¿Quién soy? ¿Qué sentido tiene la vida? ¿Por qué cada vez que busco la alegría, la melancolía invade mi sistema? Estas preguntas son planteadas por el personaje protagónico de Alegría, que es al mismo tiempo el propio autor. A meses de haber quedado como finalista del Premio Planeta 2019 por esta novela, Vilas nos comparte su proceso de escritura y su opinión del panorama global actual.

“Todo ser humano lleva a cabo, cada día, una lucha entre la alegría y la tristeza. En un momento de tragedia, de desesperación mundial, la literatura es un sitio de serenidad, que descubre cuál es la condición humana. Cuando uno ve que la vida colectiva está siendo atacada, la literatura te puede ayudar a encontrar sentido”, expresó el autor español en entrevista.

Ciudad de México, 11 de abril (SinEmbargo).- Desde el corazón de su memoria, un hombre que arrastra tantos años de pasado como ilusiones de futuro, ilumina, a través de sus recuerdos, su historia, la de su generación y la de un país. Una historia que a veces duele, pero que siempre acompaña.

El éxito desbordante de su última novela embarca al protagonista en una gira por todo el mundo. Un viaje con dos caras, la pública, en la que el personaje se acerca a sus lectores, y la íntima, en la que aprovecha cada espacio de soledad para rebuscar su verdad. Una verdad que ve la luz después de la muerte de sus padres, su divorcio y su vida junto a una nueva mujer, una vida en la que sus hijos se convierten en la piedra angular sobre la que pivota la necesidad inaplazable de encontrar la felicidad.

A medio camino entre la confesión y la autoficción, el autor escribe una historia que toma impulso en el pasado y se lanza hacia lo aún no sucedido. Una búsqueda esperanzada de la alegría. Para Puntos y Comas, esta es la entrevista con Manuel Vilas, finalista del Premio Planeta 2019 por su novela Alegría.

¿Cuando escribiste Ordesa tenías planeado hacer una especie de continuación o la realización de Alegría fue algo que se fue dando progresivamente, tiempo después?

Alegría surgió en los viajes de la promoción de Ordesa porque me di cuenta de que había cosas sobre el universo familiar de Ordesa que faltaban por completar. Además iban ocurriendo cosas muy extrañas, como varios lectores que se acercaban a mí y me decían cosas que me ayudaban a completar la historia. Entonces empecé a escribir Alegría un poco como una continuación, aunque al final ha sido un libro independiente.

¿Nos puedes platicar un poco acerca del protagonista, sus motivaciones y pulsiones de vida?

Es un hombre sencillo que intenta buscar alegría en todas las cosas que vive. Es un hombre maduro que se ha dado cuenta de que la vida tiene sentido si en ella hay alegría y por eso la busca. Se ha hecho un poco místico, está todo el día recordando a sus padres, que ya están muertos; los invoca constantemente; cuando tiene dudas o no sabe qué hacer, habla con los fantasmas de su papá y su mamá, les pide consejos y siente su presencia en todo lo que vive.

También ve la vida de sus hijos jóvenes que están creciendo, eso le da alegría y también tiene una relación de pareja que también le da alegría. Y con esto intenta salir adelante. Yo veo en esa sencillez, la sencillez de toda la gente. No son grandes hazañas lo que lleva acabo, son pequeñas aventuras, pero esto es lo que la gente vive.

Esta alegría no se regala, es una alegría conquistada. De hecho el protagonista dice que llega a la alegría desde el sentimiento del dolor. A mí me interesa la alegría como un punto de llegada: llegas después de haber experimentado muchas cosas dolorosas en la vida.

¿Por qué el protagonista es jalado constantemente por la melancolía, la depresión, la angustia? ¿Esta es una batalla con la que has luchado personalmente?

Efectivamente esta historia es muy autobiográfica. Yo como ser humano intento no caer en la desesperanza y en la tristeza, y me esfuerzo en esto. De hecho la novela es la narración de ese esfuerzo por no caer. Pero claro, la gente que se deprime es gente que empatiza con el mundo.

Porque es verdad que en el mundo hay sufrimiento y ahora lo estamos viendo: estamos frente a una pandemia global donde en España por ejemplo hay miles de muertos, entonces estamos viendo mucho sufrimiento y mucha depresión. Yo como ser humano, intento salir adelante, esa es la gran aventura, intentar que tu vida tenga sentido. A veces es difícil conseguirlo porque hay muchos elementos para la desesperanza.

¿La melancolía y la alegría son sentimientos que viven simultáneamente en cada uno de nosotros?

Yo creo que todo ser humano, y es un poco la tesis de la novela, lleva a cabo cada día una lucha entre la alegría y la tristeza. En la novela la tristeza está simbolizada por un personaje que se llama Arnold. En todo esto, los seres humanos intentan luchar contra la melancolía, contra la depresión, y para eso la alegría es fundamental. En el caso del libro, la alegría es manifestada en el amor; el amor a los padres, a los hijos, a una pareja. Esa es la aventura más normal en la vida de cualquier persona. Intentar construir la vida, es construir un significado, que la vida signifique algo. Y eso lo hacemos para no caer en el abatimiento y la desesperanza.

Alegría cuenta la historia de un hombre que se esfuerza por sentir alegría, pues sabe que ésta es el sentimiento más importante de la vida; más importante que la felicidad. En mi opinión, la felicidad es un sentimiento más convencional, en cambio la alegría es más natural, biológico, primitivo. La alegría es también un sentimiento muy humilde; es simplemente disfrutar el hecho de estar vivo, de saber que existe la luz del sol, de saber que puedes moverte, que puedes caminar, que puedes ver y sentir el mundo. Todo eso ya para mí es un éxito.

