José Ángel Gurría Treviño, Secretario General de la OCDE. Foto: Antonio Cruz, SinEmbargo

José Ángel Gurría Treviño, Secretario General de la OCDE. Foto: Antonio Cruz, SinEmbargo

Ciudad de México, 12 de enero (SinEmbargo).- Desde hace al menos una década, México se encuentra en los primeros lugares de la lista de los países más corruptos del mundo. Al año, según dieron a conocer hace unas semanas legisladores del Partido de la Revolución Democrática (PRD), los servidores públicos comenten en el país 12 millones de actos de corrupción, de los cuáles el 85 por ciento no se denuncia.

En el último año, la administración del Presidente Enrique Peña Nieto ha sido señalada por tres casos en particular en los que se presume esta práctica: el tema de la “casa blanca”, que involucra a la Primera Dama, Angélica Rivera Hurtado; la propiedad en Malinalco, Estado de México, del Secretario de Hacienda, Luis Videgaray Caso, ambos relacionados con la constructora Higa, así como la cancelación del tren rápido México-Querétaro que no sólo involucraba nuevamente a Higa, sino también a GIA, una compañía propiedad de Hipólito Gerard, cuñado del ex Presidente Carlos Salinas de Gortari.

También a nivel estatal y municipal han saltado casos que ahora como nunca antes han convertido a la corrupción en México en un tema de todos los días.

El Secretario General de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), José Ángel Gurría Treviño, reconoció en entrevista con SinEmbargo que este es un tema que el ciudadano tiene muy presente, por ello, según dijo, debe ser atacado porque en un país en el que hay corrupción no habrá reformas de gobierno que convenzan ni tampoco gente que crea en la capacidad de sus gobiernos para solucionar sus problemas.

“El problema del impacto en la sociedad es que genera ese cinismo, la piel se vuelve muy gruesa y la sociedad no compra las reformas, no cree, no le compra la capacidad al Estado de poder resolver sus problemas”, advirtió Gurría.

Gurría Treviño realizó una visita de cuatro días a México, en la que presentó una serie de convenios y estudios. Foto: Antonio Cruz, SinEmbargo

Gurría Treviño realizó una visita de cuatro días a México, en la que presentó una serie de convenios y estudios. Foto: Antonio Cruz, SinEmbargo

Gurría Treviño realizó una visita de cuatro días a México, en la que presentó una serie de convenios y estudios que tienen que ver con el tema de la transparencia: uno relacionado con la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y otro con la nueva licitación del tren México-Querétaro.

A juicio de quien fuera Secretario de Hacienda y de Relaciones Exteriores de México durante el periodo del Presidente priista, Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000), insistió en que éste es un tema que arraiga el “cinismo”, por ello, cualquier mandatario de un país que enfrenta este problema no sólo debe explicarlo a sus ciudadanos sino también anunciar acciones concretas para su combate.

Gurría habló de la transparencia, la necesidad de recuperar la confianza de los ciudadanos y de otorgarles mejores servicios públicos y educación para evitar que el malestar social crezca.

LA DEUDA DE LOS GOBIERNOS

-¿Hacia dónde va el nuevo orden económico mundial?

-Estamos con una recuperación muy dispareja en alguna partes todavía no es una recuperación tuvimos hacia 2013-2014 un derrapón, una tercera resbalada que pudo haberse convertido en otra recesión, afortunadamente los bancos mundiales actuaron con bastante fortaleza y evitaron que el daño fuera mayor, afortunadamente. Pero estamos todavía lejos de una recuperación franca.

Estados Unidos es el lugar que se ve mejor, Europa es el lugar que registra crecimientos más planos y luego tienes un país como Japón que está haciendo un esfuerzo por salir de la deflación, que por falta de demanda haya caída de los precios.

-¿La deuda de los gobiernos qué papel juega en este nuevo orden económico?

– Antes 60 por ciento de deuda sobre Producto Interno Bruto (PIB) se decía que era lo ortodoxo, lo máximo, el tope. Desde entonces, de 2008 a 2014, se decidió que no hay de otra más que política monetaria, aflojar la tasa de interés: bajarlas a cero, política fiscal, gastar más para salir de la crisis y en la OCDE el promedio aumentó entre 30 y 40 puntos más la relación deuda–PIB, lo que quiere decir que lo que era sesenta, se volvió cien.

