Del proceso de 2021 surge un panorama político más degrado que el que teníamos anteriormente. Infografía: Juan José L. Plascencia, PopLab.

El PAN

En Guanajuato, los votantes mostraron comportamientos que pueden resultar interesantes e incluso caprichosos.

Si bien en lugares como León, los municipios del Rincón, Irapuato y Celaya, el voto de rechazo a Andrés Manuel López Obrador impulsó a los candidatos panistas por encima de las malas gestiones locales, se dieron casos como San Miguel de Allende y Moroleón, donde la agenda local privó por encima de la masiva propaganda nacional.

Como ocurre cada vez que hay una polémica nacional que enfrente a la izquierda y la derecha del espectro, el electorado guanajuatense se refugia en la querencia panista y le da a este partido oxígeno adicional.

Las ganas de votar contra la amenaza de la Cuarta Transformación de controlar el congreso y otorgarle a AMLO un amplio control político, hacen olvidar que en Guanajuato ocurre precisamente eso: el Gobernador panista controla al congreso local y lo usa para copar instituciones autónomas como la Procuraduría de los Derechos Humanos, el Tribunal de Justicia Administrativa, el órgano de transparencia y hasta el propio Poder Judicial.

Sin autonomía, los diputados del PAN, 21 en esta ocasión,    ya saben que su próximo coordinador será el exsecretario de Gobierno Luis Ernesto Ayala y que no hay pero que valga; su derecho a decidir no existe y ni siquiera tienen ganas de que exista.

Sin embargo, el truco de prestidigitador del exgobernador Miguel Márquez para convertir a una funcionaria perredista en candidata panista a la alcaldía de Moroleón, fracasó rotundamente tras el brutal atentado que le costó la vida a la aspirante de Movimiento Ciudadano. La hija de Alma Rosa Barragán ganó una elección que se convirtió en un memorial.

Márquez tampoco pudo sacar adelante a Isaac Piña, exfuncionario de su administración heredado a Diego Sinhue, como candidato a alcalde en Salamanca. Ni el dinero de sus socios, Concepción “Choplin” Enríquez y Rafael “Gallo” Barba, lograron vencer al voto duro de Morena que incluso perdonó la mala gestión de la expanista Beatriz Hernández, quien quiso ayudar al PAN distrayendo votos hacia el PT, sin resultados.

Pero la mayor sorpresa de la jornada fue la inobjetable derrota de Luis Alberto Villarreal, el jeque de San Miguel Allende que se dio el lujo de hacer político a su hermano cuando era el rey de los moches y que hoy lo ve continuar su carrera ya sin él.

Perdido en la soberbia y los excesos, enriquecido a niveles de insania, socio de haciendas ganaderas, magnate inmobiliario y asistente infaltable a la feria taurina de San Isidro en Madrid, Villarreal se confió al control de los votantes rurales del municipio, sabedor que en la ciudad no tiene un cartel ganador. Sin embargo, la defección de uno de sus operadores políticos lo hizo morder el polvo, algo que no esperaba su aliado Diego Sinhue ni él mismo.

Ahí poco importó el escenario nacional, los votantes decidieron en base a una disputa local y agraviados por un político que ha hecho de la corrupción y la arbitrariedad su sello personal.

Hay aspectos que no deben ser pasados por alto. En Guanajuato la participación ciudadana rondó el 44 por ciento, buena para una elección intermedia. De los poco más de dos millones de votos emitidos, el Partido Acción Nacional andará rondando los 850 mil sufragios, lo que representa poco más del 40 por ciento. El porcentaje es igual al obtenido en la elección de 2015, la intermedia anterior, cuando de 1.87 millones de votos, el PAN obtuvo 751 mil.

Aquella vez el PAN ganó 9 distritos y 5 le fueron arrebatados por la alianza PRI- Verde. Esta vez gana 11 distritos solo, uno en alianza y pierde dos con Morena, uno solo y otro con aliados.

La novedad es que el PAN no está creciendo su votación con nuevos electores, aunque tampoco la ha reducido, sin embargo, el hecho de que Guanajuato sea un bastión del antiobradorismo y que en el momento más crítico de esta lucha la votación del PAN no se acreciente de forma sensible debería ser un motivo de preocupación para este partido.

Que figuras que han sido importantes en su historia, como Villarreal, también sean derrotadas, debería ser otro toque de atención, así como el hecho de que sus nuevos cuadros rutilantes sean figuras tan superficiales como el alcalde capitalino Alejandro Navarro.

Lo que podría darle un empuje al PAN sería un elemento al que mucho se han resistido en el pasado y que parece empezar a abrirse por fin camino: la participación de las mujeres en cargos de importancia y hasta en la directiva del partido, algo que no ha ocurrido todavía.

Allí hay una reserva de energía política que hasta ahora no se ha aprovechado por una misoginia arraigada y normalizada. Habrá que ver hasta donde se aprovecha.

La oposición

Los tres años de Gobierno de Andrés Manuel López Obrador no parecen haber impacto en Guanajuato para bien o para mal. las elecciones de 2021 son asombrosamente parecidas a las de 2018, pese al manejo de programas sociales y pese a la encendida campaña de partidos y cámaras empresariales contra la Cuarta Transformación.

