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Rubén Martín

10/04/2022 - 12:04 am

Revocar la política de arriba

“Cuando les conviene se hacen consultas a modo, pero cuando no, ignoran los derechos de los pueblos y comunidades, como los de Península de Yucatán que luchan tanto contra el Tren Maya, los megaproyectos de turismo masivo, como contra las mega-granjas porcícolas que devastan tierras y aguas de las comunidades”.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador. Foto: Gobierno de México

La polarización política en México entre quienes respaldan al actual Presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y entre quienes se oponen a este proyecto, e incluso lo detestan, atraviesa todos los campos del debate público, desde el manejo de la economía, las medidas contra la pandemia y ahora el encono surge por la convocatoria a la consulta sobre la Revocación de Mandato del titular del Ejecutivo federal.

La convocatoria a esta consulta, que se promueve como un avance en los instrumentos de la democracia participativa, ha generado una dura polémica entre los defensores y los detractores del Gobierno de la autollamada Cuarta Transformación (4T). Una buena parte del debate se centra en si el original proceso de Revocación de Mandato, que originalmente debe ser impulsado por la sociedad, no se ha convertido tramposamente en un ejercicio de ratificación de mandato. Y todo indica que así será.

A pesar de sus yerros o situaciones adversas, la popularidad del Presidente López Obrador alcanza a dos de tres mexicanos. Según Consulta Mitofsky, 61.1 por ciento de los encuestados aprobaba la gestión presidencial, con datos del 7 de abril 2022. Confiados en esta alta popularidad los simpatizantes de la Cuarta Transformación, han impulsado la participación en la consulta con el objetivo de convertirlo en una ratificación del mandato presidencial e incluso convertirlo en una victoria política que lo fortalezca de cara al cierre del sexenio y utilizarlo para forzar la terminación de los otros grandes megaproyectos del actual Gobierno como la refinería de Dos Bocas, el Tren Maya, y el corredor transístmico.

En este optimismo desbocado, algunos cuadros de Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) han vuelto a las viejas prácticas de movilización de la partidocracia tradicional, como el uso de tiempo y recursos públicos, para promover la consulta, prácticas que podrían ser sancionadas e incluso declararse la nulidad del proceso, según declaró el consejero presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), Lorenzo Córdova a Roberto Zamarripa en Reforma (9 abril 2022).

De otro lado, la convocatoria a la consulta terminó por dividir a la oposición al actual Gobierno. Por un lado, las corrientes más radicales antiobradoristas, como el Frente Nacional Anti-AMLO (Frena) están llamando a participar en la consulta y aprovecharla para sacar del poder al Presidente. Curiosamente, el mismo López Obrador hace ese mismo llamado.

De otro lado, la oposición de la vieja partidocracia (PRI, PAN y PRD) están llamando a la “abstención activa”, es decir no participar en la consulta para no legitimar una convocatoria que anticipan será utilizada para refrendar el mandato presidencial. A esta postura se han sumado la mayoría de articulistas, académicos e intelectuales que no simpatizan con López Obrador. Esta llamado para abstenerse de participar en la consulta tiene el objetivo de que el ejercicio no alcance el número de votos suficientes para que sea vinculante.  La consulta de este domingo 10 de abril debe contar con la participación de 37 millones 129 mil 287 ciudadanos, que representa el 40 por ciento de los ciudadanos registrados en la Lista Nominal de Electores.

Más allá de las posturas pro o anti AMLO vale la pena si esta consulta representa realmente una ampliación de la democracia que existe en México.

Parto de que el sistema político de democracia representativa que ahora tenemos, es una democracia absolutamente restringida que delimita la participación política de los ciudadanos sólo a las elecciones para elegir representantes pero niega una participación directa y permanente de los sujetos en los asuntos públicos y comunitarios que le competen.

La democracia liberal representativa limita la participación de los sujetos políticos a elegir quien los va a gobernar (quien va a ejercer el poder a nombre de toda la sociedad) de entre una fila de candidatos que ya fueron electos por los partidos políticos, lo que vale a decir que fueron electos por los grupos políticos y de interés que dominan esas organizaciones políticas.

Tanto el oficialismo de la 4T como la oposición se han desangrado en una controversia estéril sobre si sirve o no el ejercicio de Revocación de Mandato, sin cuestionar de fondo el sistema político de democracia restringida que tenemos.

La oposición acusa al actual Gobierno de autoritario y de regresión democrática, cuando han sido artífices o los responsables de graves violaciones a los derechos políticos de la población mexicana y han impuesto grandes decisiones nacionales mediante el fraude electoral y el virtual robo de la voluntad popular como en 1988 y mediante acuerdos cupulares que reparte puestos de representación popular. Además de robar la voluntad popular, la partidocracia tradicional ha impuesto la voluntad del Estado a la sociedad mexicana utilizando la persecución y la represión política como herramienta permanente para contener las disidencias políticas.

Por su parte, los defensores del proyecto de la 4T sostienen que la consulta sobre Revocación es un avance en la consolidación democrática, cuando en los hechos están imponiendo sus grandes megaproyectos que van a modificar sustancialmente los medios de reproducción de la vida de millones de personas sin consultarlas y sin tomarlas en cuenta. Cuando les conviene se hacen consultas a modo, pero cuando no, ignoran los derechos de los pueblos y comunidades, como los de Península de Yucatán que luchan tanto contra el Tren Maya, los megaproyectos de turismo masivo, como contra las mega-granjas porcícolas que devastan tierras y aguas de las comunidades.

A lo largo de la conformación del Estado liberal en México se ha vendido la idea de que la democracia son avances progresivos: al comienzo solo votaban un puñado de varones blancos acaudalados, luego se amplió el voto a todos los hombres, apenas hace 70 años se consideró que las mujeres eran sujetos de derechos políticos, y hasta mediados de 1970 se “autorizó” que comunistas y sinarquistas eran opciones políticas legales. Ahora se supone que existe el voto universal y secreto y que lo que sigue es ir “ampliando” y “consolidando” la democracia. Bastante larga ha sido esa famosa consolidación democrática de la que tanto hablan los académicos y articulistas liberales. En realidad ese avance “progresivo” de derechos y libertades puede y debe verse desde la otra óptica: la resistencia permanente de quienes detentan el poder y se benefician de un sistema basado en el antagonismo social que acumula riqueza y privilegios mediante la explotación del trabajo, el despojo de bienes comunes y la imposición de un sistema de dominación. Son los de arriba quienes han controlado y administrado la democracia liberal y a ellos sigue beneficiando.

Con independencia del resultado de este domingo, tras la consulta no se tendrá un sistema político con una democracia plena, sino restringida, un sistema político que sirve a los intereses de los de arriba y que no propicia una democracia federativa que desde las comunidades y los municipios libres, puedan confederarse en formas democráticas que emerjan de abajo hacia arriba. Con consulta o sin consulta, lo que debe revocarse es la política que se impone desde arriba.

Rubén Martín
Periodista desde 1991. Fundador del diario Siglo 21 de Guadalajara y colaborador de media docena de diarios locales y nacionales. Su columna Antipolítica se publica en el diario El Informador. Conduce el programa Cosa Pública 2.0 en Radio Universidad de Guadalajara. Es doctor en Ciencias Sociales. Twitter: @rmartinmar Correo: [email protected]
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