Al Presidente López Obrador le tomó tres días decidir quién se quedaría al frente de la seguridad de México. Foto: Daniel Augusto, Cuartoscuro.

En 14 días, del 27 de octubre que fue cuando formalizó su separación del cargo de Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana del Gobierno Federal, Alfonso Durazo Montaño, y hasta el 9 de noviembre, en la Comisión Nacional de Seguridad tienen registros de que en el País han sucedido 1,061 homicidios dolosos, producto de la violencia y la inseguridad que priva en el territorio nacional.

En promedio en México asesinan a 100 personas al día. El Presidente Andrés Manuel López Obrador arribó a su segundo informe de gobierno con 60,072 personas ejecutadas en 18 meses de su administración federal. Tales números superaron por mucho los registrados por los dos anteriores presidentes de la República en el mismo periodo.

Es evidente que el tema de la seguridad no está en la agenda prioritaria del Presidente de la República. Pocas veces se refiere al mismo, aunque dice acudir todos los días a las reuniones de seguridad. Poco se sabe de las estrategias para frenar el crecimiento insano de los cárteles de la droga, y mucho menos de quiénes son aquellos criminales, capos de la droga, u objetivos detonadores de inseguridad como les llaman oficialmente, a los cuáles están investigando o persiguiendo para presentarlos ante la justicia.

Un ejemplo para ver el nivel de importancia que el Presidente le da a la Seguridad Pública. El 9 de julio de 2019, los mexicanos despertaron con la carta de renuncia de Carlos Urzúa a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Dejó ver sus desavenencias y criterios distintos con las medidas emprendidas desde la Silla del ´Aguila, y lo que él quería desarrollar para el crecimiento del País. Incluso se quejó de imposiciones de personal con desconocimiento de la hacienda pública.

Ese mismo día, el Mandatario Nacional Andrés Manuel López Obrador, nombró en sustitución de Urzua, al actual Secretario de Hacienda, Arturo Herrera. No pasaron 24 horas para que se diera el reemplazo.

En contraste, Alfonso Durazo anunció a mediados de octubre lo que ya se sabía ocurriría, dejaría la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, para buscar la candidatura de Morena el Gobierno de Sonora, de donde es originario y además Senador representante. Sus constantes visitas a tierra Yaqui, anticipaban lo que solo formalizó el 27 de octubre.

Al Presidente López Obrador le tomó tres días decidir quién se quedaría al frente de la seguridad de México. Efectivamente, el 30 de octubre, 72 horas después del retiro formal de Durazo, anunció de manera abrupta en su conferencia matutina, que si aceptaba el cargo, la próxima titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, sería la comunicóloga Rosa Icela Rodríguez. Un nombre desconocido para la mayoría de los mexicanos dada la carrera de Rodríguez en el centro del País. Cercana al Presidente desde sus tiempos de Jefe del Distrito Federal, fue Secretaria General en el gobierno de Claudia Sheinbaum, y recientemente tenía acaso meses en Puertos y Marina Mercante, una posición que el mismo Mandatario había entregado a las Fuerzas Armadas para su administración y desarrollo.

Quizá por el hecho de ser la primera mujer que encabezará la Secretaría de Seguridad, pero a pesar de la poca experiencia en materia de seguridad que Rosa Icela Rodríguez tiene, es evidente que los detractores, los propios y los extraños, le han concedido el beneficio de la duda, más –insisito- por parecer un nombramiento para cumplir con la cuota de género, que por tener las tablas para enfrentar la inseguridad en México.

Regresando al tema que la seguridad no es una prioridad en el actual gobierno de la República, a la señora Rosa Icela Rodríguez también le tomó tres días aceptar la invitación pública que le hizo el Presidente para encabezar, como autoridad civil, el gabinete de seguridad. Fue el 3 de noviembre cuando a través de sus redes sociales, como estila hoy día, dijo sí a la invitación presidencial… pero no ha iniciado funciones.

De acuerdo a reportes de prensa, la señora Rodríguez tiene desde el 19 de septiembre, diagnosticada con la Covid19. El mismo Presidente lo confirmó cuando la invitó, y ella también hizo referencia al padecimiento. Mientras tanto, en la Secretaría de Seguridad hay un encargado de despacho, quien fuera el subsecretario de seguridad pública, Ricardo Mejía.

Si durante la titularidad de Alfonso Durazo poco o nada se supo de la estrategia de seguridad para combatir a los cárteles de las drogas, contener el crecimiento de la criminalidad organizada, disminuir los homicidios, frenar el tráfico de enervantes, y bajar los índices de delitos, entre ellos el feminicidio, en estos diez días que la Secretaría de Seguridad federal ha permanecido sin un titular, menos se conoce al respecto.

Rosa Icela Rodríguez no será la primera mujer encargada de la seguridad en estricto sentido. Ya fue Procuradora General de la República Maricela Morales en el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa, y Areli Gómez en el de Enrique Peña Nieto, lo que sí es la primera Secretaria de Seguridad, en un gabinete de seguridad que, de acuerdo a la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, la opinión de la mujer no suele tener peso ni encontrar eco.

No llega en un ambiente fácil la futura Secretaria Rodríguez. El Presidente Andrés Manuel López Obrador parece haber entregado la seguridad a las Fuerzas Armadas, con todo y que ese fue un punto de manifestación de su parte en el pasado. De hecho, trascendió que consideraba nombrar a un general en el retiro para suplir a Alfonso Durazo, pero la aprehensión en los Estados Unidos del General Salvador Cienfuegos, ex Secretario General de la Defensa Nacional en el sexenio pasado, vino a darle un golpe moral a las Fuerzas Armadas, e influir en la designación del titular de Seguridad.

Si de ser cierto que la señora Rodríguez padece el contagio del SARS-Cvo-20 desde mediados de septiembre, significa esto que lleva más de 50 días convaleciente, y su arribo a la Secretaria de Seguridad no ha sido ni anunciado ni programado.

Mientras, los homicidios siguen sucediendo en promedio de 100 por día, las guerras entre los cárteles se llevan a cabo en municipios y estados ya no solamente del norte, sino del centro del país y el sur. Estados como Guanajuato, Colima, Tamaulipas, Baja California, Estado de México, siguen incrementando los niveles de violencia e inseguridad por la creciente actividad de los narcotraficantes que pelean territorios, al tiempo que las corporaciones policíacas no transitaron por una etapa de depuración durante la administración de Alfonso Durazo en materia de seguridad, tema que sigue siendo un pendiente en la administración lopezobradorista.

Y pendientes seguirán, pues es evidente que para el Presidente, la seguridad no es una prioridad en su agenda de trabajo. Tan no lo es, que la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, cumple diez días sin titular.