Tomando como base la votación del domingo pasado para conformar el congreso local, el PAN obtuvo cerca del 42 por ciento de los votos emitidos, poco más de 800 mil; Morena logra cerca del 23 por ciento, con casi 440 mil votos; mientras que el PRI roza el 12 por ciento con 230 mil votos.

Hace tres años, el PAN en alianza con el PRD llegó a un 41.9 por ciento de la votación con 866 mil votos; Morena y sus aliados Encuentro Social y Partido del Trabajo, obtuvieron el 21.42 por ciento con 442 mil votos; el PRI descendió por primera vez a tercera fuerza política con el 14.15 de la votación que significó 301 mil sufragios.

Adicionalmente, el PVEM que venía protagonizando un crecimiento hasta 2018, cuando llegó casi al 9 por ciento, bajó al 4.6 por ciento, casi la mitad, este proceso.

La primera lectura deja ver que Morena creció quitándole votantes a las otras oposiciones: primero al PRI, que parece haber llegado a un piso en el 12 por ciento, y ahora a otros partidos como el PVEM y el propio PRD que sin alianzas ya difícilmente sobreviviría, esta vez incluso puede perder el registro y su presencia en el Congreso.

Para Morena representa un fracaso el hecho de que los tres años de Gobierno federal no le hayan dado mayor presencia en Guanajuato, lo que seguramente se debe a la notable disfuncionalidad de las dependencias federales a través de sus delegaciones, empezando por el superdelegado Mauricio Hernández Núñez. Las delegaciones federales se encuentran acéfalas o con encargados de despacho y programas relevantes diluyen su impacto público.

Sin embargo, para el PAN tampoco representa un éxito el que después de que una dura campaña de la alianza de partidos con organismos empresariales y la mayor parte de los medios en contra del Gobierno federal de Morena, apenas llegue a los mismos niveles del 2018.

Se trata de un estancamiento, una especie de suspensión en el tiempo que probablemente habla del pasmo de los guanajuatenses, atrapados en medio de dos gobiernos que no dan mucho para presumir, de una lamentable crisis de inseguridad y de violencia en la que tienen responsabilidad no solo los dos, sino los tres niveles de Gobierno.

Por lo demás, tanto Morena como el PAN, el PRI y los otros partidos deberían concentrarse en un asunto grave de cara al futuro: la desestructuración de sus organizaciones políticas a nivel estatal.

De Morena mucho se ha escrito sobre su disfuncionalidad patológica, sus constantes demandas y contra demandas en una verdadera guerra civil, sus debilitadas dirigencias, su auto sabotaje continuo. Ahí se encuentra la razón de muchas de sus candidaturas fallidas donde podían haber tenido mejores representantes.

Pero no son los únicos. El PAN de Román Cifuentes se echó en brazos del exgobernador Miguel Márquez y validó su estrategia de cooptar liderazgos de otros colores políticos y desplazar a los panistas históricos allí donde no tenían posibilidades de ganar. Con esos “fichajes”, el PAN puede haber introducido graves problemas a sus estructuras políticas internas, incluso vínculos con la narcopolítica.

La vigencia de Márquez, el exgobernador que ungió como su sucesor a Diego Sinhue continúa metiendo mucho ruido sobre el liderazgo Diego Sinhue Rodríguez que, pese a quejarse tímidamente de ello, sigue permitiendo esa injerencia y, no solo eso, sino que se reúne a menudo con Márquez en cabalgatas en el rancho del exmandatario en tierras de Jalisco.

El PRI vive su propio infierno con una dirigencia que se planteó como provisional y que terminó apropiándose de las candidaturas plurinominales seguras sin dar espacio a otras corrientes. Ese agandalle convertirá en un infierno la próxima elección de comité estatal y dejará a su minibancada como una extensión del PAN en el Congreso.

De poco servirá el triunfo del priista Mauricio Trejo Pureco en San Miguel Allende, cuyo estilo de gobernar no difirió mucho en el pasado del de los hermanos Villarreal. Incluso puede ser que el nuevo alcalde priista sea más cómodo para Diego Sinhue que el siempre soberbio Luis Alberto Villarreal.

En el Partido Verde el sabor a retroceso no se quita pese a las tres alcaldías que ganaron. Los 96 mil votos de ahora están lejos de los 172 mil de hace tres años, la debacle en León de Sergio Contreras, sin ningún regidor en el próximo ayuntamiento; y la disminución a un solitario Diputado los deja en carácter de comparsas del debate público estatal.

Del proceso de 2021 surge un panorama político más degrado que el que teníamos anteriormente, con partidos en crisis, dirigencias débiles y un Gobierno que no busca alianzas o confluencias, sino complicidades.

La única novedad del proceso ha sido el arribo de mujeres a gobiernos de ciudades más grandes. Si ese logro viene a significar una oxigenación de la vida pública de Guanajuato, lo sabremos pronto, sobre todo si esas nuevas protagonistas evitan reproducir los errores de sus colegas y varones y no se dejan influir por ellos.

Pronto lo sabremos.