobiográfico que tiene su novela se parece mucho a Canción de tumba, de Julián Herbert y no porque el estilo sea idéntico, sino porque la madre siempre tiene nuestra pulsión y nuestra esencia (aún cuando no la hayamos tenido o su presencia haya sido difícil, es importante también en la carencia).

Es una de las mejores novelas del año, porque la verdad se agiganta hasta hacernos pequeños, habitantes de una casa en obra negra, próximos a definir nuestro destino.

­La primera novela de Luque es de 2010, Hombre de poca fe. En 2012 dio a conocer por Ediciones B, El mar de la memoria.

Una de las mejores novelas del año. Foto: Almadía

Ahora vuelve editada por Almadía, madura y desafiante.

­–¿Cómo llegaste a Almadía?

–Por mucha suerte, creo. En este camino de las editoriales que son muy grandes, me sentí un poco como perdida y pequeña. Estoy muy contenta porque uno puede llegar más a los lectores. Fue una experiencia muy grata, sobre todo mandar el manuscrito y tener una respuesta. Me pareció muy interesante, porque en el dictamen me hicieron dar cuenta de que todavía le faltaban cosas. La corregí, no en cosas que me marcaron en el dictamen, pero quedó bien al final. Trabajé en la estructura, en los tiempos, yo había decidido tener un tiempo lineal, pero jugando con los tiempos fue mucho mejor.

–¿Cómo ha sido el desarrollo?

–He tenido varias etapas, ahora estoy contenta porque es la novela que yo quería escribir. Me parecía como muy fuerte que sea autobiográfica, yo tenía una gran pelea con el pasado. ¿Puedes volver a ser niña?, yo diría que no. ¿Puedes volver a ser adolescente?, siempre decía que no. No quería regresar porque desde mi punto de vista todo lo que me había pasado se me hacía muy terrible. Yo prefería dejarlo atrás, no hablar de eso, ni siquiera pensar en ello. Una vez que murió mi madre, ni mi padre ni mi hermano ni yo queríamos hablar de eso. Pero decidí contarlo a 10 años, hice 40 páginas dolorosas, pero no era literatura, era un desahogo. Hasta que ya un poco limpia de pena, me ganó el oficio de escritora y quise hacer una novela con esa historia. Ya no sufría, me divertí, trabajé, hice un ejercicio de memoria, intenté tener otros tiempos, buscar las cosas de mi infancia, los búhos –porque mi madre coleccionaba búhos-, la casa en la que vivíamos era una obra negra, una gran metáfora para hablar de la identidad y de la familia. Sobre la ciudad, sobre la unidad habitacional de Santa Fe…

–Claro, también podrías haber escrito sobre un policía que mata a otro policía, elegiste la autobiografía como literatura…

–Claro, podría haber escrito, pero en este caso lo que quería escribir era sobre lo que para mí había sido importante. Quería escribir sobre la enfermedad, que era una situación a una obra negra. La enfermedad es esclerosis múltiple, degenerativa, no curable y yo la veía como una especie de oráculo, cuando pensaba en la historia, había demasiada carne en esa narración.

Al final, siempre estaba mi madre. Foto: SinEmbargo

–También te lo decía por cómo una novela puede transformar a uno

–Sí, es cierto. Lo fue. Hace poco le contaba a alguien que tengo esas novelas antes, pero que todas esas novelas son esta. Al final siempre estaba mi madre. El primer acercamiento fue doloroso porque era algo que no quería confrontar en la vida, porque era demasiado fuerte. Mientras entendía muchas cosas de mi pasado al escribirlo, también supe que mi pasado no había sido tan terrible. Avanzaba la enfermedad, pero también había momentos de felicidad e intentábamos todo el tiempo ser una familia. Esta idea de las casas que no se concluyen era como un sueño. Todo estaba proyectado para que el futuro no fuera tan terrible. Para que cuando mi madre estuviera bien enferma, algo nos salvara. Alrededor de esta línea que s la enfermedad, continuamos vivos. Ahora sí podría regresar a ser niña.

–Hay nuevas escritoras potentes, ¿cómo te sientes con respecto a ello?

–Hay nuevas escritoras, es verdad. Claudina Domingo, Ave Barrera, Nadia Villafuerte, que están trabajando muy fuerte. A veces te das la chance de escribir sobre lo queremos, te alejas de los temas que merecen ser tratados y eso lo definen los hombres y no hay tanto problema, eso nos da una libertad inmensa. Me ha impresionado que los editores me han llevado a la escuela Preparatoria. Al principio estaba un poco desconfiada, pero la experiencia fue increíble, me encontré con la gran sorpresa de que los niños fueron muy directos y habían leído la novela.

–¿Cómo te sientes con respecto a tu propia literatura?

–Me siento todavía mejor, ya escribí el libro, ya está el desahogo, ahora quiero escribir un ensayo, sobre gente con esclerosis múltiple, Juan García Ponce, Stephen Hawking, estas personas que sobrevivieron a la enfermedad de una manera distinta. Me sentí libre y tengo muchas cosas que me interesan.

–¿Cómo es el proceso de estar junto a un escritor (Daniel Espartaco Sánchez)? Hay muchas parejas de escritores

–Tiene muchas dificultades, porque él es neurótico y yo soy muy neurótica. Él tiene que poseer sus espacios creativos. Cuando vives con alguien que no tiene nada que ver con la literatura tú puedes tirarte al suelo, pero cuando vives con otro artista, tienes que medirte un poco porque sino todo se vuelve un caos. Pero por otro lado es súper bueno, te levantas y tienes que contar que soñaste con un narrador y va a estar el otro escuchando. Él me puede recomendar libros, yo leerlos y al otro día decirle que me parecieron, cuando con otra persona es más difícil. La experiencia es más “padre” que dificultosa.