Las y los maestros del país se enfrentaron a retos inmediatos apenas llegada la pandemia. El uso de la tecnología, el organizar grupos de hasta más de 40 a la lejanía, recibir trabajos, evaluar. El cierre del ciclo escolar implicó muchos esfuerzos que a la vez se multiplican en el caso de las maestras que son madres y fuente de ingresos del hogar.

Ciudad de México, 10 de agosto (SinEmbargo).- El tiempo de las maestras durante la emergencia sanitaria por COVID-19 se dividió en el trabajo con los alumnos, los cursos obligatorios, revisar tareas y, además, fueron las encargadas de ayudar a sus hijos a tomar sus clases en línea. Todo eso sin dejar de realizar labores domésticas.

Con el anuncio del regreso a clases el próximo 24 de agosto, la duda surgió: ¿de dónde se sacará tiempo para acompañar a los hijos que no pueden ser autodidactas con la televisión de un día para otro?

En México, de acuerdo con los últimos datos de la Encuesta Nacional del Uso de Tiempo (ENUT) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), son las mujeres las que se hacen cargo de estas tareas, las del cuidado de los hijos y del hogar, y no desde hace algunos años, sino que históricamente han sido su responsabilidad, lo que desemboca también en otro problema como la pobreza de tiempo.

Los datos de la ENUT señalan que el 63.7 por ciento de las mujeres ocupan su tiempo al cuidado de integrantes del hogar de 0 a 14 años; el 5.6 por ciento de las mujeres se ocupan al cuidado de integrantes del hogar de 60 y más años y el 9.8 por ciento de las mujeres realiza cuidados especiales a integrantes del hogar por enfermedad crónica, temporal o discapacidad.

En los tres tipos de cuidados anteriores el porcentaje total de mujeres que ocupan su tiempo es del 79.2 por ciento.

Los trabajos de cuidados son todas aquellas actividades que se realizan para el bienestar físico, psíquico y emocional de las personas, de acuerdo con la información compartida el Instituto Nacional de las Mujeres. Todas estas labores de cuidado suelen recaer de manera desproporcionado en las mujeres y niñas, sin importar su grado académico ni su edad.

Maestras entrevistadas por SinEmbargo, contaron la experiencia de estos últimos meses, tanto de cómo fue esta primera etapa siendo profesionistas y madres y sobre todo de las dudas y la incertidumbre del periodo que viene con la educación por televisión.

Coincidieron en que la atención a los hijos será obligatoria cuando estén en clase porque en definitiva sólo con televisión no será posible aprender. Es una labor que requerirá atención a que tomen la clase, a las tareas e incluso trabajar en los ánimos para que el encierro no abrume a los pequeños.

UNA PERSONA PARA TODAS LAS TAREAS

Para la maestra Angélica Camarillo, en esta “situación insólita” la violencia que vivió durante el periodo de divorcio con su ahora ya expareja, cambió por completo la manera en que pasaron estos cinco meses de encierro.

Ella enfrentó su divorcio pero quedaron pendientes la custodia, que es provisional para ella, y lo de la manutención.

“Eso traía para mí ya una carga fuertísima de emociones y presión. La cuarentena significó empezar una relación con mi niña, que fue complicado, porque yo me tuve que sobreponer emocionalmente al estar adentro de mi casa y hacerme cargo de las tareas domésticas. Pero en medio de todo pude acercarme mucho a ella a pesar de que yo venía de una situación compleja, saqué de mi lo mejor que tengo para ayudarla porque obvio no estaba acostumbrada a estar todo el día conmigo. También me tocó enfrentar la separación, ese proyecto de vida que se desmorona. Emocionalmente es fuerte y lo fue más porque tuve que hacerme cargo de todas las tareas”, contó.

La maestra agregó en mayo se complicaron las cosas con su hija porque había un hartazgo y ella ya no quería hacer tareas. Le cambió su lugar de trabajo, formas de interesarla, le cambió los horarios, pero lo que ella quería era la interacción.

“Costó trabajo cerrar el ciclo escolar. Ya no quería hacer las cosas y a mí me generaba estrés su actitud. Yo siendo maestra no podía lograr que ella se interesara. Fue muy difícil. Para junio busqué más estrategias y me funcionó despertarnos muy temprano y salir a caminar y hacer ejercicio, pero fue un desafío tremendo”.

En un día de pandemia, de cinco a seis horas era el tiempo que la maestra Camarillo tenía que estar atenta a las actividades de su clase de segundo año de primaria. Se dio cuenta que no podía dejarla sola porque tenía que tomar fotos y enviarlas. Eran de cinco a seis horas sin hacer otras cosas, en las que solo a veces podía lavar algunos trastes. El resto del tiempo era para tareas domésticas y hacer la comida.

