Un viaje en carretera, una aventura de exploración y autoconocimiento es Northern lights o Hacia las luces del norte. Escrito por Ángel Valenzuela, Premio Novelistik 2015, el libro cuestiona la masculinidad y evidencia su lasitud ante un torrente de deseos, curiosidad y placeres.

A continuación, te presentamos el quinto ensayo de la serie “Juárez con Jota”, destinada a explorar la representación literaria de una matriz queer desde perfiles LGBT+ asentados en la región fronteriza Ciudad Juárez-El Paso.

Por Carlos Urani Montiel

Ciudad Juárez, Chihuahua, 11 de enero (JuaritosLiterario).- Al concluir la primera entrega de Juárez con Jota, colección de ensayos sobre la representación literaria de una matriz queer en la región fronteriza Ciudad Juárez-El Paso, hice hincapié en que el vínculo homoerótico en la novela Vereda del norte (1937), de José Urbano Escobar, tuviera que esperar casi 80 años para concretarse en otra composición narrativa, de título similar, Northern lights o Hacia las luces del norte, de Ángel Valenzuela (2016), de la que ha llegado el momento de hablar.

Si en la obra del siglo pasado, el estallido de la Revolución Mexicana aparece como telón de fondo a las acciones, en la novela de Valenzuela, la avanzada tecnológica ofrece sus enseres (playlists, ipods y Google Maps) para que un narrador masculino en primera persona –misma técnica y motivo de Vereda del norte– nos relate un viaje, una aventura de exploración y autorreconocimiento.

En ambas piezas, la amistad aluza el sendero que cada protagonista traza en busca de sí y de la relación emotiva y carnal con su otro deseado. Al final, en las dos novelas, ninguna pareja logra el reencuentro o la consolidación de su vínculo, pero sí dejan testimonio, como objeto libro, de una tradición literaria en ciernes, en la que la comunidad LGBT+ fronteriza puede hallar dignos exponentes.

Tras haber sido becario del FONCA y ser parte del Taller Literario del INBA, coordinado por José Manuel García en Juárez, Ángel Valenzuela compuso su opera prima para que concursara en el Premio Novelistik, que galardonaría, en el 2015, a la mejor novela corta, romántica y erótica, adjetivos que califican a la perfección al texto ganador: Northern Lights. El manuscrito pasó a la estampa en octubre del año siguiente, bajo el sello de la Casa Editorial Abismos. Como esa edición es ya casi inconseguible, el autor logró reimprimir su novela en Madrid, gracias al empeño de la Editorial Dos Bigotes, en una colección más ad hoc y disponible en todas las plataformas digitales.

Aunque el libro no se titula igual, conserva la concisa introducción del escritor chileno Alberto Fuguet, para quien Northern Lights, como se lee en la princeps, “es bilingüe, fronteriza, bisexual, gay, arriesgada, sincera, empática”. Hacia las luces del norte (2018) ofrece, ciertamente, un mejor acabado, correcciones en la puntuación y un diseño de portada que ilustra el ecosistema, el destino y el viaje en carretera que el lector se dispone a emprender. No obstante, el cambio de idioma del título y la supresión de los agradecimientos y dedicatoria restan potencia al lugar de origen y punto de partida, no solo del autor (en cuanto a su formación y presentación como escritor que ha dejado el terruño), sino también de sus personajes respecto a la ficción.

Valenzuela le escribía a sus amigos, a su “gente de Juárez: son el oasis de mi desierto. You guys are foquin ósom. Esta novela es para ustedes”. Espero que estos reajustes obedezcan a la indeterminación que precisa un libro mexicano en el mercado internacional. Por último, la reedición añade un posfacio que cierra e intensifica la materia central de la historia: «Demetrio fuerza. Demetrio sudor. Demetrio suplicio. Demetrio redención. La explosión antes de la calma. Demetrio».

