¿Qué parecido tiene la relación de Madero con las fuerzas armadas y la de AMLO y la milicia? Foto: Especial

En noviembre de 1911, a unos días de que Francisco I. Madero asumiera la Presidencia de México, se llevó a cabo el primer encuentro formal entre el Presidente y las fuerzas armadas, las mismas que el Apóstol de la democracia había derrotado en la Revolución. A Palacio Nacional acudieron diversos oficiales, entre ellos, Pascual Orozco y Victoriano Huerta. Madero y Huerta venían de una discusión epistolar delicadísima en la que el Presidente, antes de que asumiera el cargo, culpaba al general y al Presidente interino León de la Barra por el ataque a los zapatistas mientras él se encontraba negociando la paz con el Caudillo del sur. La situación llegó al punto en que Huerta renunció al Ejército, pero Madero, ya como mandatario, rechazó la dimisión. Precisamente a Huerta le correspondió tomar la palabra en aquella reunión, no pudo contener el rencor y le dijo al Presidente en su casa:

En el ejército todos somos iguales; un soldado vale lo mismo que yo. Por eso hablo en su nombre. Señor Madero: Hizo usted mal en dudar del ejército. La duda es el mayor insulto que se puede hacer a un ejército honrado y leal, y el mexicano lo es como pocos. Hizo usted mal en dudar de él. El gobierno constituido puede contar incondicionalmente con él.[1]

Huerta regañó públicamente a Madero frente a los militares que ahí se encontraban. Como lo señaló, se sentía con autoridad para hacer eso en nombre de todos los ahí presentes. Madero pidió la palabra nuevamente y quiso bajar la tensión diciendo que nunca había dudado del ejército. El Presidente decidió confiar en la milicia y en Huerta, aunque muchos le sugirieron que mandara al general a alguna misión en el extranjero; pero el Presidente decidió respaldarlo y encargarle misiones importantes en los meses que siguieron. Precisamente, su siguiente misión fue combatir a Pascual Orozco, quien en 1912 se levantó contra Madero con el Plan de la Empacadora. Huerta, al mando de la División del Norte, venció a Orozco y su prestigió militar se catapultó. Por ello, el Presidente decidió quitarle el mando de la División. Esto produjo otro gran resentimiento por parte de Huerta, el cual afloró en la Decena trágica, en el que un grupo de militares se alzó contra Madero y lo derrocó.

Esta historia viene a cuento por el significado que para muchos tuvo el desayuno del 22 de octubre de este año, en el cual se dio cita la Asociación de Graduados del Heroico Colegio Militar y del Colegio de la Defensa. En esa reunión, el general retirado Carlos Demetrio Gaytán Ochoa dirigió una serie de críticas al actual gobierno frente al Secretario de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval, quien, al parecer, no desestimó lo dicho por Gaytán. Días después, el 31 de octubre, el Presidente tuvo un diálogo muy tenso con la prensa en su conferencia matutina. En alguno de los momentos más delicados, Obrador hizo referencia al papel de la prensa en el derrocamiento de Madero y lo citó para hacer una suerte de dedicatoria a los medios actuales, con la frase “muerden la mano de quien les quitó el bozal”. A partir de ahí, diversos personajes comenzaron a hablar de un posible golpe de estado que se fragua contra AMLO, tema que el propio Presidente atizó con una publicación en Twitter en el que sostenía que era imposible que algo así pasara debido al gran apoyo social con el que cuenta.

En medio de este debate se ha comparado al golpe contra Madero con este clima alrededor de López Obrador, por lo que me pregunto ¿Qué coincidencias hay entre la reunión entre militares en 1911 con la ocurrida hace unos días? ¿Qué similitudes hay entre el Ejército en 1913 y con el de 2019? ¿Qué parecido tiene la relación de Madero con las fuerzas armadas y la de AMLO y la milicia? Mi respuesta es que prácticamente ninguna. Para empezar, el ex general Carlos Demetrio Gaytán fue subsecretario de la Defensa Nacional durante el mandato de Felipe Calderón, situación que puede suponer un sesgo muy claro en su opinión. Después, es poco probable que su discurso sea representativo del grueso del ejército, situación diferente durante la época maderista, en la cual el cuerpo castrense había sido derrotado por los grupos irregulares revolucionarios al mando del que terminó siendo su Presidente. Los líderes de ese ejército se habían formado y gozado de los privilegios de la época porfirista y muchos de éstos, como Orozco, Félix Díaz, Reyes y Huerta tenían muchos motivos directos para conspirar contra el Presidente. En cambio, López Obrador, ha respetado y elogiado al Ejército, situación criticada por muchas personas afines al mandatario. Asimismo, su nueva estrategia contra la delincuencia evita el enfrentamiento, lo que supondría menos bajas de militares y situaciones que los expongan a transgredir los derechos humanos. En suma, aunque en los últimos 15 años el Ejército ha adquirido un gran poder, no se aprecia un interés de ese cuerpo militar por tomar la Presidencia o fungir como medio para que otro la tome. No obstante, la duda que se está sembrando en estos momentos puede herir al Ejército así como sucedió en 1911-1913.

Por otro lado, ¿Qué similitudes puede haber en la relación de la prensa y el Presidente en 1913 y la que hay en 2019? ¿cuál es el poder de la prensa en ese entonces y la que hay ahora para influir en la desestabilización política en México? A reservas de estudios especializados sobre el particular que se pueden hacer desde la Historia y Ciencias de la comunicación, tampoco hay muchos parámetros comparables. Actualmente, por más que se queje el Presidente y sus seguidores de la prensa “fifí”, se está muy lejos de tener una línea editorial homogénea contra el Presidente; como prácticamente sí la había durante el maderismo. Por otro lado, la existencia de las redes sociales ha atemperado la influencia actual de la prensa en la construcción y definición de posturas políticas en la sociedad. Por lo que sería difícil que los medios por sí mismos, aún si hubiera una postura uniforme para atacar a Obrador, pudieran influir en la sociedad como para respaldar un golpe de estado.

En suma, nunca estará de más rechazar cualquier fantasma golpista en México y cualquier parte del mundo, así como defender el método democrático como vía para la elección del Presidente y nuestros representantes populares. Pero con la misma firmeza, se debe censurar cualquier intento de desestabilización y polarización que se pretenda hacer con el fantasma de un golpe de estado. No se puede adoptar la estrategia del “enemigo invisible” para concentrar el poder y deslegitimar al que piensa diferente.

 

  • [1] Tomado de Diego Arenas Guzmán, Radiografía de un Cuartelazo, INEHRM, 1969, p. 54.