CRÓNICA | Claudio Magris, el Arca de Noé y cuando lloramos casi sin pudor

30/11/2014 - 12:04 am

Claudio Magris, el autor italiano de El Danubio, recibió ayer el Premio Fil de Literatura en Lenguas Romances. Foto: FIL
Claudio Magris, el autor italiano de El Danubio, recibió ayer el Premio Fil de Literatura en Lenguas Romances. Foto: FIL

Guadalajara, Jalisco, 30  de noviembre (SinEmbargo).- No pasarán aquellos con las credenciales falsificadas. Ni mucho menos los que esgrimen oropeles de otros tiempos, títulos nobiliarios en desuso, diplomas de dudosa procedencia.

Las vallas de metal están pintadas de blanco. Un detalle que agrega luminosidad a un ambiente que por ahora es sereno pero pesado. Como si en este universo cerrado y exclusivo de las letras no hubiéramos podido cerrarle el paso a los fantasmas de la nostalgia.

¿Te acuerdas cuando en la Feria del Libro o en el Festival de Cine de Guadalajara todas las puertas estaban abiertas para que entrara el viajero –llegado o no de Ítaca-, incluso el vagabundo, tal vez el célebre, el impostor?

Bajabas al desayunador del Camino Real y te encontrabas con Arturo Ripstein despotricando frente a una taza de café que se enfriaba sin remedio contra la última película de Martin Scorsese.

O mirabas al techo de la Expo y Olga Orozco te observaba inquisitivamente, Xavier Velasco bailaba o vociferaba como bailando en alguno de los pasillos y a un costado servían las piñas coladas más espectaculares de Tapatilandia.

Un poco imponente, un poco desolado, el pabellón de Argentina en la FIL. Foto: FIL
Un poco imponente, un poco desolado, el pabellón de Argentina en la FIL. Foto: FIL

Luego se supo que el magnífico restaurante ubicado a un lado de la Expo Guadalajara era en realidad propiedad de un narcotraficante y estuvo abandonado durante un buen tiempo.

Ahora, merced a los oficios del entrañable periodista y escritor Mariño González, es la más que coqueta sala de prensa de la Feria Internacional del Libro, cuya edición 28, con Argentina como país invitado, inició en la víspera.

Moderno, todo moderno en rojo y negro: el baño de damas de la sala de prensa. Al fin las periodistas coquetas que cubren año tras año el encuentro librero más importante del continente no tienen que compartir el baño con el público que no lleva gafetes.

Austero. Intimidante. Como si fuera un mastodonte perdido en sus propios sueños: el pabellón de Argentina en el centro de la Expo.

La comida inaugural, a cargo del famoso chef argentino Francisco del Piero, puso de muy buen humor a los casi 700 comensales reunidos en el salón más grande del Hilton. Una sopa fría de mariscos, un filet mignon al punto y un postre de higos con helado de leche de cabra dibujó una sonrisa de lado a lado de la extrovertida y encantadora embajadora Patricia Vaca Narvaja.

El legendario editor argentino Daniel Divinsky, el legendario editor mexicano Jesús Anaya, el joven escritor Hernán Ronsino, el no tan joven y entrañable Juan Sasturain…hasta la mesa central donde estaba Estela de Carlotto, la presidente de Abuelas de Plaza de Mayo, toda de azul.

Una abuela y su nieto recientemente recuperado. Un niño que lee. Foto: FIL
Una abuela y su nieto recientemente recuperado. Un niño que lee. Foto: FIL

­–¿Te gusta venir a México, Estela?

–Sí, he venido muchas veces. Me encanta

­­–Pensábamos que iba a venir Ignacio (su nieto recientemente recuperado)

–Acabo de hablar con él. Lo llamé para decirle que todo el mundo en México me pregunta por él. Ahora está en Córdoba.

Hoy, Carlotto tendrá un encuentro que –creemos- será conmovedor con los padres de los 43 estudiantes desaparecidos de la Normal de Ayotzinaba, Iguala, Guerrero.

Pero no fue la comida.

Ni la bebida.

Ni la Abuela de Plaza de Mayo.

O todo eso junto, sumado a las palabras más bonitas que se escuchó en discurso alguno durante las 28 ediciones de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara. Que fueron las de Magris, las del escritor nacido en Trieste, la del hombre que escribió su autobiografía interior y la tituló El Danubio.

Sobre la escritura. Sobre el sentido de escribir.

“Por qué se escribe? Por tantas razones: por amor, por miedo, como protesta, para distraerse ante la imposibilidad de vivir, para exorcizar un vacío, para buscarle un sentido a la vida. A veces para establecer un orden, otras para deshacer un orden preestablecido para defender a alguien, para agredir a alguien”.

“Para luchar contra el olvido, con el deseo –tal vez patético pero grande y apasionado- de proteger, de salvar las cosas y sobre todo los rostros amados, de la abrasión del tiempo, de la muerte”.

“Escribir es también un intento de construir un Arca de Noé para salvar todo lo que amamos, para salvar –deseo vano e imposible, quijotesco pero inextirpable- cada vida”, dijo Claudio Magris.

Y cuando dijo esto todos lloramos casi sin pudor. Desconsoladamente. Aunque no se nos notara.

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Mónica Maristain

Mónica Maristain

Es editora, periodista y escritora. Nació en Argentina y desde el 2000 reside en México. Ha escrito para distintos medios nacionales e internacionales, entre ellos la revista Playboy, de la que fue editora en jefe para Latinoamérica. Actualmente es editora de Cultura y Espectáculos en SinEmbargo.mx. Tiene 12 libros publicados.

Lo dice el reportero