Manuel, también tienes una obra extensa como poeta. ¿Cómo se nutre tu narrativa de esta faceta? ¿Qué te gusta más escribir?

Bueno, mi poesía es muy narrativa y muy oral, pero yo como escritor he practicado muchos géneros; he escrito poesía, cuentos, novela, escribo mucho en los periódicos, he escrito libros de viajes… Yo creo que el material es el mismo; seas narrador, poeta, ensayista o periodista, el material son las palabras. Cuando escribo poesía me siento cómodo en la poesía y cuando escribo narrativa me siento cómodo en eso.

Ahora bien, en estos momentos de mi vida yo me siento mejor en la narrativa porque necesito contar historias. Mi manera de entender la literatura es contando historias y por eso ahora donde mejor estoy es en la novela.

En estos tiempos de confinamiento y crisis global, es natural que emociones como la tristeza salgan a flote. Desde el punto de vista de la literatura, y como ser humano, ¿qué nos aconsejarías para sobrellevar este momento de cambio?

Lo principal es reconocer que la ansiedad y la melancolía existen, no negarlo. A veces por un exceso de buscar sentimientos positivos, puedes quitar partes de la experiencia humana que son importantes como la melancolía, la tristeza, el dolor y la adversidad. Lo importante es saber convivir con la tristeza y el dolor.

La literatura, desde siempre, es un auxilio y un manual de instrucciones para poder convivir con la desesperanza y con el dolor, desde la literatura clásica hasta la literatura actual. Quien lee libros, ensayos, poemas, lo que sea, conoce mejor la condición humana, Conocer la condición humana es saber que existe la desgracia, que existe la muerte y el dolor. Cuando sabes que todas esas cosas existen, puedes pactar con ellas, puedes negociar. Es un poco lo que en estos momentos tenemos que hacer. En concentro, en España se está viviendo una situación trágica.

Se trata de comprender el sufrimiento. El humanismo clásico en la literatura es esto: el conocimiento de las cosas. Es como la idea de la catarsis de los griegos, presente en mis novelas, que era nombrar aquello que nos duele. Cuando tú nombras la tragedia, nombras el dolor (por ejemplo, en Ordesa era la muerte de los padres), eso que nombras obtiene un rostro, y con algo que tiene rostro puedes convivir. Con lo que no se puede convivir es el horror sin rostro o lo irracional. Finalmente, si puedes convivir con aquello que duele, la experiencia como ser humano se ensancha, creces como ser humano.

¿Qué pueden aportar los escritores, desde sus casas, en este tiempo de confinamiento? ¿Cuál es su papel en esta crisis actual?

Bueno, estamos viendo en las redes que los escritores están interviniendo muchísimo. Es un momento importante para recordar que la literatura está ahí para ayudar a la gente. Tiene una parte importante de auxilio moral: en un momento de tragedia, de desesperación mundial, la literatura es un sitio de serenidad, un sitio de que descubre cuál es la condición humana. Esos son sitios para encontrar sentido. En momentos donde uno ve que la vida colectiva está siendo atacada, pues la literatura te puede ayudar.

De hecho en todas las redes sociales, yo me paso el día recomendando libros, leo fragmentos de mis novelas… Existe una necesidad de libros, de literatura, de mensajes que indaguen en la condición humana porque la gente necesita repensarse a sí misma en momentos donde se ha parado la actividad económica, donde la gente se ha quedado en casa y se enfrenta un poco a la soledad y se pregunta: ¿Quién soy? ¿Qué sentido tiene la vida? ¿Qué es la sociedad, qué es la historia? ¿Qué es el mundo, un país? ¿Qué es la enfermedad, qué es la salud? Estas preguntas que la gente se está haciendo a raíz del coronavirus, en la literatura hay respuestas. Si no una respuesta precisa, pues no existen las respuesas perfectas, por lo menos un intento de exploración de esas preguntas.

¿Habrá una tercera parte después de Alegría o esta historia está concluída?

Ya está concluída, he cerrado ese ciclo. Cuando terminé Ordesa, me di cuenta de que no estaba cerrado, pero después de Alegría, esa historia ya está contada, ya no necesita nada.

Manuel Vilas (Barbastro, 1962) es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Zaragoza. Es autor de una reconocida obra poética: El cielo (2000), Resurrección (2005), Calor (2008), Gran Vilas (2012) y El hundimiento (2015). Su obra lírica, además, se ha compilado en Amor, que reúne lo publicado hasta 2010, y en Poesía completa, de 2016.

Su obra narrativa la inicia España (2008), a la que le siguen Aire nuestro (2009), Los inmortales (2012), El luminoso regalo (2013) y los libros de relatos Zeta (2014) y Setecientos millones de rinocerontes (2015). Es autor asimismo de Lou Reed era español y de Listen to me, un conjunto de sus estados de Facebook. Su última y más exitosa obra es Ordesa (2018), traducida a catorce lenguas. Además ha colaborado con distintos medios, como el Heraldo de Aragón y El Mundo, y diversos suplementos culturales, como «Magazine» (La Vanguardia), «Babelia» (El País) y «ABC Cultural» (ABC). A lo largo de su carrera, ha sido merecedor de múltiples premios y reconocimientos.

La literatura de Manuel Vilas se distingue por su carácter autobiográfico y nostálgico, y por una pátina de existencial aceptación de la pérdida, la soledad o el paso del tiempo, que, junto a la familia y una mirada crítica y amorosa de España, componen sus principales temas.