Un granjero de los países bajos deja vivir a 10 por ciento de los pollitos destinados al descarte por un poco más de tiempo. Foto: Weanimals.org

Triturados vivos. Así mueren millones de pollitos machos. ¿La razón? Son un subproducto no deseado de la industria avícola. No pueden poner huevos y tampoco producen mucha carne, esto es debido a que las gallinas ponedoras pertenecen a una línea genética diferente que aquellas aves criadas para convertirse en alimento. Dependiendo del país y de lo tecnificada que esté la planta de procesamiento también pueden morir asfixiados, enterrados vivos, incinerados o simplemente desechados como basura. Estas prácticas son comunes en todo el mundo.

Y aunque también ha sucedido desde hace mucho tiempo, recientemente se viralizó en las redes sociales un video de este proceso llevado a cabo en una instalación alemana. En él se observa a cientos de pollitos, nacidos horas antes, ser arrojados a una trituradora. Precisamente en Alemania, en junio de este año, se declaró esta práctica como “legal” hasta que una mejor alternativa se encuentre. En una decisión opuesta, a mediados de octubre el ministro de agricultura en Francia, Didier Guillaume, anunció que para finales del 2021 la maceración (trituración) estará prohibida en ese país.

Algunas batallas se pierden y otras se ganan. Es muy probable que la industria avícola siga ganando muchas más. Tienen, incomparablemente, más recursos que las organizaciones dedicadas al bienestar y la protección de los animales. Su rumbo es claro: optimizar la producción y seguir amasando riqueza, en ese enfoque no entran las preocupaciones éticas o ambientales. Existen algunas participaciones muy loables por parte de unos cuantos productores. Un granjero de los países bajos deja vivir a 10 por ciento de los pollitos destinados al descarte por un poco más de tiempo. Lo hace como gesto de compasión, aunque el destino de estas aves sigue siendo la muerte.

“No es costeable eliminar este proceso”, dicen unos pocos con verdadera pena, sobre todo aquellos dedicados a la producción ecológica o sustentable. Otros, quienes reciben los mayores beneficios económicos de la explotación intensiva de estos animales, permanecen en silencio. La nueva táctica de las compañías poderosas para lidiar con las responsabilidades de sus múltiples impactos parece ser simplemente esperar a que el furor por el tema pase. Lo cierto es que si hay personas en el mundo que tiene todas las herramientas para hacer un cambio, son ellos.

Tendrá que llegar el momento en el que todas las industrias, incluida la de la producción y explotación de animales, adquieran una verdadero sentido de responsabilidad social. Aminorar el sufrimiento de las especies que nos han alimentado, vestido y protegido por miles de años es lo mínimo que podemos hacer por ellas. Estas compañías millonarias dicen que no pueden invertir en tecnologías que hagan esto posible. ¿Usted les cree?