De acuerdo con la investigación, los cambios en las temperaturas regionales tienen un impacto directo en los casos de malaria.

Barcelona, 10 mar (EFE).- El cambio climático podría hacer aumentar la transmisión de la malaria en zonas pobladas de África, según el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), que ha comprobado que la ralentización del calentamiento global entre 1998 y 2005 se tradujo en una disminución en la transmisión de la malaria en el altiplano etíope.

Un estudio liderado por el ISGlobal, centro impulsado por la Fundación La Caixa y la Universidad de Chicago, que publica la revista Nature Communications, ha demostrado la “estrecha relación entre clima y salud”.

Médicos y científicos debaten desde hace tiempo sobre el impacto del calentamiento global en la incidencia de la malaria.

Los expertos creen que una de las regiones en las que mayor efecto podría observarse es en los altiplanos, donde las menores temperaturas limitan la abundancia del vector, provocando brotes intermitentes y estacionales de la enfermedad.

“Vemos que la epidemiología de la malaria en estas zonas está fuertemente regida por el control climático, que se manifiesta a todas las escalas (meses, años y hasta décadas), lo cual zanja de una vez el debate sobre si el cambio climático está o no afectando a la dinámica de la malaria en África”, ha afirmado Xavier Rodó, director del programa Clima y Salud del ISGlobal y primer autor del estudio.

Rodó ha recordado que a finales del siglo pasado observaron una disminución en la incidencia de la malaria en el Este de África que podría ser el resultado del aumento de las medidas de control contra la enfermedad o bien deberse a la ralentización temporal en el incremento de la temperatura media global de la superficie terrestre, un fenómeno que se observó entre 1998 y 2005.

Para comprobarlo, los investigadores estudiaron la región de Oromia (Etiopía), un altiplano muy poblado situado entre los mil 600 y los 2 mil 500 metros de altitud.

En esta región tienen registros muy completos de casos anuales de malaria por ambos parásitos (P. falciparum y P. vivax) entre 1968 y 2007, a la vez que las intervenciones de salud pública para el control de la enfermedad no se reforzaron en la región hasta 2004.

Así, pudieron separar el efecto del clima del efecto de las medidas de control en parásitos y, usando un modelo matemático, analizaron la relación entre casos de malaria, el clima regional (temperaturas y precipitación locales) y el clima global (en particular desde el océano Pacífico por el efecto del Niño y de la llamada Oscilación Pacífica Decadal).

Los resultados muestran que la variación en los casos de malaria por ambos parásitos se correlacionan “extremadamente bien” con los cambios en temperaturas regionales: el descenso en temperaturas en la región ligado al efecto del cambio climático coincidió con la reducción en casos de malaria que se observó a partir del año 2000, cinco años antes de que se reforzaran las medidas de control de la enfermedad.

Mapas de correlación que muestran la firma del paludismo por Plasmodium falciparum en Oromia (Etiopía) sobre los valores de las temperaturas de la superficie del mar para las regiones del Pacífico de El Niño (EN) y la Oscilación Decadal del Pacífico (DOP). Foto: Rodó, X., Martinez, P.P., Siraj, A. et al. Malaria trends in Ethiopian highlands track the 2000 ‘slowdown’ in global warming. Nat Commun 12, 1555 (2021).

Esto a su vez coincidió con la ralentización momentánea del incremento en la temperatura media global de la superficie terrestre por efecto del fenómeno del Niño y de la oscilación decadal del Pacífico.

El análisis también muestra que hay una “cascada de efectos” entre la variabilidad climática a nivel global (en este caso, la temperatura del océano Pacífico) y la variación de temperaturas regionales en el este de África, que al final se traduce en nuevos casos de malaria en el altiplano etíope.

“La conexión entre la dinámica de la enfermedad y las condiciones climáticas es tan estrecha que se observa a diferentes escalas temporales: de la estacional a los ciclos multianuales e incluso decenales”, ha detallado en un comunicado la profesora uruguaya de Ecología de la Universidad de Chicago, Mercedes Pascual.

“La incidencia de la malaria no solo reflejó los cambios en temperatura, lo cual ya habíamos demostrado, también el descenso en el calentamiento que se observó al inicio del siglo, el objetivo de este estudio”, según Pascual.

Para Rodó, “la evidencia de que el período de ralentización del calentamiento global tuvo un impacto sobre la transmisión de la malaria demuestra el fuerte vínculo entre clima y salud”.