Con lo que viene, la maestra Angélica siente incertidumbre porque ella solicitó un permiso de seis meses antes de la pandemia para enfrentar su divorcio en lo jurídico, acudir a terapia y buscar a alguien que le ayudara con los cuidados de su hija. Solicitó una prórroga porque todo quedó detenido.

“Es una situación inédita, muy compleja. Si me dan el permiso voy a continuar trabajando con mi hija así como lo venimos haciendo, pero si no, tendré que estar solicitando en mi trabajo un cambio de horario o algo. Los papás que trabajamos no sabemos qué vamos a hacer con nuestros hijos, dejarlos solos no se puede. Quizá un estudiante de prepa o licenciatura puedan hacerlo con más autonomía, pero con los niños pequeños se requiere de un apoyo o guía de los papás”, señaló.

SATURACIÓN DIARIA

Para la maestra Jeimy Garay, en los primeros días del resguardo no lograba organizarse ya que trabaja dos turnos –uno en una Normal y otro en preescolar–, entonces le llegaba información de cada uno, además las actividades escolares de su hijo y luego las actividades del hogar.

“Era muy estresante. Yo decía ‘no acabo’, no lograba abarcar todo. Duré casi un mes así hasta que me organicé: el horario de la mañana es solo de la mañana y así con el de la tarde. Hacer mi vida como si fuera a la escuela y olvidarme de las cosas de la casa. Me fui adaptando”, comentó en entrevista.

Se tuvo que hacer espacios para atender a su niño y resolver sus dudas, apoyarlo, pero poco a poco.

“Los primeros días yo quería regresar a la escuela por el estrés. Quería vacaciones pero en semana santa tuve que revisar trabajos de la licenciatura, nada sano para mí ni para mi familia. Pero cambiaron las rutinas, mi hijo pasaba más tiempo con su abuela y ahora nos tocó comunicarnos, pero nos sirvió”, agregó.

A eso se sumaron los cursos que se les asignaron de manera obligatoria a los maestros. Se trata de contenidos que se brindan a través de plataformas; los maestros tienen que tomarlos y entregar trabajos y evidencias de que los tomaron.

De acuerdo con la maestra Jeimy, el problema con esto no fue tomarlos ya que el contenido de muchos es bueno, sino que no se contemplaron algunas particularidades, como en el caso de ella que tiene dos turnos. Algunos tenían horario en la mañana, justo cuando ella estaba con sus alumnos de la normal.

Sobre el regreso a clases, percibe que se están atendiendo solo las generalidades, “los papás bombardean con dudas y nosotros tenemos información general, no sabemos cómo será el proceso y el no tener información concreta genera caos […] yo les digo a las mamás que no hagan caso de la información que les comparten por redes sociales y se fíen solo de la oficial, hay que procurar mantener la calma”.

LABOR EXTENUANTE

A la pregunta de cómo fueron estos meses de trabajo en casa, la maestra Rita Yáñez Garnica responde “mucho trabajo o extremo trabajo”.

En su experiencia como maestra y madre, los días han sido extenuantes porque los niños por sí solos no se pueden guiar nada  más por las instrucciones que dan los maestros y necesitan atención, a veces de tiempo completo.

“Es agotador y a veces problemático cuando no hay Internet. Todo se atrofia. Por día, sin exagerar, dediqué más de 12 horas al trabajo porque todo lo que no podía hacer de manera presencial lo tenía que acoplar para poderlo llevar a cabo en línea. Con mi hijo la atención era en la mañana, así que dividía mi cerebro para trabajar con los asuntos de la Normal y con las clases de él. A las labores del hogar le dedicaba dos horas, pero ya muy noche para levantarme temprano a trabajar en lo mío y en lo de mi hijo”, contó.

En definitiva asegura que la educación en casa requiere de apoyo de los padres. Por un lado se tienen que atender los mensajes de las maestras para saber de las actividades a realizar y de las tareas  y por otro, verificar que el niño atiende los contenidos.

Sobre lo que viene, la maestra asegura que solo queda ponerse las pilas como mamá con el uso de las tecnologías, sobre todo porque los niños tienen más facilidad para muchas otras cosas. Y en lo profesional, parte de que estos cinco meses, los maestros ya saben de qué va.

“Salimos con un pensamiento de que por mucho regresábamos en tres meses, pero no. Con este descanso que nos dieron para poner en orden la familia, el hogar y el trabajo, regresaremos con optimismo en lo que lo único lamentable es saber que se puede extender más la brecha o el distanciamiento en las cuestiones culturales y educativas, porque muchos no tienen acceso y otros tendrán los medios y el acceso”, concluyó.