Lo cual no quiere decir que en virtud de que se usó para la emergencia se vaya a saldar la deuda, la mejor forma de saldar las deudas es con crecimiento, pero el crecimiento ha sido muy pobre, anémico, flaco como dicen los brasileños, y lo que sucede es que han aumentado las deudas y el gasto público.

¿El nuevo crecimiento de dónde lo sacó? De la educación, mejores regulaciones, flexibilidad del mercado laboral, más competencia. Cuando hablo de educación estoy hablando de más y mejores competencias de trabajadores y estudiantes, pero de flexibilidad en los mercados de productos, eliminar restricciones a la inversión extranjera, al comercio y también de entender que el futuro está basado en el conocimiento y por lo tanto hay que invertir más tiempo en lo que es innovación; más inversión y desarrollo de tecnología porque no podemos estar compitiendo por la vía de la mano de obra barata cuando en otras partes del mundo hay unos salarios que son una fracción de los nuestros, entonces van a tener que irle inyectando cada vez más sofisticación y tecnología a las cadenas productivas para subirle el sueldo a los trabajadores.

Gurría Treviño, durante la conversación con SinEmbargo. Foto: Antonio Cruz, SinEmbargo

Gurría Treviño, durante la conversación con SinEmbargo. Foto: Antonio Cruz, SinEmbargo

-¿El factor seguridad?

-Tenemos problemas de distinta naturaleza en regiones de América Latina, pero en muchos casos no se tomaron a tiempo las reformas que se debieron de haber hecho y por ahí dicen que ‘ya nos alcanzó el chamuco’.

-¿En qué casos? Porque mucho se ha dicho que México apenas está haciendo reformas que debió haber hecho hace 20 años.

-Bueno, algunas tenemos 20 o 40 años que se debieron haber hecho. A México la crisis le pegó durísimo porque tenemos un esquema basado en la exportación de manufacturas, pero a otros les fue muy bien, y no arreglaron el carro, pues para qué si les funcionaba perfectamente, pero en el momento que se aflojó el crecimiento, en particular de China, se empezó a ver que algunos países no habían hecho la tarea.

-¿En México seguimos siendo manufactureros?

-Nosotros seguimos siendo muy manufactureros, profundamente, que bueno que así sea, porque con los precios del petróleo, si fuéramos exportadores como lo fuimos alguna vez, seríamos más vulnerables.

Pero en el caso de México tenemos la ventaja de que en esta recuperación tan dispareja que hay en el mundo, a los que les va a ir mejor es a los estadounidenses y claramente la economía mexicana es muy sensible al ciclo económico de los Estados Unidos y en ese sentido son buenas noticias.

Somos un exportador neto y todas las exportaciones que hacemos de los carros y electrónicos son en dólares y eso nos permite adquirir con creces los alimentos en los que no somos autosuficientes. El sector exportador agrícola es muy productivo.

La caída del peso vuelve más productivo al sector exportador. Tenemos reservas internacionales por aproximadamente 200 mil millones de dólares, una deuda muy modesta, la mayoría en pesos, y esas son las fortalezas que hemos construido a lo largo mucho tiempo, no es de un día para otro, ha sido a través de varios sexenios y ha sido por la mala.

Yo fui protagonista dos sexenios, de dos casos de cuando dependimos excesivamente de la deuda, y finalmente, como dicen: el que se quema con leche le sopla hasta el jocoque y nosotros nos quemamos con leche, por eso ahora somos muy prudentes y lo que pasa es que tenemos una deuda pública muy modesta, muy manejable y con plazos muy amplios.

En términos netos tenemos más reservas que deudas.

-¿Por qué el tema de la corrupción se ha vuelto tan importante cuando se supone que hay leyes que inhiben estas conductas?, todos los días nos enteramos de casos que involucran a gobiernos, a empresas…

– Hay que poner en contexto este tema: los legados de la crisis son bajo crecimiento o en algunos casos falta de crecimiento, desempleo alto, desigualdad y una erupción enorme de la confianza.