Un manuscrito evidencia la letra de Ángel Valenzuela. Foto: Especial

La novela se mueve en dos direcciones o movimientos: la primera se mide en millas por hora y la otra ocurre en el foro interno de Andrés Bravo, quien rememora, reflexiona y se dirige –en segunda persona como si se tratara de una epístola– a su entrañable amigo, Demetrio. La reseña de Gibrán Lucero, “De Ciudad Juárez a Canadá, de James Dean a Breaking Bad”, da cuenta de los sitios específicos en Ciudad Juárez en donde suceden las primeras andanzas de este par. La doble directriz o temporalidad también es perceptible en la estructura de Northern lights; mientras que los ocho capítulos enumerados avanzan conforme al viaje en carretera desde El Paso a Calgary, las otras ocho secciones intercaladas y con título propio (“El agua resbalaba como lengua por tus axilas”, “Puro pinche prejuicio”, “Redención”, entre otros) permiten adentrarse en el pasado de los protagonistas, comprender que desde su temprana adolescencia Andrés se siente atraído por Demetrio, al grado de que, ya mayores (aunque aún muy jóvenes) se encuentra enamorado de su mejor amigo, quien planea casarse con su novia, Marina.

Las nupcias son la antesala de una última aventura, a manera de despedida de soltero, para Demetrio, ya que él duda: “El asunto es que todo es tan vertiginoso. Me siento arrastrado hacia un hoyo negro y me preocupa no saber qué mierda hay al otro lado”. Cargados de mariguana, altas expectativas y de muy buena música se suben al Chevy Nova de Demetrio para ponerse en camino, el mismo trazado siglos atrás por antiguos y excéntricos exploradores. “Un par de amigos sobre la ruta de Oñate, siguiendo los pasos del conquistador por el Camino Real de Tierra Adentro, sólo que nosotros no vadeamos el Río Grande buscando colonizar los indómitos territorios del norte. Nuestra conquista es una personal”.

En 1972, el francés Guy Hocquenghem compuso un texto seminal de la teoría queer: El deseo homosexual, el cual, aún después de medio siglo, nos sigue enseñando que el placer y el deseo son armas políticas y comunes (mas no iguales) a todos los cuerpos; que desde nuestras cavidades –una en específico– se puede producir un saber sobre sí mismo, sin culpa ni medicinas, ni psiquiatría, que se expresa como una forma crítica de ser y transformar.

Esta postura enfrenta al silencio, al temor, a la moral y a la indiferencia, cuestionando “por qué la misma palabra desencadena las huidas y los odios. Nos preguntaremos entonces por la manera en que el mundo heterosexual habla y fantasea sobre la «homosexualidad»” (Hocquenghem). Una lectura más actual del mismo libro la hace Beatriz Preciado en Terror anal (2009). La filósofa española anal-iza la historia de la heterosexualidad desde el punto de vista de una pérdida, de un cuerpo herido, castrado. Los Santos Padres decidieron “extirpar del ano toda capacidad que no fuera excremental”; cerrarlo “para que la energía sexual que podría fluir a través de él se convirtiera en honorable y sana camaradería varonil”. Dicha cerrazón “es el precio que el cuerpo paga al régimen heterosexual por el privilegio de su masculinidad” (Preciado).

Lo anterior viene a cuento, debido al desarrollo de la trama de la novela en cuestión. A partir de la noche en Denver, Colorado, el texto abandona la sugerencia para entrar de lleno en la epidermis de los personajes. Sus encuentros carnales le arrebatan al deseo el anhelo y se envuelven en afecto y sudor.

Su última relación sexual, la que empaña las ventanillas del carro, es fuerte y resplandece por su furor, pero resulta devastadora para Andrés, ya que su voz, esa que guardaba para sus adentros, finalmente ha sido oída por Demetrio, quien pretende volver en sí e imprimirle al viaje vital un carácter de aventura pasajera. Northern lights o Hacia las luces del norte, novela erótica, de viaje (road movie) y de formación (bildungsroman), cuestiona la masculinidad evidenciando, a toda luz, su lasitud ante un torrente de deseos, curiosidad y placeres.