Y tú, ¿seguirás siendo una máquina de escribir en un mundo digital? Foto: Patrick Fore.

Muchas veces somos muy duros juzgando las nuevas generaciones y sus comportamientos, nos jactamos diciendo que en nuestra época obtener algo era realmente difícil “no como ahora que lo tienen todo al alcance de un click”.

Es verdad, las nuevas generaciones tienen acceso a toneladas de información inmediata, desafortunadamente no hay un filtro entre la buena información y la mala información, bueno pensándolo bien, el problemas es, cómo usan la información que tienen a la mano.

Desde el momento que tomé la decisión de volverme vegana estoy plenamente consciente que me faltó una cantidad impresionante de información a lo largo de mi vida para poder tomar buenas decisiones sobre cómo interactuar con mi contexto para así dañar lo menos posible todo lo que nos rodea. En una estructura en donde lo normal es tomar decisiones coaccionadas por lo que llamamos “normalidad”, pero que en realidad es un constructo de imposiciones económicas y sociales que rigen nuestro comportamiento, claramente es difícil no caer en el juego de justificar nuestro comportamiento como “normal” aunque en realidad fuese más parecido a depredación que a normalidad.

Afortunadamente, como antes mencioné, esas cascadas de información que han tenido al alcance los millennials y ahora la generación Z corta rotundamente con este velo que nuestra generación y las anteriores tenían, ese velo de no ver más allá de nuestra nariz, es sorprendente cómo en menos de una década la atención de los jóvenes se ha centrado, aparte de hacer retos que nos parecen estúpidos en Youtube, a temas en realidad profundos y necesarios para deconstruir nuestra estructura social y reorganizarla en una más consciente, palabras como cambio climático, zero waste, veganismo, igualdad, identidad de género, son ahora temas que los más jóvenes conocen, recuerdo que yo escuche la palabra veganismo hasta que tuve más de 25 años, hoy conozco veganos de 12 años de edad.

¿De dónde proviene?, ¿qué implica?, ¿es bueno para mí?, ¿es bueno para el entorno? Son preguntas ahora cada vez más comunes para el consumidor joven, aquellos que en el futuro tomarán las decisiones de las industrias y el comercio, eso sin duda es esperanzador.

Por ejemplo, si yo siendo muy joven me hubiera dado cuenta que aquel cerdito que me presentaban en las películas, bello e inteligente y que me encantaba era el mismo que en mi mesa me servían en pedazos, muy probablemente hubiera reaccionado como muchos niños que hoy en día no quieren comer a sus animales favoritos, me viene a la mente un video donde un niño llorando protege el cadáver de un pollo que su mamá está cortando en pedazos para después cocinarlos.

Me hubiera gustado saber tantas cosas, me hubiera gustado que con un solo click toneladas de información entrarán en mi cabeza, que mis padres me enseñaron a usarla con responsabilidad, no me quejo de lo que soy ahora ni de lo que fui pero sé que una versión mejor de cada uno de nosotros siempre estará esperando por ser descubierta.

Las industrias están cambiando gracias a estas generaciones informadas, aquellos monstruos capitalistas saben que si no cambian, el mercado no perdona, y que una oleada de consumidores jóvenes y cada vez más conscientes viene a apoderarse de todo, cambias o mueres, transformarse es la única opción que tienen. Hoy los anaqueles de aquellas tiendas donde nuestras viejas generaciones acostumbran adquirir lo de siempre, huevo, pan, leche y carne hoy han sido invadidas por tofu, leches vegetales, carnes alternativas, pan vegano, sin duda la deconstrucción de nuestra sociedad está en marcha.

La verdad es que yo me sentiría avergonzada si no hubiera cambiado hace tiempo, me sentiría vieja y obsoleta como aquel último Blockbuster que luchaba por sobrevivir ante la pisada gigante del streaming o una vieja máquina de escribir contra una poderosa lap top o que tal un encantador walkman contra la maravilla del Ipod, más allá del activismo que hemos hecho ya por décadas esos jóvenes que usan laptop para hacer sus tareas, que escuchan música y jamás conocieron un cassette, están decidiendo por empatía cambiar el mundo, ellos saben hoy que es necesario y que las generaciones anteriores lo hicimos mal y nos resistimos al cambio.

Me hubiera gustado saber tantas cosas, me hubiera gustado que con un solo click toneladas de información entrarán en mi cabeza. Foto: Patricia P.

Hoy he tomado esa bella costumbre de las nuevas generaciones a renegar de todo y preguntárselo todo, para exigirme a mí misma, saber y apoyar lo que me necesite.

Y tú, ¿seguirás siendo una máquina de escribir en un mundo digital?