Dicen que se van del pueblo caminando porque desde hace días no hay transporte público, no se sabe si desde hace tres días que inició el éxodo de pobladores o desde que hay filtros de personas armadas que impiden su entrada.

Las tiendas, casas, la clínica de salud, el preescolar, la escuela primaria y la telesecundaria están cerradas. “Toda la gente que se está yendo no debe nada, pues; se van por miedo”, aseguró uno de los pocos habitantes.

Por Luis Daniel Nava

Guerrero/Ciudad de México, 10 de junio (SinEmbargo/El Sur).– En tres días los vecinos de los pueblos Tepozcuautla y Ahuihuiyuco del municipio de Chilapa, en Guerrero, fueron desplazados por la violencia de la región, los lugares se ven abandonados prácticamente por todos sus habitantes tras una serie de asesinatos y un pánico colectivo provocado por la amenaza de un ataque armado.

“Toda la gente que se está yendo no debe nada, pues; se van por miedo”, aseguró uno de los pocos habitantes que quedan.

También clamaron por seguridad pública y que la policía no sea corrupta para que sus vecinos puedan regresar a sus pueblos, donde dejaron todo.

La imagen de Tepozcuautla, a las 11 de la mañana, cuando los rayos del sol chocan con el pavimento de su principal acceso, es de desolación.

Las tiendas, casas, la clínica de salud, el preescolar, la escuela primaria y la telesecundaria están cerradas; las calles se ven vacías, sin gente, sin perros, dan un aspecto fantasmal a una comunidad que, hasta tres días, tenía unos mil habitantes.

En un camino ascendente de terracería, aún en Tepozcuautla, dos señoras con dos niños que llevan de la mano van cargando retacadas bolsas de mandado, con lo que parece ropa y provisiones.

Dicen que se van del pueblo caminando porque desde hace días no hay transporte público, no se sabe si desde hace tres días que inició el éxodo de pobladores o desde que hay filtros de personas armadas que impiden su entrada.

No tienen reserva en proporcionar el nombre del comisario que es la primera autoridad del pueblo, pero sería en vano buscarlo para que dé una postura del desplazamiento pues, dicen las señoras, él también ya se fue.

Una de las últimas viviendas antes de salir de Tepozcuautla, construida de concreto y de dos plantas, está custodiada desde afuera y desde la azotea por soldados del Ejército y policías estatales; sus habitantes llenan un viejo auto compacto con una mudanza que incluye un tanque de gas.

En su pequeña granja, dentro de su predio dejan maíz, algo de desperdicio que hasta los pequeños perros olfatean y comen, y agua en varios baldes para las gallinas y pollos; al caballo y al burro los sueltan para que busquen por su cuenta alimento, si los dejan amarrados morirán de hambre en unos días.

“¿La comisaría?, ya no hay comisario, ya se fue, ya entregó todo, ya se fueron todos, aquí ya no hay nada”. Foto: Especial

Entrando a Ahuihuiyuco, tres hombres y tres mujeres parece que se alistan para salir de viaje; llenan una camioneta con costalillas de maíz, un grano que en otra circunstancia serviría para el gasto diario.

“Ya se fueron por miedo, todos; aquí ya no hay gente, se vaciaron los dos pueblos, así se ve. Aquí había muchísima gente, pero ya se fueron; muchos se iban llorando de qué no tenían a dónde ir, van llorando”, narra el hombre mientras carga su camioneta.

“La verdad no sabemos (a dónde ir), voy a vender esto (el maíz), adonde lo pueda llevar para alivianar tantito, para estar comiendo, no sé a dónde vaya, aquí tengo todo instalado”, lamenta.

Los pobladores cuentan que hay mucha gente que fue amenazada, pero que también muchos se fueron por el miedo infundido.

“Si ve que ahí (en las casas vecinas) se están yendo, qué esperan los vecinos, dejaron sus marranos. Están dejando todo, ahora cómo le vamos hacer”, preguntan.

“¿La comisaría?, ya no hay comisario, ya se fue, ya entregó todo, ya se fueron todos, aquí ya no hay nada”, dice. “Cerraron las tiendas, se llevaron todo, y las escuelas llevan como dos días que cerraron”.

Al tratar de explicar qué pasa, dicen que los habitantes de ese lugar han sido asesinados “en cantidad… No fueron 10 ni cinco, fueron muchos, los matan en cantidad, ya los ven como perros, los dejan tirados como perros; como 100, son chavos, son señores que han trabajado en la albañilería, campesinos, y no sé por qué les hacen eso, que no tienen nada que ver. Está cabrón”.

Los últimos pobladores exigieron a los tres niveles de gobierno seguridad para regresar a sus pueblos.

“Les pedimos que (le) hablen (al gobierno), para ver si vamos a regresar, si van a poner más leyes, seguridad y seguridad correcta. Nosotros le pedimos seguridad en las entrada de los caminos, lo pide toda la comunidad”.

Cuentan que desde hace meses, hay retenes de delincuentes armados en las entradas a las comunidades, por lo que ya no entran las camionetas de transporte público. “Queremos que el gobierno mande refuerzos, que se ponga seguridad, que no sean corruptos”, reclaman.

La imagen del centro de Ahuihuiuyuco, una población también de unos mil habitantes, según registros oficiales, es similar a la de Tepozcuahutla, salvo que aquí, desde hace unos dos días se instaló un campamento del Ejército, a un costado de la comisaria.

Las escuelas de preescolar, primaria y la telesecundaria, así como las tiendas del pueblo están cerradas, también su centro de salud, el único que se mantiene abierto, aunque sin feligreses, es el templo la Iglesia católica.

El panorama en los patios rústicos de todas las viviendas es de abandono, animales de granja y de carga, así como perros sueltos, buscando comida.

Al mediodía hay un silencio casi absoluto; no hay música que en los altavoces de las tiendas o casas particulares ponían para todo el pueblo, ni niños corriendo por sus calles de tierra.

Una pareja de adultos mayores que se negaron abandonar el pueblo temen que los “groseros” entren a las casas a robar.

También cuentan que el alcalde de Chilapa, el priista Jesús Parra, ya los fue a visitar, y que se comprometió a regresar este viernes con ayuda alimentaria.

LOS MAESTROS NO DAN CLASES POR TEMOR

En Tetitlán de las Limas, la población permanece, sólo han cerrado los centros educativos, pues el personal ha optado por no ir a laborar.

Uno de sus vecinos asegura que la gente que se está yendo de los pueblos vecinos no debe nada. “se van por miedo. Los amenazaron a lo mejor”.

–¿Y usted no tiene miedo?

–Sí tengo, pero qué le hacemos, de que tengo, tengo; (pero) no tenemos dinero para comprar otro terrenito.

Tepozcuautla y Ahuihuiyuco están ubicados a unos 20 minutos de recorrido desde la cabecera municipal de Chilapa, en una zona geográfica que incluye Tepehuizco y Tetitlán de las Limas, donde desde inicios de 2015 han sido halladas fosas clandestinas y cuyos habitantes han sido víctimas mortales, al quedar en medio de una sangrienta confrontación entre grupos del crimen.

Una de las familias con más víctimas es la del ex director de Seguridad Pública de Chilapa, Silvestre Carreto González, quien en 2014 fue cesado por no ser confiable, según declaró el entonces gobernador, Ángel Aguirre Rivero.

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