Las adicciones afectan a todos, desde niños menores de 12 años hasta a los más fuertes. Foto: Andrea Murcia, Cuartoscuro

Nuestro país ha sido víctima de diversas epidemias, enfermedades que se propagan con gran virulencia y afectan a grandes sectores de la sociedad, y las adicciones se han convertido en una de estas plagas; son una verdadera peste que azota el país, particularmente a Ciudad Juárez, donde, en el último año, más de 150 mil personas mayores de 12 años han probado las drogas.

Desde la época de la Conquista, cuando los aztecas todavía luchaban por defender su ciudad, contagios de viruela y sífilis destruyeron las vidas y fortalezas de los defensores de la gran Tenochtitlán, llevándolos finalmente a entregar la ciudad. Entre las armas de fuego, las traiciones internas y las enfermedades fue derrotado el gran Imperio Azteca.

Hoy en México miles de jóvenes cancelan todo proyecto de vida, desarrollo personal y abandonan la escuela, víctimas de las adicciones. Quién cae víctima de las drogas es como quien caía víctima de la viruela, el cólera o la peste bubónica; vemos como poco a poco se va agotando, como, aquel que era joven, fuerte y feliz, se va enajenado, buscando un fantasma, una nube, algo inexplicable; vemos como se va acabando físicamente y socialmente.

En Juárez, en los últimos tres años, la demanda de drogas se ha incrementado notablemente; la mayoría de los adictos comentan que es más fácil conseguir drogas en la actualidad, pero también son conscientes que es más peligroso: hace poco un reportero de un medio internacional entrevistaba a un vendedor de drogas, cuando sus adversarios llegaron a ejecutarlo, hiriendo al periodista durante la agresión.

Las adicciones afectan a todos, desde niños menores de 12 años hasta a los más fuertes, y más de 20 mil usuarios necesitan consumirlas permanentemente, usuarios que aparte de padecer de esta enfermedad, son criminalizados; en los últimos años se acumularon 10 mil carpetas de investigación en contra de personas que tenían en su poder pequeñas cantidades de drogas prohibidas, apenas lo suficiente para procesarlos como vendedores.

Hemos visto como, igual que las pestes europeas y americanas produjeron la muerte de cientos, aquí miles han muerto, vinculados a la venta y distribución de drogas; más de 2 mil personas, una tasa de mortalidad mucho mayor que la causada por la gripe porcina.

Así como en cualquier epidemia es indispensable diseñar una estrategia que coordine los esfuerzos de todas las instituciones y asociaciones responsables, y no es mucho lo que difieren los protocolos de atención de las adicciones que los protocolos epidemiológicos; requieren un abordaje preventivo y una infraestructura de tratamiento en tres pisos: consulta externa, tratamiento ambulatorio, e internamiento y rehabilitación; pero, dado el número de procesados penalmente por narcomenudeo, el 60 % de los juicios son de esta naturaleza, hay un nuevo nivel de atención requerido: la justicia terapéutica, porque no pueden ser considerados sólo delincuentes, y la cárcel no resuelve el problema.

Un grupo importante de juarenses, con nombramiento de servidores públicos o sin él, venimos trabajando desde hace dos años para reducir la demanda de drogas adictivas, y hoy estamos participando, con toda la energía, en la Estrategia Nacional de Prevención de Adicciones (ENPA), y al mismo tiempo estamos desarrollando, en concordancia con el Supremo Tribunal de Justicia del Estado, un modelo de aplicación de la justicia con una idea de solución de problemas, que no sólo castigue a los que, en ciertas circunstancias, violen la ley.

Para nosotros es fundamental que buena parte del enfoque de la ENPA se dirija a ofrecer atención y tratamiento a los adictos que ya son parte de esta epidemia; pero sólo con entusiasmo no se enfrentan las epidemias, se necesitan médicos y clínicas, centros de atención y de internamiento, y las capacidades actuales del sector salud son mínimas; pueden recibir unos 100 adictos por mes, ofrecer tratamiento ambulatorio durante tres meses, sólo hay 15 camas disponibles en el centro de integración juvenil y apenas 300 adictos a la heroína reciben metadona. Al menos unos 15 mil usuarios demandan atención médica.

Para empezar a trabajar con cierto grado de eficacia, se necesita aprovechar la infraestructura de los cerca de 25 centros de rehabilitación particulares o cristianos que hay por la ciudad, sin embargo, hemos descubierto que dichos centros trabajan en condiciones depauperadas muy difíciles y con métodos terapéuticos obsoletos y de poco éxito para evitar la reincidencia de los enfermos que atienden.

Por eso, ya hemos iniciado esfuerzos para mejorar los servicios que pueden brindar estos centros de atención terapéutica de impulso privado; hemos decidido apoyarlos con recursos humanos y materiales, hasta apoyo alimenticio, para ir mejorando la calidad de los servicios que brindan.

Mientras arrancamos con la ENPA, vimos la importancia de acelerar este proceso de apoyo a los centro de atención terapéutica y empezamos a reunirnos con ellos, visitando sus espacios y procurando brindarles apoyo, en las áreas administrativas y sicológicas, para incidir desde ahí, mediante la práctica, en la transformación de dichos centros y convertirlos en verdaderas unidades de tratamiento a las adicciones en el modo de internamiento.

Así, desde el 7 de diciembre, empezamos a trabajar formalmente la Estrategia Nacional de Prevención de Adicciones en esta frontera buscando modernizar los centros de atención privada y que así cumplan con la normatividad establecida para su funcionamiento.