Managua, 6 ago (dpa) – Campos resecos, ríos sin agua y reses muertas por falta de alimento son imágenes del drama ambiental que padecen varios países de Centroamérica, donde la sequía ha arruinado los cultivos y amenaza a unos diez millones de personas que habitan en el llamado “corredor seco” de la región más pobre de América Latina.
Expertos meteorólogos advirtieron que la falta de lluvias sería muy severa este año, a causa del fenómeno climático de “el Niño”, provocado por un cambio en el movimiento de las corrientes marinas y un aumento de la temperatura en las aguas del Océano Pacífico, que baña las costas occidentales del istmo.
Según la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la pobreza afecta al 60 por ciento de los 42 millones de centroamericanos. De ellos, unos diez millones viven en el “corredor seco”, una franja que cubre la tercera parte de la región, desde el occidente de Guatemala hasta el noroeste de Costa Rica.
Aunque hasta ahora los países más afectados son Nicaragua y El Salvador, el gobierno de Honduras declaró emergencia en 66 municipios, mientras Costa Rica hizo los mismo en la provincia de Guacanaste (noroccidente).
En Nicaragua, unas 2.500 cabezas de ganado han muerto por falta de alimento (pastos), y los productores agropecuarios han urgido créditos especiales, pero el sistema financiero también teme arriesgarse ante lo que el gobierno ha admitido es “la sequía más grave” de la historia reciente del país.
El gobierno anunció que colocará embalses, pero todavía no ha empezado a construirlos, en varios de los 33 municipios que conforman el “corredor seco”, en el cual habitan más de 680.000 personas vulnerables a los desastres naturales y la hambruna.
También se instaló una “mesa de diálogo” donde el gobierno, productores y empresarios decidirán acciones estratégicas. Uno de los acuerdos inmediatos fue ampliar los volúmenes de importación de granos básicos con arancel cero, a fin de abastecer el mercado local.
Según el Ministerio de Agricultura y Ganadería, se esperan pérdidas de 1,1 millones de quintales (sacos de 46,5 kilos) de maíz, más de un millón de quintales de arroz y una cantidad no cuantificada de frijoles, cuyo precio se ha quintuplicado en los últimos meses.
La falta de lluvias también impactará en las exportaciones de maní, carne bovina y ganado en pie que Nicaragua vende a Estados Unidos, Venezuela y Centroamérica, han señalado los agroexportadores.
En El Salvador, los productores reportan daños de hasta el 80 por ciento de la producción de maíz en las zonas central y oriental, mientras que la primera cosecha de frijoles registra pérdidas de casi el 70 por ciento, situación que afecta a unos 9.500 agricultores.
Para el titular del Ministerio Agropecuario salvadoreño, Orestes Ortez, es urgente tomar medidas para garantizar la seguridad alimentaria y a la vez proteger al campesinado, responsable de la producción del 70 por ciento de los alimentos de consumo nacional.
“Es preferible construir una red de sistemas de riego en el país para producir en el verano y tener provisión de alimentos frente a esta situación”, indicó el funcionario.
En declaraciones a dpa, la ministra de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) de El Salvador, Lina Pohl, comentó que por estar ubicada entre dos océanos, Centromérica es muy vulnerable a la sequía, originada por el calentamiento de las aguas del Océano Pacífico Tropical (fenómeno de “el Niño”) o bien por un enfriamiento del Océano Atlántico Tropical.
“El impacto de esta crisis se incrementa por factores como la deforestación, el mal uso de la tierra, la erosión, tipos de suelo y los bajos índices de educación entre la población pobre de los
lugares donde recurrentemente se registra la sequía”, destacó Pohl.
La FAO considera que Centroamérica pierde anualmente 74.000 hectáreas de bosques, debido a la tala indiscriminada. Esto provoca nuevos ciclos de sequía en la región, que según expertos ha sido golpeada por “el Niño” al menos diez veces en las últimas seis décadas.
En Honduras, el gobierno ha reportado pérdidas en el 70 por ciento de los cultivos de maíz y el 45 por ciento de frijoles. La población perjudicada se calcula en unas 72.000 familias (360.000 personas) en los 66 municipios bajo emergencia.
La crisis también preocupa a Guatemala, donde se estima que la mitad de las cosechas del “corredor seco” (las provincias de Chiquimula, Jutiapa, Jalapa, Baja Verapaz, El Progreso, Zacapa y Quiché) podrían perderse debido a la ausencia de lluvias abundantes.
El viceministro de Seguridad Alimentaria, Fidel Ponce, dijo que esta situación afectaría a unas 120.000 familias (unas 600.000 personas) que se dedican a la siembra de maíz y frijol y aportan el diez por ciento de la producción total de ambos rubros en el país.
El Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA) informó que dispone de 4.500 toneladas de granos en reserva y que, de ser preciso, compraría otras 5.000 toneladas.
Aunque los meteorólogos esperan que las lluvias se normalicen a partir del 15 de agosto en Guatemala, y en septiembre u octubre en Nicaragua, organizaciones especializadas temen que ello no solventará la falta de alimentos a causa de las cosechas ya perdidas.
En Costa Rica, el Ministerio de Agricultura y Ganadería declaró emergencia para la provincia de Guanacaste, fronteriza con Nicaragua, donde se registran pérdidas calculadas en 16 millones de dólares en la agricultura y ocho millones de dólares en la ganadería.
El gobierno ha advertido que la sequía golpea toda la franja del Pacífico seco (norte y central) y el sector del Valle Central, donde se ubica la capital costarricense.
En Panamá, país básicamente de comercio, el gobierno anunció que destinará una partida de emergencia para apoyar a productores agropecuarios en riesgo, en especial en el denominado “arco seco”, que comprende las provincias centrales de Coclé, Herrera y Los Santos.
Los especialistas han detectado una declinación en el régimen de lluvias en la vertiente del Pacífico y un descenso en el caudal de los ríos de la zona, que se cree afectará en 2015 la producción de arroz, maíz y frijoles, y de ganado, hasta en un 50 por ciento.




