Esta novela de Philippe Claudel, ganadora del Premio Renaudot 2003, se desarrolla en el contexto de la Primera Guerra Mundial. El color gris define al paisaje y sus personajes: es la niebla entre la realidad y los recuerdos, el color de la desesperanza en un país destruido y el gélido interior de los hombres en ese pueblo.

Por Natalia Domínguez

Ciudad de México, 11 de julio (LangostaLiteraria).- Uno de los hechos que marcó la historia del siglo XX, casi en sus inicios, fue la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Después de ella, la concepción del mundo y la humanidad no volvieron a ser nunca como antes y ahora.

Después de más de cien años, es posible que nadie pueda contar su experiencia de primera mano, pero tenemos documentos históricos y testimonios para no olvidarla, libros de autores que la experimentaron y películas como Sin novedad en el frente o la reciente 1917 que retratan el horror de las condiciones de vida de los soldados y la rudeza natural de la tierra que fue testigo de todo.

Almas grises, novela publicada en 2003 y escrita por Philippe Claudel, se desarrolla en “V”, un pueblo francés cercano a Bélgica durante esta época, donde la guerra se escucha como un eco: una colina lo separa de una base militar y los únicos soldados que se nombran son los heridos o los que buscan despejarse en los bares del pueblo.

Los habitantes llevan una vida relativamente normal hasta que, justo a finales de 1917, hallan el cuerpo de Belle de Jour, una niña con una caperuza amarilla, flotando de noche por el canal y eso desencadena una investigación para encontrar al culpable. Veinte años después de “El Caso”, el policía a cargo decide narrar el misterio tejido con la historia del pueblo, sus habitantes y su propia vida.

Como todo narrador, el policía sólo puede valerse de sus recuerdos y de las palabras que éstos pueden evocar y, convencido de que “para intentar comprender a la gente hay que excavar hasta las raíces… no basta con darle un empujón al tiempo con el hombro para darle mejor aspecto”, el lector puede conocer a fondo a los personajes, claro, sólo a través de los ojos de quien nos habla de ellos.

De esta forma nos encontramos con los hombres que llevan “El Caso”: el fiscal Pierre-Ange Destinat, el juez Mieck y el coronel Matziev. Entre más los conocemos, no podemos dejar de preguntarnos: ¿habrá algo en común entre ellos además de sus cargos de poder?

En medio de esa vida provincial, unos años antes de “El Caso”, la llegada de Lysia Verhareine, una sonriente joven de 22 años que sustituirá a un antiguo maestro, viene a iluminar la vida del pueblo con su belleza y aire diferente. Para las personas sumidas en la monotonía encontrársela es el mejor momento del día porque la belleza y alegría son también un misterio escandaloso en ese ambiente tan opaco, tan gris.

El gris es el color que define esta historia: es la niebla que se interpone entre la realidad y los recuerdos; la pesadez y misterio del crimen; el color de la desesperanza ante un país destruido o simplemente el gélido paisaje interior de los hombres en ese pueblo, cobardes y con su vida segura.

Pero para Claudel, este color también es la ambivalencia de las almas de las personas, nuestra naturaleza humana siempre nos mantendrá entre el blanco y el negro, porque no hay cosa que se mantenga sólo en un extremo entre la bondad y la maldad.

No sólo los colores son evocadores en esta novela, también lo son los olores y esto es lo que puede hacer esta lectura más amena y memorable para los lectores: al saber a qué olían los personajes, o ciertos lugares, yo podía sentirlos más reales. Creo que la descripción de los olores puede ser más efectiva que una larga lista de adjetivos porque además de dotarlos de vida, nos acerca de una forma más humana a la historia de otra época; ya que a veces es difícil aproximarnos a ella sin sentirla artificial, pero saber que el olor de la mantequilla, del ajo o de las flores es el mismo que percibimos nos permite, de cierta forma, estar ahí.

Este libro ganó el premio Renaudot y fue elegido Libro del Año por la revista Lire; posteriormente fue llevado al cine en 2005 y el propio autor participó en la escritura del guión.

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