¿La confianza de quién y en quién?, pues de la sociedad entera y en todo lo que hemos construido en cien años los ministros, los presidentes, los partidos políticos, los parlamentos, las trasnacionales, los bancos, en todo lo que quieras.

Entonces, ¿cómo se puede recuperar la confianza?: Primero está el tema de los impuestos.

¿Qué pasa si la gente ve que mientras pagan 30, 40 por ciento de su salario en impuestos y los ricos se llevan sus ganancias a paraísos fiscales? La gente se pone a pensar por qué tiene que pagar mientras los otros no pagan impuestos y entonces ¿qué sucede? Hay una frustración que se puede convertir en violencia en la medida que la gente no tenga acceso a servicios o que por la falta de un empleo formal no tenga una cobertura suficiente.

Hay países europeos, por ejemplo, en los que aunque no tengas empleo, tienes acceso a servicios, pero en países como México, que no tiene seguro de desempleo, aunque ya se esté discutiendo, la calidad de tu servicio médico depende de si eres trabajador formal de si estás en el Seguro Social, de si estás en el Seguro Popular que ciertas enfermedades no te las cubren. Esto tiene que ver con la desigualdad, con la informalidad, y como digo, tiene que ver con el hecho de que si uno está satisfecho con los servicios que el gobierno le da y ve que los impuestos que está pagando se le devuelven en forma de buena agua, infraestructura, seguridad buenas escuelas, si no es el caso viene el rechazo y se tiende a evitar el pago de los impuestos.

-Pero en concreto, ¿qué pasa con el tema de la corrupción?

-La corrupción es muy corrosiva porque genera ese sentido de discriminación, sobre todo la corrupción de los servidores públicos, porque, como dicen: siempre hay alguien que conduce y alguien que acepta, y el énfasis habría que cambiarlo porque está muy enfocado a los que reciben, pero también hay que enfocarse en los que lo dan y en los que lo ofrecen.

El problema del impacto en la sociedad es que genera ese cinismo, la piel se vuelve muy gruesa y la sociedad no compra las reformas, no cree, no le compra la capacidad al Estado de poder resolver sus problemas.

– ¿Quién se hace cínico, la autoridad o el ciudadano?

-Los ciudadanos, por supuesto, si ven que la autoridad está incurriendo en este tipo de abusos, por eso hay que insistir en la transparencia. Estamos tratando de combatir el fenómeno de la corrupción.

-Un organismo como la OCDE, ¿cómo evalúa a un país en el que en un día se llegan a conocer hasta seis casos de corrupción que involucran a los secretarios de Estados y la familia del Presidente?

-Habría que decir que México no tiene el monopolio en estos temas y lo que importa es instalar sistemas que eviten esos casos, abusos de la autoridad, a nivel de los funcionarios más modestos hasta los más altos. La transparencia se vuelve una exigencia y una parte fundamental para la gobernabilidad. Es algo que comparten todos los poderes, nosotros al hablar con legisladores, con miembros del Poder Judicial, del Poder Ejecutivo, todos están muy conscientes de la necesidad de dar señales, también de reaccionar de manera práctica y concreta con legislación y códigos.

– ¿Está satisfecha la OCDE con las explicaciones que ha dado México sobre los casos de corrupción en el país?

– El hecho de que el Estado mexicano le esté pidiendo a la OCDE su experiencia para combatir la corrupción es una señal muy positiva y nos anima a que nuestra contribución, participación con el gobierno en estos temas, la podamos transmitir a los otros países del mundo, somos como una cadena de transmisión de mejores prácticas. El buen gobierno tiene muchos elementos y muchos pilares, entre ellos mayor integridad y mayor transparencia. Qué bueno que México nos está pidiendo apoyo también.

– ¿Cómo debe un Presidente explicar a sus ciudadanos y sancionar los actos de corrupción?

– No sólo explicar desde el punto de vista de declararse claramente en contra, sino hacer que intervengan organismos que tienen credibilidad en el mundo para combatir o en ayudar a los gobiernos para combatir las instancias de corrupción en los elementos internos etcétera. Ése es el tipo de decisiones que toman los líderes políticos.