A manera de prefacio.

Las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública son demoledoras. Entre enero y octubre, 3142 mujeres fueron asesinadas en México: alrededor de 300 cada mes: cerca de diez mujeres cada día: más o menos una cada dos horas… (Héctor De Mauleón. La muerte cada dos horas. El Universal. 05/12/2019).

La mujer es la vida, ¡qué miedo y odio han anidado en una cultura de la muerte que nos envenena al grado de volvernos indiferentes!, ante una justicia ausente y muchas veces cómplice del horror que cercena el palpitar del profundo sentido de nuestra propia existencia: si la mujer es la vida, y no lo entendemos, ¿qué carajo entonces estamos haciendo?

Recuerdo años atrás que Javier Sicilia después de haber recorrido el país, y haber escuchado en carreteras y plazas, innumerables historias de dolor, me dijo: “…sabes, estamos ya caminando en el infierno, hay historias de un dolor inconmensurable, e inenarrables; mujeres y hombres, ancianos y niños víctimas todas, desoladas en el pantano putrefacto de un sistema político y una República que en ocasiones pareciera herida de muerte”.

Ante todo ello hay que apuntar:

El Estado está siendo derrotado por el crimen, porque el crimen también está dentro del estado. Todos los partidos políticos tienen actores vinculados de una u otra forma a las organizaciones criminales. En el Congreso de la Unión y en los Congresos de los Estados hay ligas que no se han roto. Al igual que en los gobiernos estatales y en los municipales, así como en el sistema de justicia y en los cuerpos de seguridad, como también en sectores empresariales.

Mientras la clase política siga entrampada en esa telaraña, el país continuará hundiéndose y no importa que el gobierno sea de izquierda o derecha; o que se inicie una nueva transformación histórica.
Estamos atrapados en lo que se puede denominar capitalismo salvaje, es decir, la plusvalía multiplicada a través de la violencia criminal que secuestra, asesina, tortura y limpia sus ganancias en el mercado del capital internacional, y se apropia no solo de los espacios públicos sino de la misma vida de las personas.

El capital y los medios de producción son la violencia física, cuya marca es el terror que se propaga en franquicias criminales diseminadas por todo el territorio de la nación. La corrupción y la impunidad son las dos caras de la misma moneda: la de la simbiosis del crimen y la política fortalecida por la consigna de un sistema donde se busca ganar a cualquier precio, ganar más riqueza material y más poder; para lograr esa máxima, las vías de lo legal y lo ilegal, se entrelazan, se intercambian, se fusionan y se diluyen sus diferencias en el reino de la impunidad; ahí están los datos duros de la misma. (Leonardo Curzio. Impunidad. El Universal.09/12/2019.

La tarea es inmensa y la sociedad está desprotegida y se siente vulnerable. ¿Qué hacer? Ciertamente el enunciado abrazos no balazos, fue un buen slogan de campaña y hoy como emblema político de un gobierno, es una lápida para miles de familias. ¿Qué hacer?

Para recuperar el territorio perdido se requiere más presencia del Estado refundado desde adentro, cohesionándose los sectores y actores sanos en una dinámica articulada con los ciudadanos y sus organizaciones; fortaleciendo las autonomías de las mismas, así como las de los pueblos indígenas. Por ahí puede haber un camino.

Y en ese sentido retomar el municipio libre donde se sembró la semilla democrática del país, y donde está el primer cuerpo de representación de la Nación, es no solo estratégico sino fundamental para reencontrar la ruta extraviada. Garantizar la seguridad del mismo, de sus capacidades para confrontar la violencia articulado con las autoridades estatales y federales, así como con la participación de los ciudadanos, y contando con el respaldo irrestricto del andamiaje del sistema judicial, son condiciones indispensables para revertir desde abajo la expansión del crimen.

Y sin duda la movilización social, plural y democrática puede impulsar ese derrotero que requiere la Nación; y lograr que el gobierno en su proceso de centralización y de ejercicio del poder piramidal, recapacite y dinamice las alianzas políticas con los ciudadanos, que no necesariamente están en su cauce ideológico en muchas entidades federativas, pero que son quienes están dando la batalla con instrumentos democráticos para evitar que las plazas se rindan ante la expansión del crimen.

O la Credencial de elector tiene ese poder de elegir autoridades independientes que afirmen esa voluntad democrática para fortalecer la institucionalidad básica de la República, y desde ahí confrontar y vencer la epidemia del crimen, (que ciertamente ya se encarna en un terror cotidiano en muchos lugares); o las armas sustituirán a las credenciales electorales y el país entrará en una espiral de violencia mayor.