“El silencio y el respeto del que habla la familia Arreola han sido de mi familia y míos durante 64 años. ¿En qué se basa el silencio y el respeto si ahora trae a la luz un asunto del que nunca hablé?”, escribe la autora mexicana en la misiva enviada este martes al periódico Reforma.

Poniatowska subraya: Mi relación no fue una de las “relaciones sentimentales” del “padre y abuelo Arreola” […] Fue la relación de un adulto casado que sabía lo que hacía con una joven inexperta e ingenua en todos los sentidos. Arreola jamás vio a mi hijo, jamás lo mantuvo. Pudo enviarle un libro, jamás lo hizo.

Ciudad de México, 10 de diciembre (SinEmbargo).- La autora mexicana Elena Poniatowska contestó las declaraciones de los familiares del escritor y académico fallecido Juan José Arreola, luego de que enviaran una carta a medios el pasado sábado, refiriendo los comentarios que la también periodista había realizado acerca de su experiencia con el autor.

Recientemente Poniatowska reveló al periódico Reforma que el padre de su hijo, Emmanuel Haro, es Arreola, pero nunca se hizo cargo ni lo visitó. Por su parte, la escritora Tita Valencia refirió durante una entrevista con El País, que su relación fue “cruel y abusiva”.

Ambas fueron alumnas de Arreola cuando éste impartía un taller literario y sostuvieron una relación con él durante su juventud.

“Con tristeza y molestia hemos leído las recientes declaraciones de dos conocidas autoras que, efectivamente, sostuvieron relaciones sentimentales con nuestro querido padre y abuelo. Por respeto a ellas y a él -ausente para defenderse- habíamos decidido mantenernos en silencio. Sin embargo, la verdad de los hechos de aquellos años se ha transformado hoy en una injusta narrativa de falsedades que no podemos soslayar”, apunta la respuesta redactada por la familia del autor.

El comunicado también incluye una serie de cartas y mensajes de las citadas autoras hacia Arreola, sin edición, con el fin de “presentar una versión histórica distinta a la difundida”.

El texto señala que con esta Fe de Erratas buscan proteger la memoria Arreola, a quien se refieren con una “personalidad bondadosa”, que “lo mantuvo lejos de cualquier forma de violencia”.

Este martes, Reforma difundió la misiva que la escritora compartió en exclusiva para ese diario. A continuación, la transcripción íntegra:

“DERECHO DE RÉPLICA”

Son las 4:37 de la tarde del domingo 8 de diciembre de 2019 y leo estupefacta la carta de la familia del escritor Juan José Arreola. Jamás, en 64 años, he hecho declaración alguna acerca de Arreola y su entorno.

En mi novela, El amante polaco que Planeta lanzó en la Feria del Libro de Guadalajara el miércoles 4 de diciembre, sólo hablo de “El maestro”.

Mi hijo nació en un convento de monjas en Monte Mario, Roma, el 7 de julio de 1955. Cuando conocí a Arreola en 1954 (nací en 1932 y cumpliré 88 años el 19 de mayo del 2020), era una jovencita totalmente dispuesta al deslumbramiento. En esa época, las niñas que se educaban en colegio de monjas salían del convento igual que entraban, más niñas que nunca, páginas en blanco, sin ninguna preparación para la vida.

Arreola era un adulto, un hombre casado, con tres hijos, 20 años mayor que yo.

Mi relación no fue una de las “relaciones sentimentales” del “padre y abuelo Arreola”, sino un suceso fundamental en mi vida que habría de cambiar no sólo mi destino, sino el de mi hijo; fue la relación de un adulto casado que sabía lo que hacía con una joven inexperta e ingenua en todos los sentidos.

Aunque la familia de Arreola habla de respeto, la respetuosa fui yo, la que nunca pidió nada fui yo, la que no volvió a verlo nunca fui yo, la que guardó silencio fui yo.

Arreola jamás vio a mi hijo, jamás lo conoció, jamás lo mantuvo. Pudo enviarle un libro, jamás lo hizo. En cambio, si mi hijo hubiera manifestado el deseo de conocerlo, por respeto, habría cumplido su voluntad. Ya adulto, Mane jamás buscó verlo. Los verdaderos padres de mi hijo, doctor Emmanuel Haro Poniatowski, son su abuelo Juan. E. Poniatowski y el astrofísico Guillermo Haro.

Por lo visto, el “querido padre y abuelo” de los Arreola quién siempre se ufanó de sus conquistas, también lo hizo frente a su familia, puesto que ahora las festejan.

Como consta en la carta a máquina (escrita desde Roma, Italia, en 1955, y reproducida por Reforma el domingo 8 de diciembre de 2019), me preocupé por sus hijas, a diferencia suya que jamás lo hizo por mí o por mi hijo.

El silencio y el respeto del que habla la familia Arreola han sido de mi familia y míos durante 64 años.

¿En qué se basa el silencio y el respeto de la familia Arreola si ahora trae a la luz un asunto del que nunca hablé?

Supe desde un principio que Arreola jamás viajaría a Italia puesto que no podía cruzar una calle en la Ciudad de México. Mi carta de 1955, por lo tanto, es la de una incauta que intenta protegerlo. Cuando uno es joven, protege o camina al borde del abismo.

¿Alguna vez fue Arreola responsable de sí mismo? Su talento y su inteligencia lo enseñaron a usar a los demás.

Arreola nunca fue capaz de poner en orden su vida y eso lo sabe su familia. Sólo pudo “echar a perder quien sabe qué de muy bello que tenía”, como lo escribo en la carta de 1955, que reproduce Reforma.

Es desafortunado el caso de Tita Valencia que destapa una situación distinta a la mía, aunque tenga en común al mismo personaje.

Mi vida no se reduce a la frase final del capítulo 20 de El amante polaco, página 333 (la única vez en que expongo la acción de “el maestro”), y nada tiene que ver con “una injusta narrativa de falsedades imposible de soslayar”. A lo largo de 405 páginas, jamás aparece el nombre del “querido padre y abuelo”.